9 de julio de 2017

El pensamiento contra revolucionario: El pensamiento político de Edmund Burke:

El pensamiento político de Edmund Burke:

El pensamiento contra revolucionario.



El pensamiento contra revolucionario es un pensamiento anterior a la Revolución Francesa, es anti-ilustrado y niega el laicismo y el racionalismo. Se acerca al pensamiento revolucionario en que es un movimiento amplio, pero ni uno ni otro realizan grandes aportes. Tiene la necesidad de afirmar la tradición por la historia y el derecho consuetudinario. Sus valores son el orden, la autoridad, la jerarquía y la estabilidad.

Hay dos vías de este pensamiento contrarrevolucionario, el conservador y el tradicionalista, también llamado reaccionario. Los conservadores, como Burke, admiten el cambio, pero condicionado, respetando el pasado y en un proceso lento y no violento, por eso se oponen a la revolución, que no respeta el pasado y es violento, rápido y radical. El tradicionalista siempre quiere volver al pasado, pero a un pasado imaginario.

Edmund Burke es un británico irlandés defensor de la Revolución Gloriosa de 1688, y perteneciente al sector liberal conservador de la facción Whig, los defensores del Parlamento frente a la Corona. 

Acepta los planteamientos de las Trece Colonias y su independencia, uno de los pocos británicos en hacerlo. Pero rechaza a los revolucionarios franceses, en respuesta a un argumento de Richard Price que defendía a la francesa porque era la continuadora de la británica de 1688, en sus “Reflexiones sobre la Revolución Francesa” de 1790, que consiguió cambiar de postura a la opinión pública británica. Para él, la Revolución Francesa es un producto del dogmatismo puro de la Ilustración, que hace tabla rasa del pasado y pretende una nueva sociedad en base a ideas abstractas y universales.

Frente a la francesa, la inglesa es una revolución constitucional y dinástica, por el signo de continuidad, respetando el pasado entre síntesis de tradiciones, prejuicios e instituciones de la comunidad británica por el paso de los siglos.

Burke tiene una visión providencialista, la historia es la marcha de Dios sobre la tierra, y si uno se pone en contra, como los ilustrados, la historia pasará por encima y retomará su camino. Frente a la Razón contrapone la divinidad, se distancia de la visión ilustrada de la naturaleza, no vale para todos, no es universal. El orden natural es lo que se ha engendrado a lo largo del tiempo, es el devenir histórico y el hombre no tiene que intervenir en el desarrollo de las cosas.

El desarrollo corresponde a las sociedades, no a los individuos; Burke rechaza el individualismo. El hombre se desarrolla cuando pertenece a la sociedad, y en ella cada uno ocupa un lugar determinado. La sociedad es un ente corporativo. El Estado viene del pasado, se reafirma en el presente y se eleva al futuro, como un contrato histórico que se eterniza en el tiempo y tiene autorización divina. Los derechos no son universales, son diferentes según la sociedad. Son derechos históricos, los que mejor se adecuan. Dignifica a los prejuicios, lo que no es la Razón, como elemento esencial del desarrollo de las sociedades, porque viene del desarrollo histórico y marca las diferencias frente a la universalización de la Razón.

La naturaleza actúa a lo largo del tiempo, de infinitud de años, superando las dificultades. El modelo social es orgánico, donde prima la sociedad frente al individuo. Burke se aleja del contractualismo y del individualismo. Lo que mueve a la sociedad son lo que él llama prejuicios. Los prejuicios son sentimientos, usos, tradiciones, que escapan a la interpretación racional, identifican a una sociedad, son su identidad y razón colectiva. No hay algo más natural que el prejuicio de nacimiento, el esfuerzo de los individuos para proteger las propiedades transmitidas. Con ese instinto se protege la propiedad, las libertades y la sociedad. Burke habla de libertades, en plural, como se hacía en el Antiguo Régimen. Son derechos adquiridos por las distintas generaciones, producto de la herencia, clave para justifican las diferencias y desigualdades sociales. Cada sociedad tiene un lugar asignado que naturalmente le corresponde, la naturaleza dice que son necesarias y que deben poseer una jerarquía.

Es necesario que haya un sector que gobierne, una aristocracia natural, que se fundamenta en la propiedad y en el talento. Uno ocupa el lugar que se va construyendo a lo largo del tiempo, así, ve que existe la movilidad social. La herencia vinculada y transmitida por los antepasados debe ser igualmente transmitida por nosotros mismos, de lo que se saca la constitución histórico-tradicional. No es producto de la Razón, se adecua a los pueblos, que se desarrolla en la construcción histórica. Está legitimada por el pasado, por la costumbre, por la persistencia, por la continuidad en el tiempo. 



