4 de mayo de 2019

LA NUEVA OLA, NOUVELLE VAGUE

LA NUEVA OLA



Nouvelle vague (Nueva ola) es la denominación que la crítica utilizó para designar a un nuevo grupo de cineastas franceses surgido a finales de la década de 1950. Los nuevos realizadores reaccionaron contra las estructuras que el cine francés imponía hasta ese momento y, consecuentemente postularon como máxima aspiración, no sólo la libertad de expresión, sino también libertad técnica en el campo de la producción fílmica.

Desarrollo

El apelativo Nouvelle vague surge cuando muchos de los críticos y escritores de la revista especializada Cahiers du Cinéma (Cuadernos de Cine) —fundada en 1951 por André Bazin— deciden incurrir en la dirección de filmes hacia finales de los años cincuenta, tras haber desempeñado la profesión de guionistas durante los años precedentes. Tales son los casos de François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer o Claude Chabrol, y sobre todos ellos su precursor Jean Pierre Melville

Entre los referentes que inspiraron a esta “nueva ola” de la producción cinematográfica francesa, es posible citar al célebre André Bazin, del cual adoptaron la necesidad de retratar la realidad organizando la percepción de las obras de un modo sumamente verosímil en cuanto al desarrollo de las vicisitudes de los personajes. Para Bazin, el realismo es ontológico en el cine, es decir, connatural al carácter automático y mecánico de la reproducción cinematográfica, y las películas que mejor lo interpretan y que más se aproximan a la esencia del cine son aquellas que reducen al mínimo las intervenciones manipuladoras y artificiales. 

De manera similar, en 1948, el director y crítico de cine Alexandre Astruc proclamó un nuevo estilo fílmico, la "cámera-stylo"; se trata del cine de autor, en el que el director tenía que encontrarse creativamente por encima de todo y la película tenía que nacer de él: "Si el escritor escribe con una pluma o un bolígrafo, el director escribe con la cámara". Todas estas ideas se convirtieron para los autores de la nouvelle vague en sugerentes conceptualizaciones teóricas, debido a que se habían convertido en verdaderos cinéfilos a base de haber absorbido innumerables películas en la Cinémathèque française, donde los conceptos de "autor" y "autoría" gozaban de gran capital simbólico.

Un aspecto fundamental que va a favorecer el cambio en el cine francés es el hecho de que en 1958, terminada la guerra de independencia de Argelia, Charles De Gaulle, presidente de la República, nombra como ministro de cultura a André Malraux, que va a impulsar una legislación proteccionista favorable a los cineastas noveles y al cine de calidad.

Además, en esa época se constituye una nueva ola de espectadores cinéfilos, formados en la asistencia a cineclubs, que se hallan dispuestos a acoger toda novedad en el terreno cinematográfico. Una encuesta sobre la juventud francesa le permitió a la periodista Françoise Giroud hablar en diciembre de 1957 de una “nouvelle vague”, acuñando este término que va a denominar el cambio de postura de cineastas como Jean-Luc Godard, François Truffaut o Alain Resnais, entre los más destacados.

La Nouvelle Vague comienza a tomar forma en 1958, cuando Claude Chabrol dirige dos películas gracias al dinero que su mujer obtiene de una herencia. Serán las obras de Truffaut Los 400 golpes (1959) y Alain Resnais Hiroshima mon amour (1959) las que despertaron la atención y sentenciaron el advenimiento del nuevo fenómeno cinematográfico. El proceso de consolidación de la Nouvelle Vague quedó de manifiesto en el Festival de Cannes de 1959, donde resultaron ganadores: Truffaut recibe el premio a la dirección por su película Los cuatrocientos golpes (Orfeo negro de Marcel Camus fue galardonada con la Palma de Oro) y Resnais obtuvo un gran éxito con su obra Hiroshima mon amour.

