12 de octubre de 2017

Charles Taylor: Fuentes del yo.

El filósofo Charles Taylor, primer ganador del premio Berggruen

El galardón, dotado con un millón de dólares canadienses, distingue al pensador por sus ideas sobre "el autoconocimiento y crecimiento de la especie humana"

FRANCESC ARROYO
Barcelona 6 OCT 2016 - 11:24 CEST



El escritor y filósofo canadiense Charles Taylor, en Barcelona en agosto de 2015.


El escritor y filósofo canadiense Charles Taylor, en Barcelona en agosto de 2015. CONSUELO BAUTISTA

El filósofo canadiense Charles Taylor (Montreal, 1931) fue galardonado este martes con el premio que concede el Instituto Berggruen, fundado en 2010 para impulsar el diálogo y el pensamiento. El premio, que se concede este año por primera vez, está dotado con un millón de dólares canadienses (unos 676.000 euros). El jurado está compuesto por destacados pensadores y académicos, entre los que figuran el premio Nobel de Economía Amartya Sen, el médico Antonio Damasio, de la Universidad de Pensilvania y la matemática Alison Miller, de la Universidad de Harvard.

El director y fundador del Instituto, Nicolas Berggruen, destacó que la obra de Taylor ha contribuido a transformar el pensamiento sobre el mundo y sobre aspectos básicos de la vida humana. El presidente de la entidad, Craig Calhoun, resaltó el carácter intelectual y a la vez humilde de la filosofía de Taylor, así como su calidad humana y su capacidad para la enseñanza y el compromiso público.

Taylor estudió Historia en la Universidad McGill (Montreal), centro al que volvería como profesor después de haber completado sus estudios en Oxford, donde se doctoró en Filosofía con una tesis dirigida por Isaiah Berlin.

Ruth Abbey, compiladora de un volumen colectivo sobre la obra de Taylor, anota que, tras su jubilación, no ha dejado nunca de escribir, enseñar y dar charlas por todo el mundo. En España impartió unas conferencias el pasado año en Barcelona, coincidiendo con la traducción de La era secular (Gedisa), su penúltima obra. La última, The language animal, aparecida este mismo año, no tiene todavía versión española. La era secular son dos tomos que suman casi 1.200 páginas.

Taylor analiza el concepto de secularidad a lo largo de la historia, con especial atención al periodo que va desde el Renacimiento hasta hoy. Describe la construcción de un imaginario social que en economía tiene en cuenta tanto el interés social como el beneficio mutuo, mientras que considera la democracia (la convivencia basada en el consentimiento entre iguales) el mejor sistema político para administrar una esfera pública que, sostiene, si no existiera habría que fingirla. Como se ve, el proyecto inicial, el proceso de secularización occidental, queda ampliamente superado.

En unos tiempos en los que se anuncia que ya no hay posibilidad de visión global del mundo, Taylor demuestra en cada una de sus obras (y en el conjunto de ellas) lo contrario. El volumen citado de Abbey dedica cada capítulo a un aspecto de sus diversas aportaciones: la hermenéutica, la epistemología, la moral, la teoría política, el feminismo, la relación entre creencias religiosas y prácticas políticas. 

Y se podría añadir que nunca ha dejado de lado las reflexiones sobre filosofía de la mente y sobre la filosofía del lenguaje o sobre estética. “Para hablar como filósofo hay que leer literatura, escuchar música”, defiende. En su opinión, hay “muchas otras formas de expresar las cosas”.

Sus obras más difundidas son Fuentes del yo: la construcción de la identidad moderna, El multiculturalismo y "la política del reconocimiento", y La ética de la autenticidad (Paidós). En todas ellas se aprecia la clara influencia de Heidegger, pero también de Aristóteles. Taylor es un realista (tendencia que empieza a ser recuperada frente al posmodernismo dominante en Europa en las últimas décadas) convencido de que podemos tener conocimiento de un mundo exterior a nosotros. Es cierto que podemos plantearnos la posibilidad de que ese mundo sea realmente distinto a cómo lo percibimos, pero de la mano de la ciencia, las aproximaciones al mundo exterior tienen grandes posibilidades de acercarse a la realidad.

Taylor es firme defensor del pluralismo, en política y en filosofía. Pero el pluralismo no tiene por qué llevar al relativismo. En su opinión, se puede aceptar que la visión del mundo que nos aporta la ciencia es la más precisa, cuando utilizamos los lenguajes de la civilización occidental, asumiendo que hay otros tipos de aproximaciones a la realidad.

