3 de mayo de 2011

Preponderancia del Nomos frente al Anomos: ORDEN Y CAOS

 Muerte de Hector

El orden y el caos, se encuentran en alternancia permanente.  La preponderancia absoluta de una de estas condiciones termina destruyendo todo, ateniéndonos a la vieja sabiduría de oriente que nos hablaba del equilibrio entre el Ying y el Yang, o a la de los griegos: oponiendo el cosmos al caos ilustrado en los versos de la Ilíada.

Los mitos griegos a menudo eran representados en festividades de orden caótico,  las dionisíacas, donde al igual que en nuestros días, se utilizaba para proclamar un orden concreto a través del caos. Este orden constituido por la Dike y por la Themis morigerada por la Sophrosyne  implicaba la preponderancia del Nomos y la presencia consiguiente del Anomos ilustrado en los versos de La Ilíada y de La Odisea.

Esta alternancia mostrada en los cantos Homéricos está presente a lo largo de la historia.

En la historia de occidente, hay tres períodos caracterizados por la existencia de unidades conocidas como “Ciudad-Estado” (CE) que identifican la potencia de esta alternancia.

El primero es en el territorio entre los ríos Tigres y Éufrates, región llamada por los griegos “Mesopotamia”.   Los habitantes de la antigua etnia sumeria,  construyeron estas CE que luego  fueron integradas al Imperio Acadio, bajo el gobierno de Sargón el Antiguo.

El segundo momento es en Grecia, el que finaliza con la absorción de todas las ciudades griegas dentro del Imperio de Alejandro Magno.

Y el tercero es en el norte de la actual Italia, durante la Edad Media y el Renacimiento, el que encuentra su culminación en las Guerras Italianas, del S XVI, siendo incluidas en la esfera de poder de España, Francia y el Sacro Imperio.

Esas CE, fueron el motor de los más grandes logros de la civilización y su accionar marcó el  desarrollo histórico hasta nuestros días.

Los grandes imperios, tanto de la antigüedad como los modernos, se han caracterizado por un fuerte sentido de preservación del orden.  Un “cosmos” considerando el término griego para orden y lo opuesto a ese orden, el “desorden” como los griegos lo han llamado el “Caos” es típico de los sistemas de CE.

En la antigua Sumeria, se inventaron cosas tan básicas y cotidianas como: La rueda, el carro tirado por animales, el día de 24 horas, y la división sexagesimal del tiempo y del círculo, la escritura, la astronomía y las bases de la matemática, entre muchas otras importantes contribuciones más. 

En la Grecia de las CE, se desarrolló: El pensamiento científico, la filosofía, el concepto de república, de democracia, la geometría y la matemática en general tuvo un importante desarrollo. Prácticamente no hubo rama del conocimiento humano que no fuera tratada e incrementada por estos griegos.

Uno de los rasgos más marcados en las CE era su individualismo y por lo tanto la competencia permanente con sus similares.

En el último grupo, el de la ciudad estado de la Italia del norte, durante la Edad Media y el inicio del Renacimiento estas pequeñas entidades, vivieron en una era turbulenta, de permanentes conflictos, especialmente entre ellas.

Todas estas ciudades entraron en la carrera de evolucionar, adaptarse o desaparecer, y en un período de tiempo muy corto, lograron avances importantes en todos los ámbitos.  Crearon el nuevo soldado de infantería, desarrollaron la artillería con nuevas técnicas de fundición, y de trabajo de los metales, así como con mejores químicos para la fabricación de pólvoras.

 Mejoraron los transportes militares, incrementaron sus cosechas con mejores técnicas de labranza y  en lo económico, se volvieron astutos comerciantes, expertos en importar y exportar, no sólo bienes, sino también servicios y capitales. Inventaron “La banca” moderna: El cheque, el giro, la carta de crédito, el depósito con garantía, etc.    Algunas cosas fueron desarrollos absolutamente propios, otras fueron ingeniosas adaptaciones de instrumentos preexistentes.

El hecho es que dominaron desde Florencia, Pisa, Siena, Venecia, etc. Todo el mercado de capitales de la época.   Así que en el proceso de competencia feroz, le sacaron a todo el mundo una ventaja impresionante en términos de economía, administración, ciencia, tecnología y arte militar. El hecho es que al cabo de un siglo de perpetua batalla, no había en el mundo entero soldado comprable al de estas CE.

El resto de la ciudades europeas, todas ellas contrataron a estos soldados de capacidades extraordinarias.  Pero eso fue como abrir la “Caja de Pandora”. Pronto todos los europeos comenzaron a imitar las técnicas y las artes militares de estas ciudades italianas, hasta que muy pronto y apoyados por la mayor fuerza bruta del número y el dinero, los gobiernos de toda Europa occidental tuvieron a su disposición la mejor fuerza militar del mundo entero.

La población de Europa, siempre pequeña en relación a sus enemigos extra-continentales: Los turcos, los árabes, los mongoles, etc., ahora tenía el equipamiento, no sólo para igualar sino para superar a cualquier rival, aún en las peores condiciones de inferioridad numérica.

