11 de julio de 2011

Im Memoriam: Otto von Habsburg


Otto von Habsburg – in Österreich amtlich Otto Habsburg-Lothringen, kurz meist Otto Habsburg – (* 20. November 1912 in Reichenau an der Rax; † 4. Juli 2011 in Pöcking) war ein deutsch-österreichischer Schriftsteller, Publizist und Politiker. Für die CSU war er Mitglied des Europäischen Parlaments. Er besaß die Staatsbürgerschaften von Österreich, Ungarn, Deutschland und nach eigenen Angaben von Kroatien. herein


Von 1916 bis 1918 war Otto Kronprinz Österreich-Ungarns, bis 1921 Kronprinz Ungarns. Mit allen Vornamen und voller Titulatur wurde er damals als „Seine Kaiserliche und Königliche Hoheit Franz Joseph Otto Robert Maria Anton Karl Max Heinrich Sixtus Xaver Felix Renatus Ludwig Gaetan Pius Ignatius, Kaiserlicher Prinz, Erzherzog von Österreich, Königlicher Prinz von Ungarn“ bezeichnet. Er war von 1922 bis 2006 Oberhaupt der Familien Habsburg-Lothringen.

Ab Mitte der 1930er Jahre setzte sich Otto von Habsburg – zunächst unter christlich-monarchistischen Vorzeichen – mit der Paneuropa-Union für die europäische Einigung ein. Er trat als entschiedener Gegner Hitlers und des Nationalsozialismus sowie des Kommunismus auf. „In der Politik … betrachtete er sich … »als Werkzeug Gottes«.“ Jahrzehnte später sorgten seine Haltung zum Rechtsextremismus und seine Aussage zum Einfluss von Juden in der amerikanischen Politik für Kritik und Kontroversen. Ebenso wurde seine 2008 gehaltene Festrede bei einer ÖVP-Gedenkveranstaltung im österreichischen Parlament heftig kritisiert, in der er Österreich als erstes Opfer Hitlers darstellte und behauptete, „dass es keinen Staat in Europa gibt, der mehr Recht hat, sich als Opfer zu bezeichnen!“ Er nannte sich selbst einen Legitimisten, unterzeichnete aber 1961 die vom Habsburgergesetz als Bedingung für seine Einreise geforderte Erklärung des Verzichts auf Herrschaftsansprüche in Österreich.

Otto von Habsburg war Oberhaupt der Familie Habsburg-Lothringen von 1922 bis 2006. 2007 übernahm sein Sohn Karl Habsburg-Lothringen diese Rolle.

In Memoriam



Otto von Habsburg, the eldest son of the last emperor of Austria and king of Hungary, died on Monday 4th july. He was 98.

Otto von Habsburg, Crown Prince of Austria and the son of the last ruler of the Austro-Hungarian Empire, Charles IV of Hungary, died in his home at Lake Starnberg in Pocking in southeastern Germany.

Looking back on his life, One is strangely overcome with emotion. His family dynasty ruled Hungary for far too long for me to be indifferent to it all. For better or worse, there they were for over 400 years. The Habsburgs were sort of like a stepfather you never really liked when growing up, but later realizing that he was a father nonetheless. You shed a tear at the funeral because like it or not, that’s a piece of your own past being buried with him.