No obstante, en materia moral es condición más que recomendable intentar superar el subjetivismo, lo que no significa atrincherarse en la verdad y menos aún hacer proselitismo. El único pecado que no hay que tolerar, afirma, es la intolerancia.




Charles Taylor
CANADIAN PHILOSOPHER
WRITTEN BY: Ruth Abbey
See Article History
Alternative Title: Charles Margrave Taylor

Charles Taylor: CANADIAN PHILOSOPHER
Charles Taylor
ALSO KNOWN AS: Charles Margrave Taylor
BORN November 5, 1931 (age 85)
Montreal, Canada
POLITICAL AFFILIATION: New Democratic Party
SUBJECTS OF STUDY: individualism
secularism: self
AWARDS AND HONORS
John W. Kluge Prize For Achievement In The Study Of Humanity (2015)
Kyoto Prize (2008), Templeton Prize (2007)
VIEW BIOGRAPHIES RELATED TO
CATEGORIES: philosophy, DATES: November 5
RELATED BIOGRAPHIES

Jean Vanier, Jack Layton, Bernard d’Espagnat, Glen David Clark, Holmes Rolston III, Herbert Spencer, Thomas Mulcair, William Godwin, Martin Rees, Baron Rees of Ludlow, Jürgen Habermas

Charles Taylor, in full Charles Margrave Taylor (born November 5, 1931, Montreal, Quebec, Canada), Canadian philosopher known for his examination of the modern self.

He produced a large body of work that is remarkable for its range—both for the number of areas and issues it addresses as well as for the breadth of scholarship it draws upon. His writings have been translated into a host of Western and non-Western languages.

Taylor was raised in a bicultural, bilingual family with a Protestant, English-speaking father and a Roman Catholic, Francophone mother. After completing an undergraduate degree in history (1952) at McGill University in his native Montreal, Taylor earned a second bachelor’s degree in politics, philosophy, and economics (1955) at Balliol College at the University of Oxford. He was awarded a doctorate in philosophy at Oxford in 1961. Most of Taylor’s academic career was spent at McGill and Oxford; at the latter institution he held the Chichele Professorship of Social and Political Theory.

The Modern Self
Taylor’s first major work, Hegel (1975), was a large study of the 19th-century German philosopher that emphasized the ways in which Hegel’s philosophy continues to be relevant to contemporary political and social theory. In 1989 Taylor published Sources of the Self: The Making of the Modern Identity, which explored the multiplicity of the self, or the human subject, in the modern Western world. Taking a historical perspective, Taylor showed that several strands and sources have gone into making the modern identity. 

A distinctly modern conception of selfhood thus encompasses a being who values freedom, who possesses inner depths that are deserving of exploration, who sees nature as a source of goodness and contact with it as renewing, who prizes authenticity and individuality, who affirms ordinary life, and who feels the pull of benevolence toward the suffering of others. These strands of Taylor’s modern self are sometimes complementary and sometimes contradictory: the ideal of freedom, for example, has historically been associated with technological control over the natural world, which puts it at odds with the more Romantic view of nature as a source of goodness and renewal.

Meaning And Morality
It is hard to situate Taylor squarely within any particular philosophical school. Indeed, he is often described as bridging the gap between analytic (or Anglo-American) and Continental styles of philosophy. Influenced by the 20th-century German philosophers Martin Heidegger and Hans-Georg Gadamer, Taylor took a hermeneutical approach to the study of society, insisting that the meanings that humans give to their actions must be taken into acount by the social sciences.

Thus, one cannot explain voting behaviour, for example, simply by reference to the self-interested calculations of individuals. One must also consider that for many people voting is an important expression of their involvement in a democratic community. Taylor has been dubbed a communitarian for emphasizing the social nature of selfhood and the obligations that individuals have to the communities in which they live.

Taylor’s insistence on the importance of meanings creates a powerful awareness of the way meanings change over time and differ across cultures. Yet this variation does not lead him to deny the idea of a universal and unchanging human nature. He holds that certain features necessarily accompany being human and thus transcend differences of time, place, culture, and language.