Es mejor entonces todo sistema que derive de esto, que no cualquier régimen no ensayado, para oponerse a la nueva construcción de la Revolución.

El sistema no es inmutable, participan en ella todos, pero la historia significa también cambio, todo necesita cambiar, y los que no lo hagan están obligados a dejar de existir. Pero no hay que olvidar que hay que respetar el pasado, que hay que conservar. Burke proclama así que hay que “actualizar” respetando el pasado con nuevos elementos. La reforma, o conservar progresando, progresar conservando. Esto deriva en la existencia de dos fuerzas políticas para Burke; una que quiere conservar, y otra que quiere progresar, que son simbióticas.

Burke defiende la Revolución Gloriosa desde la óptica Whig. Para él, prima el Parlamento sobre la Corona. Deben tener independencia de criterios, moral e intelectual, respecto a los electores. Pueden atender a sus exigencias, pero no pueden ser considerados mandatos. La soberanía que él ve es representativa, como también opina Sieyès. Los electores y los representantes tienen que tener condiciones dignas, como propiedad y educación, y los partidos políticos son elementos indispensables. Burke ve al partido como un cuerpo de hombres unidos con sus esfuerzos conjuntos para promover el interés nacional en base a un principio particular en el que están de acuerdo.

Burke defiende el modelo parlamentario, como el británico. Los Gobiernos deben gozar de la confianza de la cámara de los comunes, basado en la mayoría de un partido. La estabilidad viene de que los parlamentarios dirijan los partidos, y el Gobierno debe tener el poder de disolución de la cámara.

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30 de mayo de 2017

Ce que penser veut dire de Alain de Benoist

Ce que penser veut dire

de Alain de Benoist





 IL Y A 2 SEMAINES, LE MARDI 16 MAI 2017
Aristide Leucate
Docteur en droit, journaliste et essayiste

À la question, maintes fois posée, des dix livres que l’on emporterait avec soi sur une île déserte, l’honnête homme de la société mécontemporaine postmoderne pourrait assurément répondre Ce que penser veut dire, dernier opus du philosophe Alain de Benoist qui, en quelque 370 pages, dresse un incontournable panorama des auteurs et des idées qu’il convient de connaître pour décrypter le monde actuel, dont la perception est inévitablement brouillée par ses artéfacts les plus diaboliques que sont l’omni-écran (télévision et Internet) et le turbo-consumérisme – soit la sidération permanente conjuguée à l’hédonisme frivole et insatiable.

À vrai dire, cet ouvrage serait chaudement à recommander à tout étudiant en droit ou en sciences politiques (auxquels l’on suggérera, du même auteur, son encyclopédique Vu de droite [à l’intitulé, nonobstant, incroyablement vieilli] comme ses substantielles Critiques – Théoriques). L’exposé y est d’une remarquable clarté didactique, impeccablement servi par un style altier, élégant et concis. Un véritable manuel d’histoire des idées, un formidable viatique intellectuel promis à devenir un grand classique.




Débutant par Jean-Jacques Rousseau, le livre se termine par Jean-Claude Michéa. D’aucuns pourraient objecter que la pensée philosophique et politique n’est pas tout entière contenue dans ce court segment de plus de deux cents ans. Mais, à bien lire chacun des 29 chapitres composant l’essai, on sera amené à avancer l’hypothèse suivante. Fors les affinités littéraires, les prédilections intellectuelles et centres d’intérêt légitimes et bien naturels de l’auteur, peut-on conjecturer que celui-ci s’est vraisemblablement borné au recensement et à l’actualisation des grandes idées et des systèmes idéologiques majeurs qui structurent la pensée européenne depuis les Lumières.

Si la philosophie antique ou chrétienne n’est évidemment jamais absente de la trame intellectuelle ou des présupposés axiologiques des penseurs ici sélectionnés, il est indéniable, par exemple, que la découverte de l’inconscient par Sigmund Freud, celle du critère du politique par Carl Schmitt ou de son essence par Julien Freund, la genèse du droit par Michel Villey, la théorisation du syndicalisme révolutionnaire par Georges Sorel, la mise en exergue du « complexe d’Orphée » par Jean-Claude Michéa ou la révolution éthologique de Konrad Lorenz apparaissent comme autant d’explorations pionnières de l’esprit en vue de surmonter les « obstacles épistémologiques », pour reprendre une expression chère à Gaston Bachelard.