Ver reseña y video

La familia Habsburgo constituyó la familia reinante en la Península ibérica al momento de la conquista del Perú, siendo sus más reconocidos reyes: Carlos V y Felipe II. Los Habsburgo, se mantendrán en el poder hasta finales del siglo XVII. 
    En esta etapa la alianza monarquía-iglesia será de vital importancia, ya que, debido a la visión providencialista del mundo, se creyó que todo acto humano era realizado directamente por intervención de dios, en otras palabras, el ánimo de lucro, encontró su justificación argumentando que si los españoles habían llegado a territorio inca, siendo rey de España Carlos V, fue porque así lo había dispuesto dios, y que por voluntad divina, el monarca debía cumplir con la misión de conversión y evangelización de los nativos  en América , además de no desfallecer en sus guerras religiosas por Europa.
    Durante la primera mitad del siglo XVI, Carlos de Habsburgo, el nieto de los Reyes Católicos, fue elegido emperador del Imperio Germánico. Sobre la base de los territorios de la Casa de Austria (a la que pertenecía su padre, Felipe de Habsburgo) y los territorios de Castilla y Aragón (que había heredado su madre Juana), Carlos V se propuso reconstruir un imperio universal cristiano. Amplió su base territorial en Europa y justificó la extensión de su dominio en defensa de la religión católica.
    Carlos V Habsburgo fue el creador del primer imperio colonial moderno. Sobre su imperio nunca se ponía el sol: era un Imperio sin crepúsculo.
    A finales del siglo XVI los envíos de plata desde América habían llegado a sus niveles más altos entre 1590 y 1600, testimoniando que esta empresa fue de lucro y de expoliación de las tierras del nuevo mundo, acciones recubiertas con hábiles maniobras de distorsión zalameramente adornadas con la justificación religiosa de salvar y adoctrinar a los infieles nativos. Aquí se marca el inicio de la globalización de esta tierras.
En esta fecha nos acordamos que también un Habsburgo fue el que contribuyo al devenir del Perú.

9 de julio de 2011

La necesidad de las artes liberales

Catedral de Cividale

En este escrito recojo información sobre el contenido del trívium y del cuatrivium medieval [1]. Considero que es de importancia rescatarlos como concepto a la hora de pensar la naturaleza de la enseñanza en el ámbito técnico frente a las concepciones miopes de carácter seudo tecnocrático.


Las artes liberales

Las siete artes liberales – Imagen del Hortus Deliciarum  de Herrad von Landsberg.  (siglo XII)

EL TRIVIUM Y EL QUADRIVIUM
Debido a la opinión negativa que algunos Padres de la Iglesia manifestaron en relación con la cultura antigua, se abandono durante largo tiempo la enseñanza de las artes liberales. En las escuelas monásticas y episcopales se enseñaba solamente lo necesario para entender la Biblia y el canto dejando de lado las "sutilezas" de la gramática y de la oratoria. Situación que hoy día veo se repite, con igual miopía, en los ámbitos técnicos.
    Alcuino, consejero intelectual de Carlomagno, los adoptó como base de la reforma escolar llevada a cabo durante el periodo del Renacimiento carolingio. Las artes liberales conformaban la parte central del currículo de las universidades. En las teorías educativas medievales el quadrivium seguía el trabajo preparatorio del trívium. Aunque el esquema de trívium y quadrivium se conoce a veces como "educación clásica", se corresponde fundamentalmente con un desarrollo medieval  que llega a los siglos XII y XIII.
    El ámbito y alcance de las artes liberales evolucionó en el tiempo. Inicialmente se refería a la educación de las élites en los clásicos. Boecio [2], el "último romano, el primer escolástico", en un intento casi desesperado de transmitir a los nuevos dueños de Italia la civilización clásica, permanece en el reino de los ostrogodos para intentar enseñarles los rudimentos del quadrivium .

Tríptico de Boecio

Del siglo VI en adelante, el sistema medieval de estudios académicos se corresponderá con el esquema doble de los contenidos del trívium y quadrivium pero con la aparición de las Humanidades y de la Ciencia en la época de la Ilustración, el significado de "artes liberales" se extiende confusamente hasta abarcar ambas. Ocupaciones como la arquitectura, las ingenierías, y la medicina p.e. aún se excluyen de las artes liberales generando problemas dramáticos en la formación.

QUADRIVIUM
En latín, quadrivium significa cuatro caminos. El término proviene de la secta de los pitagóricos, cuyo líder era Pitágoras. Estos daban gran importancia a la educación, cuyo objeto era conseguir la moderación y el dominio de uno mismo, imitando el orden y armonía del universo.
    Las cuatro ciencias que enseñaban (aritmética, astronomía, geometría y música) formarían las bases de la educación de la Edad Media (el quadrivium). Arquitas (428 a. C. - 347 a. C.) sostuvo que la matemática estaba constituida por la astronomía, la geometría, la aritmética y la música.
    En la Edad Media, cuatro de las siete artes liberales tenían índole matemática: aritmética, astronomía, geometría y música, que se estudiaban siguiendo al trívium, como parte de  las enseñanzas escolásticas. Se consideraba que la Aritmética era el estudio del número en estado puro, que la Geometría era el estudio del espacio en estado puro, que la Música era el estudio del número en movimiento y que la Astronomía era el estudio del espacio en movimiento.