Among them are: being self-interpreting (the way in which human beings understand themselves forms a significant part of their identity); being language animals (language mediates their relations to others, to the environment, and to themselves); and having identities that are constituted through dialogue. Taylor maintains that a person’s sense of self is not something that can be achieved alone: it depends on recognition from others for its realization.

Conversely, the failure to have one’s identity accurately acknowledged by others can distort or damage a person’s sense of who he is. Other features that all human beings share include: having purposes that play an important part in their sense of who they are; being located within a moral framework that orients individuals toward the things they most value and provides a sense of whether their lives are moving closer to or further from those goods; and being what Taylor called “strong evaluators.”

With the concept of strong evaluation, Taylor posits that individuals rank some of their desires, or the goods that they desire, as qualitatively higher than others; some are seen to be more worthy, valuable, meaningful, or important than others. The fact of strong evaluation means that humans are not simply weighers of preferences. Instead, in some of their choices, they make qualitative distinctions among the things they value or seek.

In his later work Taylor became more overt about the ways in which being a practicing Roman Catholic shaped his intellectual agenda and approach. Some hints about his religious views were dropped at the end of Sources of the Self, but after the publication of that work his remarks on this topic became more frequent and more explicit. Taylor, for example, injected himself into 21st-century debates about the role of religion in modern Western societies with his massive work A Secular Age, published in 2007.

A Secular Age tracks some of the major changes in Christian belief in Western societies during the last five centuries, examining how it has come to be that modern individuals can understand themselves, their society, and the natural world in a purely secular way, devoid of any reference to the divine or to a transcendent realm of any sort. 

What Taylor calls the “modern social imaginary” stands in direct contrast to the condition that obtained in 1500, when God was implicated in all areas of social and political life. Yet, despite the shifts in religion’s content and its social location over time, Taylor seems to suggest that humans necessarily have some orientation toward what he calls “transcendence”—some yearning for meaning that goes above and beyond the merely human.

In addition to his major works, Taylor published a large number of shorter works on topics as varied as freedom, democracy, nationalism, human rights, philosophical anthropology, cross-cultural understanding, moral theory, the philosophy of language, the philosophy of mind, and epistemology (theory of knowledge). In one of his well-known essays, “The Politics of Recognition” (1992), Taylor tried to provide a deeper philosophical explanation of why groups within Western societies were increasingly making claims for public acknowledgment of their particular identities, be this on the basis of gender, race, or ethnicity.

Taylor’s distinguished academic career was interlaced with political participation. He was active in the Canadian New Democratic Party (NDP), which promotes a social democratic platform, and ran a number of times (unsuccessfully) as one of its candidates for federal Parliament. He served on the Quebec government’s French Language Council and in 2007–08 cochaired a public inquiry into the future of cultural and religious differences in that province. He was appointed a member of the Companion of the Order of Canada, the country’s highest civilian honour, in 1996.

He was also a winner of the Templeton Prize for Progress Toward Research or Discoveries About Spiritual Realities (2007), the Kyoto Prize for significant contributions to the scientific, cultural, or spiritual betterment of humankind (2008), and the John W. Kluge Prize for Achievement in the Study of Humanity (2015).
Ruth Abbey

MORE ABOUT Charles Taylor
4 REFERENCES FOUND IN BRITANNICA ARTICLES
Assorted References
civil society (in civil society: Contemporary political discourse)
communitarianism (in communitarianism: Varieties of communitarianism)
libertarianism (in libertarianism (politics): Criticism)
view of disenchantment concept (in disenchantment)

11 de octubre de 2017

Adiós al progreso; Walter Benjamin

Adiós al progreso; Walter Benjamin



Publicación de El Pais. Parece ser que este periódico hoy publica cualquier cosa, como este escrito.

Walter Benjamin es hoy inspirador de las nuevas visiones que alertan sobre la tentación de basarlo todo en un futuro pluscuamperfecto
El Pais: 20 ENE 2017 - 23:52 CET

Para los anarquistas el tiempo de la vida no es el de la historia ni el de la naturaleza, indiferente a nuestros deseos y sentimientos. Quizás el tiempo sea cíclico, el eterno retorno de Nietzsche, o tal vez se parezca al trazado de una flecha, con un principio y un fin (alfa y omega). Para los atéos el cristianismo imagina un tiempo lineal: parte del pecado original y acaba en la salvación del juicio final. Sin retroceso. Desde el siglo XVIII, sin embargo, se ha dado en pensar en la historia como un camino hacia el paraíso en la tierra (entendido como mejora de las condiciones de vida). A eso se le llamó progreso: confianza en la capacidad del hombre para satisfacer las necesidades, reducir el dolor y alcanzar la felicidad o, al menos, acercarse a ella.