Bien loin d’être une terne et aride description des thèses et doctrines de philosophes, d’écrivains ou de scientifiques, Ce que penser veut dire témoigne d’une réelle proximité, sinon d’une pudique complicité de son biographe avec ces derniers. Ainsi Benoist, livre-t-il, pour le plus grand bonheur du chercheur, cette réflexion quasi aphoristique que Lorenz lui aurait confiée, alors qu’il lui rendait visite « dans sa maison d’Altenberg, près de Vienne » : « Si vous dites que l’homme est un animal, vous avez raison, mais si vous dites que l’homme n’est qu’un animal, vous avez tort. »

Bref, le lecteur est exquisément invité à cheminer avec Raymond Abellio, Leo Strauss, Denis de Rougemont, Ernst Jünger, Montherlant, Rousseau, Koestler, Goethe, Péguy, Jung, Marx, Jacqueline de Romilly, Hannah Arendt, Heidegger, Nietzsche, Jules Monnerot, Gustave le Bon, Jean Cau, Jean Baudrillard, Emmanuel Berl, les romantiques allemands.

Il est fortement incité à se perdre allègrement dans ces pages denses mais nullement obscures, instructives sans être aucunement pédantes, mais ô combien aériennes. Au faîte de la pensée, l’air y est censément plus pur. Grâce à Alain de Benoist, l’on sait depuis longtemps qu’il n’y a pas qu’en lisant L’Action française que l’on peut faire une cure d’altitude mentale…

http://www.bvoltaire.fr/livre-penser-veut-dire-dalain-de-benoist/

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24 de mayo de 2017

Wittgenstein: Lettres philosophes.

Wittgenstein: Lettres de philosophes 

Wittgenstein , Correspondance philosophique.




Aujourd'hui, levez le rideau sur Wittgenstein grâce à sa correspondance et découvrez la vie philosophique elle-même, les amitiés qui la tissent, les jugements qui la mènent ou l'urgence vitale qui l'emporte ! Elise Marrou nous explique.

Hoy día, levantamos el telón de Wittgenstein gracias y a través de su correspondencia para descubrir la vida filosófica en sí, las amistades que la tejen, los juicios que la llevan o la urgencia vital  que prevalece! Lo explica Elise Marrou .









Ludwig Wittgenstein Crédits : Wikipédia

Wittgenstein:

"Imaginons un théâtre : le rideau se lèverait et nous verrions un homme seul dans sa chambre, allant et venant, allumant une cigarette, s'asseyant, etc. C'est à peu près comme si nous voyions de nos propres yeux un chapitre d'une biographie – cela devrait être à la fois effrayant et magnifique. Plus magnifique que tout ce qu'un poète peut faire jouer ou faire dire sur la scène : c'est la vie même que nous verrions."

Textes
- Wittgenstein, Remarques mêlées (22 août 1930)
- Lettre de Wittgenstein à Russell du 3 mars 1914, in Correspondance philosophique (Gallimard, 2015, traduction d'Elisabeth Rigal, p. 60-61).

Cher Russell,

(…) je dois te redire que nos dissensions n'ont pas seulement des causes extérieures (nervosité, surmenage, etc.), mais aussi des racines très profondes – du moins de mon côté. Il se peut que tu aies raison de dire que nous ne sommes peut-être pas si différents, il n'en reste pas moins que nos idéaux diffèrent du tout au tout. C'est pour cela que nous n'avons jamais pu, et nous ne pouvons toujours pas discuter de quoi que ce soit mettant en jeu nos jugements de valeur, sans recourir à la dissimulation ou nous quereller. Je crois que cela est indéniable.

Il y a longtemps que j'en suis conscient, ce qui a été terrible pour moi, car cela me montrait que notre relation s'enlisait dans un bourbier. Nous avons tous les deux nos faiblesses, surtout moi, dont la vie est REMPLIE de pensées et d'actions détestables et dérisoires (je n'exagère pas). 

Mais pour qu'une relation ne se dégrade pas, il faut que les faiblesses de chacun ne se conjuguent pas. Deux hommes ne doivent entretenir une relation que là où ils sont purs – c'est-à-dire où ils peuvent être totalement ouverts l'un à l'autre, sans se blesser mutuellement. Or nous N'en sommes capables QUE lorsque nous nous restreignons à la communication de faits pouvant être établis objectivement, et peut-être aussi lorsque nous nous exprimons les sentiments amicaux que nous avons l'un pour l'autre. Tout autre sujet nous conduit à la dissimulation, ou même à la querelle.