TRIVIUM
El trívium (del latín, trívium (tri-: 'tres (veces), triple' y vía: 'camino'), confluencia de tres caminos) se refiere al conjunto de tres de las siete artes liberales relativas a la elocuencia: gramática, retórica y dialéctica (o lógica) típicas de las que organizaban los estudios formales en la Antigüedad y la Edad Media.
El concepto de arte liberal, heredado de la antigüedad clásica, hace referencia a su cultivo por "hombres libres" en oposición a las "artes serviles".
    El término artes liberales designaba los estudios que tenían como propósito ofrecer conocimientos generales y destrezas intelectuales antes que destrezas profesionales u ocupacionales especializadas, las llamadas Artes Manuales, Artes Menores.
    Fueron recopiladas por el escritor Martianus Capella en el año 400 dC, en su Satyricon. En el Medioevo la iglesia adoptó su enseñanza y fue un tema muy utilizado en la iconografía medieval.
Las siete artes liberales que se enseñaban en la antigüedad comprendían estos dos grupos de estudios: el trivium y el quadrivium. Eran éstas (acompañadas de su materia principal en latín):

•    la gramática, lingua "la lengua";
•    la dialéctica, ratio "la razón";
•    la retórica, tropus "las figuras";
•    la aritmética, numerus "los números";
•    la geometría, angulus "los ángulos";
•    la astronomía, astra "los astros";
•    la música, tonus "los cantos".

Durante la Edad Media, las artes liberales conformaban la parte central del currículo de las universidades. Alcuino, consejero intelectual de Carlomagno, las adoptó como base de la reforma escolar llevada a cabo durante el periodo del Renacimiento carolingio. En las teorías educativas medievales el quadrivium seguía el trabajo preparatorio del trivium. Aunque el esquema de trivium y quadrivium se conoce a veces como "educación clásica", se corresponde fundamentalmente con un desarrollo medieval que llega a los siglos XII y XIII.
Capilla Palatina. Aquisgrán

En la actualidad aún se excluyen de las artes liberales ocupaciones específicas como la agricultura, los negocios, la ingeniería, la arquitectura la pedagogía, la medicina o la farmacia. Sin embargo, no necesariamente quienes siguen estas artes liberales, se benefician del conocimiento que imparten las instituciones encargadas de su  enseñanza.
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En este escrito la época medieval  la considero comprendida entre el saqueo de Roma en el 410 y la caída de Constantinopla en el 1500
Cfr. Copleston, Frederick Copleston [1950]. A History of Philosophy. Vol. II: Medieval Philosophy: From Augustine to Duns Scotus. Westminster, Md.: The Newman Press.
Copleston, Frederick Copleston [1953]. A History of Philosophy. Vol. III: Late Medieval and Renaissance Philosophy. Westminster, Md.: The Newman Press.

La importancia de Boecio probablemente se basa más en sus traducciones y sus comentarios. Boecio fue bien educado, y sabía griego y no sólo el idioma sino la cultura intelectual. Boecio se propuso el objetivo de traducir Platón y Aristóteles al latín, escribió comentarios sobre la totalidad de ese material, y luego escribió otra obra para demostrar que Platón y Aristóteles en esencia dijeron lo mismo.

2 de julio de 2011

Giorgio Agamben: Estado de Excepción

Vuelvo a adjuntar comentarios al libro de Giorgio Agamben: Estado de Excepción, por considerarlo de actualidad en el medio local.