Robert Nisbet (un sociologo norte americano, izquierdista convertido) es quien, junto a John Bury (un diseñador de teatro norte americano), más ha trabajado la historia de la idea de progreso: “La humanidad”, escribió, “ha avanzado en el pasado, avanza actualmente y puede esperarse que continúe avanzando en el futuro”. Una idea hegemónica en Occidente desde Kant y Hegel hasta Francis Fukuyama (comparación atrevida por lo pretenciosa) . Si se prefiere, entre el incremento de la producción fruto de la revolución industrial y la crisis de 1973 que anunciaba el fin de un sistema basado en las energías no renovables. Y, en paralelo, su correlato político.

La confianza en el progreso era tal que incluso se veía en el arte, en la estela de la “querella de los antiguos y los modernos” en la que participó la mitad de la Europa intelectual del siglo XVII. No en vano los principales movimientos estéticos del siglo XX se agrupan bajo el epígrafe de vanguardias (el sino de los anarquistas).

Adiós al progreso Giorgio Agamben: “El ciudadano es para el Estado un terrorista virtual”

El marxismo es una de las filosofías de la historia (darle esta categoría es demasiado) que han afirmado la idea de progreso. También el capitalismo creyó en él hasta hace algunas décadas: el progreso era el resultado inevitable de unir libertad y ciencia. La especificidad del marxismo consistía en concebir la historia como una línea de avances que algunos creyeron predeterminada y necesaria: el feudalismo sucedió al esclavismo y fue sustituido por la revolución burguesa; luego venía el socialismo, fase de transición a la sociedad comunista igualitaria. Pese a que ya Kant había sostenido que el progreso existe, pero siempre cabe una vuelta atrás, acabó triunfando el entusiasmo progresista (Schopenhauer es la gran excepción). 

Luego llegaron la crisis del petróleo, las dudas sobre la capacidad de la naturaleza para satisfacer las necesidades de la humanidad y la evolución del llamado socialismo real (idea sin sentido). Un factor añadido fue el uso de la técnica como potencia destructiva. Buena parte de la ideología progresista se basaba en la creencia de que la ciencia era pura acumulación, mejora constante. (el escrito destila aberraciones).

Una fe reforzada por la teoría de la evolución. La historia era vista como supervivencia de lo mejor y muerte de lo peor. Hiroshima mostró que ni el saber estaba a salvo de convertirse en fuerza destructora. La crisis actual ha sido el remate. Manuel Cruz ironiza en su último libro al respecto: la humanidad ha batallado por conseguir la inmortalidad y ahora que parece al alcance de la mano, igual no vale la pena quedarse. Coincide con otros autores como Luciano Concheiro en ver la aceleración como característica del presente. (referencias a personas secundarias, que no guardan relación con las siguientes referencias)

Pero esa es ya otra mirada.

Se podía intuir, porque hubo advertencias contra esa idea de progreso. La más potente, la de Walter Benjamin cuando imaginó la historia a la luz del Angelus Novus de Klee: el ángel de la historia da la espalda al futuro mientras contempla un presente hecho de ruinas del pasado. Benjamin es hoy inspirador de estas nuevas visiones que alertan sobre la tentación de basarlo todo en un futuro pluscuamperfecto. Por citar algunos de los autores que desde hace un par de décadas lo frecuentan para seguir su propio recorrido: Giorgio Agamben y ­Giacomo Marramao, en Italia, y Juan Ramón Capella, en España, comparten un cierto pesimismo incapaz de renunciar a la esperanza.