 Peut-être diras-tu : cela durant depuis déjà un bon bout de temps, pourquoi ne pas continuer ainsi ? Mais j'en ai par-dessus la tête de ces compromis sordides ! Jusqu'ici mon existence a été une grande saloperie – mais faut-il qu'elle continue à l'être ? - Je te propose ceci : faisons-nous part de nos travaux respectifs, de nos découvertes, etc., mais abstenons-nous de tout jugement de valeur sur l'autre, sur quelque sujet que ce soit, et soyons pleinement conscients du fait que nous ne pouvons être tout à fait honnêtes l'un envers l'autre sans être du même coup blessants (il en est du moins ainsi pour moi).

Je n'ai pas besoin de t'assurer de l'affection profonde que je te porte, mais cette affection serait menacée si nous continuions à entretenir une relation fondée sur la dissimulation, et donc honteuse pour l'un comme pour l'autre. Il serait honorable, je crois, de lui donner désormais un fondement plus sain. (...)

Toujours tien,

L.W.
https://www.franceculture.fr/emissions/les-chemins-de-la-philosophie/lettres-de-philosophes-3-wittgenstein-correspondance?utm_campaign=Echobox&utm_medium=Social&utm_source=Facebook#link_time=1495620320

Traducción personal:
"Imaginemos un teatro... una cortina  se levantaría y nos gustaría ver a un hombre en su habitación, yendo y viniendo, encendiendo un cigarrillo, sentado, etc. Es casi como si viéramos con nuestros propios ojos un capítulo de una biografía - que debe ser a la vez aterrador y hermoso Más bello que todo lo que un poeta puede jugar o ser contado en el escenario: es la vida misma que veríamos "..

textos

- Wittgenstein, Notas mixtos (22 de agosto de 1930)
- Carta de Wittgenstein a Russell el 3 de marzo de 1914, en Correspondencia filosófica (Gallimard, 2015, traducción de Elisabeth Rigal, pp 60-61.).

Estimado Russell,

(...) Debo repito que nuestros desacuerdos no son únicamente por causas externas (nerviosismo, el exceso de trabajo, etc.), sino también son de  raíces muy profundas - por lo menos de mi lado. Puede ser que usted tenga razón al decir que no podemos ser tan diferentes, el hecho es que nuestros ideales difieren por completo.

Es por esto que nunca hemos podido, y todavía no  podemos hablar de cualquier cosa que involucre nuestros juicios de valor, sin tener que recurrir a la simulación o a discusiones. Creo que esto es innegable.

Hace mucho tiempo que yo soy consciente, que esto ha sido terrible para mí, porque me demostró que nuestra relación se estaba hundiendo en un pantano. Los dos tenemos nuestras debilidades, especialmente yo, en donde la vida está llena de pensamientos y de acciones irrisorias (no exagero).

Sin embargo, para que una relación no se deteriore, es necesario que las debilidades de cada uno no se combinen. Dos hombres deben mantener una relación en la que son puros - es decir, donde pueden estar totalmente abiertos el uno al otro, sin perjudicarse mutuamente. 

O no somos capaces de hacer eso cuando nos limitamos a los hechos de comunicación que pueden ser establecidos objetivamente, y tal vez cuando expresamos los sentimientos de amistad que tenemos el uno al otro. Cualquier otro tema nos lleva a disimular, o incluso a pelearnos.

 Quizá usted diga: desde hace mucho tiempo, ¿por qué no continuar? Pero tengo en mi mente éste sórdido compromiso! Hasta ahora mi vida ha sido una gran basura - pero debo seguir a él? - Le ofrezco esto: compartamos nuestros respectivos trabajos, nuestros descubrimientos, etc., pero vamos a abstenernos de cualquier juicio de valor sobre el otro, sobre cualquier tema que sea, y seamos plenamente conscientes de que no podemos ser totalmente honestos el uno con el otro, sin ser doloroso al mismo tiempo (esto es al menos tan bien para mí).

No necesitaba  asegurarle el profundo afecto que le tengo, pero esta condición se vería amenazada si seguimos manteniendo una relación basada en el disimulo, y así vergüenza para el uno como para el otro. Sería honorable, creo, darle ahora una base más sana. (...)

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