En el siglo XX asistimos, según Giorgio Agamben, a un hecho paradojal y preocupante, en la medida en que pasa inadvertido para la mayoría de los ciudadanos: vivimos en el contexto de lo que se ha denominado una “guerra civil legal”. El totalitarismo moderno se define como la instauración de una guerra civil legal a través del estado de excepción, y esto corre tanto para el régimen nazi como para la situación vivida en los EE.UU. durante la presidencia de George W. Bush.
       Estado de excepción enfoca una de las nociones centrales de la obra de Agamben: ese momento del derecho en el que se suspende el derecho, precisamente para garantizar su continuidad e inclusive su existencia. O también: la forma legal de lo que no puede tener forma legal, porque es incluido en la legalidad a través de su exclusión. Su tesis de base es que el “estado de excepción”, ese lapso –que se supone provisorio– en el cual se suspende el orden jurídico, se ha convertido durante el siglo XX en forma permanente y paradigmática de gobierno. Una idea que Agamben retoma de Walter Benjamin, en especial de su octava tesis de filosofía de la historia, que Benjamin escribió poco antes de morir, y que dice: “La tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en el cual vivimos es la regla. Debemos adherir a un concepto de historia que se corresponda con este hecho”.
       En este nuevo libro Agamben hace una reconstrucción histórica de la noción misma de “estado de excepción”, analiza su sentido en la política de Occidente y reflexiona sobre su vigencia en la actualidad, en especial a partir de la Primera Guerra Mundial.
     El filósofo italiano explica por qué "el estado de excepción", es la forma paradigmática de gobierno.
Agamben rastrea en la literatura jurídica y filosófica la progresiva puesta a punto de los mecanismos de un estado de excepción que se supone provisorio, pero que hoy se ha convertido en una forma paradigmática de gobierno.
    Agamben sacudió el escenario del debate conceptual europeo con una obra que supo imponerse también como ineludible en América latina.
    Agamben vuelve a inmiscuirse en la relación entre vida, política y derecho, una articulación que caracteriza su original lectura sobre las formas de organización de la existencia humana contemporáneas.
    El libro realiza un recorrido histórico sobre el nacimiento del instrumento jurídico del estado de excepción y su sentido en la actualidad occidental. Invita a reflexionar acerca de aquello que estamos dispuestos a sacrificar en nombre de la emergencia, así como de hasta qué punto corresponde delimitar el umbral en el que el permiso de excepción jurídica está permitido.
    Este texto invita a una mirada crítica sobre acontecimientos tan cercanos como la suspensión de derechos civiles por George Bush en Estados Unidos, luego de los atentados de 2001; la invasión a Irak y los prisioneros de Guantánamo; pero también merece ser leído desde una historia más local, las ausencias del estado de derecho y la persistencia de gobierno de facto, o sus posibilidades cercanas.
Munido de una sólida formación filosófica y jurídica, Agamben reflexiona sobre la democracia y el lugar de la política en el mundo contemporáneo."

Adjunto parte del articulo publicado por Scielo Rev. cienc. polít. (Santiago) v.25 n.1 Santiago