Las películas surgidas durante 1959 se caracterizaban por su espontaneidad, con grandes dosis de improvisación, tanto en el guion como en la actuación; con iluminación natural, siendo rodadas fuera de los estudios y con muy poco dinero; pero rebosantes de entusiasmo, atravesadas por el momento histórico en todas las tramas. Las historias solían ser cantos a la plenitud de la vida, el deseo de libertad como valor central en todas sus dimensiones, y un nuevo modo de asumir la adultez desde la óptica de un espíritu joven (juvenilismo).

Este grupo surgió en contraposición con el cine de calidad (“cinéma de qualité”), anquilosado en las viejas glorias francesas. Por ejemplo, François Truffaut arremetió en la revista Cahiers du Cinéma contra el “cinéma de qualité” francés y contra su pretendido realismo psicológico en un artículo titulado “Una cierta tendencia del cine francés”. Truffaut protesta de la abrumadora dominante literaria del cine francés, que es más un cine de guionistas que de realizadores. Paradójicamente, estos nuevos autores obtuvieron su sitio en la industria, siendo el caso de François Truffaut el más evidente, así como también el de Claude Chabrol. Sin embargo, a pesar de haber penetrado en la industria cinematográfica, estos cineastas nunca dejaron de producir un cine muy personal y notoriamente alejado de los gustos dictados por las modas.

Frente a ellos se erigió al mismo tiempo otro movimiento, erróneamente enmarcado en la Nouvelle Vague, llamado "Rive Gauche", que surgió a la vera de la revista Positif con cineastas teóricamente más vanguardistas como Alain Resnais, Chris Marker y los escritores Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet. El cine de estos se caracterizaba por ser más retórico, literario, elaborado y cuidadoso que sus colegas de la "Nouvelle Vague". Destacan los primeros films de Resnais (Hiroshima, mon amour, El año pasado en Marienbad, Te amo, te amo), La Jetée de Marker, Trans Europe Express de Robbe-Grillet e India Song de Duras.

Características

Los jóvenes realizadores e impulsores de la Nouvelle Vague se caracterizaron por:
Poseer un bagaje cultural cinematográfico importante, obtenido en las Escuelas de Cine y en la Cinemateca Francesa.

Forjar su estilo a través de la crítica en la revista Cahiers du Cinéma. Se trataba de verdaderos cinéfilos, y sus películas se colmaron de referencias y citas de homenaje a sus realizadores más admirados, sobre los que incluso han escrito libros.
Defender el cine de directores como Howard Hawks, John Ford, Alfred Hitchcock, Samuel Fuller, etc., así como también el cine realista y visual de Jean Renoir, Robert Bresson, Jacques Tati, Max Ophuls, etc.

La preparación teórica y el deseo de renovar el cine les impulsó a redescubrir la “mirada” de la cámara y el poder creador del montaje, pues se reconocían férreos admiradores de Orson Welles.
Tratar en sus películas la condición humana desoladoramente aislada en el marco de la sociedad pequeño burguesa de la posguerra.

Considerar el cine como una especie de autoconocimiento personal, por lo que en sus películas aparecen claras referencias personales.

Las innovaciones técnicas y los bajos costes de los instrumentos necesarios para la realización de filmes contribuyeron a la emergencia de esta corriente. Las cámaras ligeras de 8 mm y 16 mm (formatos no profesionales) y las nuevas emulsiones más sensibles hicieron posible que se rodara sin iluminación artificial, cámara al hombro y en locaciones naturales, es decir, sin necesidad de montar grandes escenografías en monumentales estudios cinematográficos.

Ello conduce a un estilo de reportaje, con tomas largas, forma despreocupada y una duración de rodaje que se reduce a unas pocas semanas. Aportan un nuevo uso de la fotografía, en blanco y negro, que se sirve en interiores de una iluminación indirecta, rebotada, para generar así un ambiente realista al estilo de las iluminaciones difusas de Murnau, lo que permite rodar con ligereza y que la cámara siga a los actores de forma más natural. Su técnica es casi artesanal, con un equipo técnico reducido, sin estrellas importantes y con una interpretación improvisada por actores jóvenes. En suma, es un cine realista, bajo la influencia del Neorrealismo italiano y del lenguaje televisivo, que trata sobre temas morales aunque no hurgue en las causas del comportamiento de los personajes.