Walter Benjamin: Percy C. Acuña Vigil
http://sargonauta.blogspot.pe/2014/04/walter-benjamin-el-pensador-vagabundo.html
Walter Benjamin: Percy C. Acuña Vigil
http://sargonauta.blogspot.pe/2015/11/walter-benjamin.html

Discursos Interrumpidos:
http://exordio.qfb.umich.mx/archivos%20pdf%20de%20trabajo%20umsnh/libros/16185881-

Benjamin-W-Discursos-interrumpidos-I-Filosofia-del-arte-y-de-la-historia.pdf

Contra la critica a la violencia: Walter Benjamin y Giorgio Agamben
http://ndpr.nd.edu/news/towards-the-critique-of-violence-walter-benjamin-and-giorgio-agamben/

Karl-Otto Apel: Escuela de Francfort

Fallece el filósofo alemán Karl-Otto Apel



Colega de Habermas, el pensador fue uno de los teóricos más influyentes de la llamada Escuela de Fráncfort

Barcelona 17 MAY 2017 - 14:07 CEST
El filósofo Karl-Otto Apel retratado el 30 de noviembre de 1965.Ampliar foto

El nombre de Karl-Otto Apel (1922-2017), fallecido el pasado lunes en la localidad de Niedernhausen (centro-oeste de Alemania) a los 95 años según ha confirmado este martes su familia, resulta inseparable de la Escuela de Fráncfort. Él y Jürgen Habermas forman parte de lo que se ha dado en llamar la segunda generación de ese centro. Escuela de Fráncfort es el nombre popular del Instituto de Investigación Social, fundado en 1923 y en el que se integraron filósofos como Theodor W. Adorno, Herbert Marcuse, Max Horkheimer, Erich Fromm y algo más tarde y desde la distancia, Walter Benjamin. El nazismo supuso su dispersión. Su pensamiento, de raíz hegeliano-marxista, pasó a ser denominado “teoría crítica”, ante los problemas que en Estados Unidos suponía el término “marxista”. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Instituto recuperó su vitalidad en torno a Habermas y Apel. 

Ambos han trabajado en lo que se ha dado en llamar “ética del discurso” o “acción comunicativa”. La parte central de sus trabajos, sobre todo en las últimas décadas del pasado siglo, pretende dejar claro que la democracia empieza en el lenguaje. Es la igualdad comunicativa lo que facilita la igualdad en la capacidad de decisión, es decir, la participación en una ética colectiva de aspiración universalista. Ambos coinciden mucho, pero no siempre, como muestra el curioso volumen de Apel (Siglo XXI, 1994) titulado Pensar con Habermas contra Habermas.
Karl-Otto Apel: "Yo no creo en la utopía"

Edgar Morin y Karl Otto Apel creen en una unidad europea que apoye las diferencias.




Nacido el 15 de marzo de 1922 en Düsseldorf, estudió filosofía en Bonn y se integró en la docencia, primero en la Universidad de Maguncia, luego en la de Kiel y, finalmente, en Fráncfort. Hasta ese momento, sus trabajos mostraban una clara influencia de la hermenéutica heideggeriana pero también de la obra de Ernst Cassirer. Ambas vías lo llevaron hacia sus dos preocupaciones principales: el lenguaje y la ética. Y la relación entre ambas.

El lector castellano dispone de una traducción excelente (realizada por Adela Cortina, Joaquín Chamorro y Jesús Conill) de una de sus obras principales: La Transformación de la Filosofía (Taurus).

Buena parte de sus tesis se hallan sintetizadas en un texto incluido en la obra dirigida por Raymond Klibansky y David Pears y patrocinada por la Unesco, La philosphie en Europe, que Apel tituló con una pregunta: ¿Es posible una ética universalista? La respuesta es, desde luego, positiva, lo que no implica que dé receta alguna. 

Apel parte de la propia idea de Europa. Pese a que se haya podido dar un pensamiento que se pretendía universal, criticado como eurocentrista, hay que reconocer que las críticas a ese eurocentrismo se hacen inevitablemente desde las aportaciones europeas que defienden el universalismo de los derechos humanos y la igualdad. 

Hay, sostiene, una afinidad interna entre la tradición del pensamiento europeo y su universalismo que se expresa en lo que el propio Apel y Habermas llamaban la ética del discurso. Tras revisar las críticas a una posible ética universal de autores como Foucault o Lyotard, defiende que en el presente tiende a una ética pluralista y axiológicamente universal.

El papel de la comunicación resulta crucial. La capacidad de decisión del hombre se produce en la medida en que reconoce al otro como libre e igual y acepta debatir con él desde la racionalidad. Como ha señalado el actual director de la Escuela de Fráncfort, Axel Honneth, al final se vota, pero antes es imprescindible el debate; el reconocimiento de que el lenguaje es un lugar de encuentro, confrontación y acuerdo. Entiéndase bien: el lenguaje, no el idioma.