State of Exception alude explícitamente a los poderes de emergencia asumidos por el presidente George W. Bush tras los atentados del 2001. Ese hecho coyuntural es la excusa para reclamar, siguiendo a Walter Benjamin, que estas situaciones se han convertido, desde mediados del siglo XX, en la norma más que la excepción. Agamben critica los análisis de constitucionalistas como Carl Friedrich y Clinton Rossiter, quienes poco después de la Segunda Guerra Mundial vieron en la "dictadura constitucional" una institución republicana que, correctamente regulada, podría ayudar a la preservación del Estado en momentos de crisis severas.
    Para Agamben, los estados de excepción no tienen su modelo en la dictadura de la antigua Roma, una forma jurídica que permitía al Senado, con participación de los Cónsules y, en algunos casos, de los Tribunos de la Plebe -es decir, por acuerdo de todos los poderes del Estado- declarar una emergencia y nombrar, por un plazo de seis meses, a un dictador con plenas facultades para enfrentarla. En lugar de seguir ese esquema, el autor sugiere que los estados de excepción contemporáneos imitan otra institución romana: el iustitium, una suspensión de todo orden legal que creaba un verdadero vacío jurídico. Los estados de excepción no tienen, entonces, nada de constitucional. No hacen más que suspender toda legalidad, dejando a los ciudadanos a merced de lo que él llama "poder desnudo". Para Agamben, no tiene sentido esgrimir criterios de temporalidad y extrema necesidad para justificar el estado de excepción; todo intento por limitar el poder en una situación de emergencia es vano.
     El argumento no es completamente novedoso. Repite, hasta cierto punto, la tradicional discusión entre el pensamiento republicano a favor de codificar normas de excepción -representado en autores como Maquiavelo y Rousseau- y la mirada liberal de Constant, para quien toda concentración excesiva de poder inevitablemente lleva a su usurpación. Pero aunque enfrentado a esa disyuntiva Agamben estaría del lado de los liberales, su argumento en este libro no es la defensa de las libertades individuales contra intervenciones ilegítimas del Estado. El autor no formula una propuesta normativa al estilo del pensamiento liberal, sino que se propone simplemente mostrar que estamos frente a un cambio de paradigma, donde la excepción está haciendo desaparecer la distinción entre la esfera pública y la privada. El Estado de derecho, en este nuevo esquema, es desplazado cotidianamente por la excepción, y la violencia pública queda libre de toda atadura legal.
    El nuevo paradigma de gobierno que hace de la excepción la norma implica eliminar toda distinción entre violencia legítima e ilegítima. No se trata, por lo tanto, de defender las libertades individuales o los derechos civiles, o de atacar determinados abusos de poder. No se trata, en realidad, de defender nada, sino simplemente de mostrar que la violencia pública es incontenible y encogerse de hombros. Pero, ¿es realmente lo mismo que le tomen a uno las huellas digitales en un aeropuerto que ser sometido a métodos crueles de interrogación en una base militar? Para Agamben, la respuesta parece ser afirmativa. El libro es una apocalíptica advertencia de que lo que hoy entendemos por democracia y Estado de derecho se está convirtiendo, progresivamente, en una ficción, porque la excepción se ha vuelto la norma.
    Esta lectura pulveriza la noción weberiana del Estado como el monopolio del uso legítimo de la fuerza, y la reemplaza por una visión anárquica donde violencia pública y violencia privada se vuelven indistinguibles. Codificar o no se torna irrelevante, porque el desarrollo de los estados de excepción "es independiente de su codificación constitucional o legal".
    Las causas del estado de excepción están sorprendentemente ausentes del análisis. Agamben no contempla la posibilidad de que el vacío legal provenga de factores externos al Estado o al sistema jurídico mismo, y que el estado de excepción sea un intento por cerrar ese vacío y restablecer la legalidad. Para él, es siempre la declaración de la excepción la que genera ese vacío, independiente de las causales de necesidad esgrimidas para convocarlo. En el proceso de exponer este nuevo paradigma que normaliza la excepción, los hechos empíricos tienen en este libro un valor más anecdótico que científico. Aspectos que podrían interesar a historiadores o cientistas políticos son tratados como meras digresiones del argumento central. Es el caso, por ejemplo, del sustancial apartado que reconstruye la historia de los estados de excepción en Francia, Alemania, Suiza, Italia, Gran Bretaña y Estados Unidos. A pesar de ocupar casi un quinto del texto, la sección no tiene el estatus de un párrafo central del argumento -todos los párrafos están numerados- sino que aparece como una nota al margen.
    Es cierto que, a partir de las Guerras Mundiales, los estados de excepción se han hecho más visibles. Por un lado, es posible interpretar con Agamben que lo que está ocurriendo es una colonización de la esfera privada por parte de lo que antes era la violencia política. Pero también es posible pensar que hoy existen más regulaciones, más control democrático, lo que hace más visibles las violaciones del Estado de derecho. Nuevos problemas como la "guerra contra el terrorismo" plantean nuevos desafíos teóricos. Tal vez sea posible encontrar un camino que no implique ni la complacencia de quienes afirman que el actual ordenamiento legal es adecuado para enfrentar emergencias de manera responsable y democrática -la evidencia parece indicar lo contrario- ni, como en el caso de Agamben, el pesimismo extremo sobre la posibilidad de mantener la distinción entre norma y excepción.

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