Portugal se lanzó a la aventura de explorar el Atlántico hacia el sur, recorriendo las costas africanas. Poco a poco, Portugal avanzó, encontrando oro en la costa de Guinea, la tarea excedió la vida de Enrique el Navegante, pero su obra persistió; allí en la academia portuguesa, estudió Cristóbal Colón, y Vasco da Gama dobló el cabo de Buena Esperanza y llegó a la India.

El mundo fue de Europa.  En el S XVI todo el globo estaba de un modo u otro bajo la influencia europea.  Desde las islas Malucas hasta el Nuevo Mundo, pasando por la India y al África. Las colonias y factorías comerciales europeas, portuguesas, primero, luego: holandesas, inglesas y españolas formaban un collar que explotaba exitosamente la riqueza mundial a favor de las potencias europeas.
  
Por lo tanto fue la combinación de la tecnología militar italiana y la navegación portuguesa, lo que dio a Europa el salto de calidad que le permitió a la larga dominar a todos sus competidores. Le permitió con pequeñas fuerzas militares imponerse a grandes masas, recorrer los mares y extender su mano sobre cualquier punto del globo, y una vez allí utilizar sus superiores artes comerciales y de administración económica, para optimizar el drenaje de recursos en su favor.  Trescientos años después del Renacimiento italiano y de la Escuela de Náutica de Enrique, todos los competidores de Europa estaban arruinados: El Imperio Otomano nunca volvió a ser rival, y en la China su cultura se quedó empantanada por sus luchas internas.

En esta trayectoria hasta el imperio universal de hoy día siempre vemos el permanente conflicto que nos recuerda las lecciones de la Ilíada.


Al final del poema de La Ilíada viene la escena entre Príamo y Aquiles, cuando el padre débil y acongojado, que se dispone a besar las "manos terribles, que habían matado a muchos hijos de Príamo en la batalla", cuando Aquiles ve reflejado en la cara de Príamo la imagen de su propio amado padre, Aquiles ya no es más una insensible "cosa", reducido por el poder inefable de la fuerza.

La verdad puede ser más difícil de aceptar. El es al mismo tiempo, un asesino masivo y el más suave de los hombres. Sólo unas pocas líneas de verso separan al Aquiles que enjuga las lágrimas de su amado Patroclo y el que acumula las hecatombes de los muertos de Troya.


El ensayo de Simone Weil, "L'Iliade vigor ou le Poème de la force ", publicado en 1940[1], sostiene que "el verdadero héroe, el tema en el centro de La Ilíada es la fuerza", a la que define como "aquella que convierte a cualquier persona que se somete a ella en una cosa”.

David Malouf , en Ransom [2], también recuerda que este conflicto se ilustra en el encuentro entre Príamo y Aquiles en el último libro de la Ilíada, mientras que Caroline Alexander  en su nuevo estudio del poema, La guerra que causó la muerte de Aquiles [3], lo ve como una meditación sobre los efectos catastróficos de los conflictos. Aunque no se entrega a una equivalencia directa, es difícil no vincular su lectura a la devastación causada por los conflictos en Afganistán e Irak.

Hoy en West Point, la academia militar de EE.UU. de élite donde se puede realizar una maestría en "Estudios sobre Terrorismo", se incluye el estudio de La Ilíada, como parte de su curso de literatura. En el 2007 en su libro Corazón de Soldado, Elizabeth Samet [4], profesora de literatura en la institución, recuerda una visita del poeta Robert Fagles [5], que recitó en griego, las primeras 1.000 líneas del poema épico. Los oyentes en su audiencia deben estar ahora en las posiciones de mando en Irak y Afganistán.

Como vemos, La Ilíada todavía tiene mucho que decir sobre la guerra, incluso cuando se libra hoy en día.

Las sangrientas batallas, los inspirados discursos, la excelencia de los guerreros están descritos en la Ilíada como quería la tradición. Pero la epopeya nunca traiciona, y el tema central es la guerra. Celebra la nobleza del sacrificio y el coraje del guerrero, pero termina con una secuencia de funerales, dolor y vidas destrozadas, revelando la verdadera dimensión de la tragedia de la muerte.

Hoy en el s XXI el orden y el caos, en alternancia permanente está plenamente vigente. Lo que viene ocurriendo en los conflictos de la cotidianeidad es una ilustración de esta vigencia y de que las lecciones de la Ilíada siguen permanentes y que nos recuerdan estar siempre alertas.

[1] Simone Weil
[2] Malouf, David. 2009. Ransom. Random House.
[3] Alexander, Caroline. 2011.  War That Killed Achilles, Faber.
[4] Samet, Elizabeth D. 2007. SOLDIER’S HEART. Peace and War at West Point. 259 pp. Farrar, Straus & Giroux.
[5] Robert Fagles, fue un académico y poeta norte Americano conocido por sus traducciones de los clásicos griegos, especialmente por su aclamada traducción de los poemas épicos de Homero. Fue profesor de la universidad de Princeton.

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