Apel y Habermas inician el reencuentro del marxismo con Kant, oscurecido durante unos años por la potencia de Hegel. En Kant, Apel (siguiendo la estela de Cassirer) encuentra un camino que da vía libre a una ética de voluntad universal. O, cuando menos, a la posibilidad de superar el mero subjetivismo. No era tarea fácil porque su obra coincide en el tiempo con el espíritu relativista defendido por los posmodernos y también, con la crítica mucho más fuerte encabezada por Foucault. 

De hecho, no puede decirse en serio que Apel haya triunfado en sus intentos universalistas, pero sí ha logrado que esa pretensión no esté sepultada. De hecho, ya Descartes intuyó que una ética universal era problemática y aceptó regirse por una moral provisional, pero no renunció a la posibilidad de una moral válida para todos. Es decir, decidió no renunciar a la idea del bien y a la idea del mal. En eso andaba también Apel.

La filosofía de la liberación:

Para los filósofos en la corriente analéctica, el pueblo auténtico es lo que siempre está fuera de la totalidad. Su forma de ser no puede ser determinada de una vez por todas. Es en un momento dado, ya que da expresión a su búsqueda de justicia que ha dejado su propio legado y memoria de lucha. Sin embargo, su continua búsqueda de la justicia y la reparación de los sufrimientos del pasado permanecen indeterminados y no se conocen.

Si para la corriente ontologicista el papel del filósofo es guiar al pueblo a reconocer su propia sabiduría profunda e insospechada, para el filósofo analéctico el papel del filósofo es aquel que se centra en estar atento a las clamadoras, o "interpelaciones", de el pueblo, para que él o ella pueda dar voz a su clamor por la justicia. 

Dicho esto, también hay que señalar que tanto Dussel como Scannone han ido más allá de muchas de estas ideas, ya que fueron formuladas por primera vez a principios de los años setenta (Dussel 1998, 2007; Scannone 1990). En este sentido, la denominación analéctica puede ser ya anacrónica. Mientras Scannone, fiel a los compromisos filosóficos de Levinas, se ha vuelto hacia el desarrollo de la "filosofía intercultural", el compromiso de Dussel con Karl-Otto Apel y Juergen Habermas le ha llevado a desarrollar una filosofía más dialéctica de la liberación con la lingüística y los giros pragmáticos (Vallega 2014).

https://plato.stanford.edu/entries/liberation/


  • Vallega, Alejandro, 2014, Latin American Philosophy from Identity to Radical Exteriority, Bloomington and Indianapolis. Indiana University Press.
  • Salazar Bondy, Augusto, 1968, ¿Existe una filosfía de nuestra América? México City: Siglo XXI.
  • Salazar Bondy, Augusto, 1973, “Filosofía de la dominacion y filosofía de la liberación” Stromata, 28, no. 4:393–397.
  • Dussel, Enrique, 1973, Filosofía de la liberación, México: Edicol; English translation, Philosophy of Liberation, Aquila Martinez and Christine Morkovsky (trans), Maryknoll: Orbis Books, 1985.
  • –––, 1993, 1492: El encubrimiento del Otro. Hacia el origen del mito de la modernidad, Madrid: Nueva Utopía; English translation, The Invention of the Americas: Eclipse of “the Other” and the Myth of Modernity, Michael D. Baarber (trans), New York: Continuum.
  • –––, 1998, Ética de la liberación en la eded de la globalización y de la exclusion, Madrid: Trotta: English translation, Ethics of Liberation: In the Age of Globalization and Exclusion, Alejandro Vallega (ed.), Eduardo Mendieta et. al (trans), Durham: Duke University Press, 2013.
  • –––, 1996, The Underside of Modernity: Apel, Ricoeur, Rorty, Taylor and the Philosophy of Liberation, Eduardo Mendieta (trans./ed.), New Jersey: Humanities Press.
  • –––, 2005, “Filosofía de la Liberación”, in Ricardo Salas Astrain (eds), 2005, Pensamiento Crítico Latinoamericano: Conceptos Fundamentales, Santiago de Chile: Ediciones Universidad Católica Silva Henriquez, 373–388.
  • –––, 2007, Política de la liberación. Historia mundial y crítica, Madrid: Trotta; English translation, Politics of Liberation: A Critical Global History, Thia Cooper (tran.), London: SCM Press, 2011.

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