En definitiva, la contribución de la nouvelle vague supone una enérgica renovación del lenguaje cinematográfico al redescubrir la capacidad de la “mirada” de la cámara, el poder creador del montaje y otros recursos caídos en desuso. Su aportación sirve para reafirmar la noción de cine “de autor” y para introducir la inventiva en los métodos de trabajo, sacando provecho de las novedades técnicas, como cámaras ligeras, emulsiones hipersensibles, lámparas sobrevoltadas, iluminación por reflexión, y afinando y enriqueciendo las posibilidades expresivas del lenguaje cinematográfico.

El lenguaje cinematográfico

El cambio que se supone que marcó la Nouvelle Vague en el mundo del cine fue la alternativa tanto estética, la manera de producir, como en el contenido de los films. La Nouvelle Vague cambió la percepción de realidad a través del cine. Mientras en los films clásicos se trataba de rodar películas para representar una historia determinada, en los films modernos se rueda para mostrar el sentido de una realidad opaca. A través de la metodología y las técnicas de estos cineastas se obtienen unas imágenes inestables que comprenden contradicciones y también mucho más expresivas que representativas.

Las películas de este movimiento eran normalmente de bajo presupuesto, gracias a varias leyes que aportó el Estado, el cual propuso una nueva manera de producir que no necesitaba grandes cantidades de dinero. A pesar de que las salas de los cines franceses estaban cada vez más vacías debido a otras leyes y el aumento de precio de las entradas, el presupuesto para realizar las películas acabó bajando de forma que se podían realizar 5 películas al precio de una.

Según Godard, la Nouvelle Vague era un tipo de cine puro y verdadero, del que podemos analizar muchas partes, pero del que llegamos a la primera conclusión es que la directriz más importante de su lenguaje y de la pura esencia era la libertad de movimiento de los directores en ámbitos de cámara y de la narración. Si bien es cierto que todas las historias ya han sido explicadas, también lo es que se puede cambiar la manera de hacerlo, esto es lo que viene a decir Godard. La Nouvelle Vague intenta film tras film innovar en ámbito de la imagen fílmica, pero también en la narración de las historias, explicar historias de amor, de comedia, pero de forma que el espectador no las reconociera o atribuyera a las historias que ya habían sido filmadas anteriormente.

La libertad es primordial en el movimiento por la gran importancia que tenía el contexto político y social en este. La guerra de Argelia y los hechos de mayo de 1968 fueron puntos claves para que los directores cinematográficos tuvieran un claro objetivo que mostrar en sus films: la búsqueda de la libertad “personal” con la que podemos relacionar, con un tipo de metáfora, en la necesidad de la liberación de la sociedad encadenada en un sistema capitalista que no hacía más que convertir a las personas en mercancías y en la sociedad del espectáculo (como denomina Debord). La libertad de acción del cine de la Nouvelle Vague emprende un cine totalmente diferente a todo el que se había creado anteriormente, a pesar de que evidentemente encontramos referentes como Hitchcock u otros; es una manera de romper con los esquemas del cine clásico.

El montaje se caracterizó por la discontinuidad, donde la temporalidad de las acciones y de las escenas era mucho más compleja y el orden de los planos estaba alterado. Dando así una nueva perspectiva más retorcida, pero más realista. A diferencia del que era el montaje tradicional, que pretendía pasar desapercibido. Godard pretende atraer la atención del espectador sobre el proceso de filmación que empleaba.

Los planos más frecuentados fueron claves para mostrar un realismo que el espectador pueda captar y sentir.

Otra de las características más importantes en el rodaje es que este era casi siempre en exteriores o interiores mucho más naturales; este hecho daba un estilo que era más similar al reportaje. Este aspecto también daba la opción a la cámara de poder moverse con una mayor amplitud y crear nuevos espacios cinematográficos. El efecto de exterior daba más luminosidad a la escena de forma que el espectador podía sentirse más cerca a esta, poder adentrarse más en los detalles mostrados y alejarse de la artificialidad que mostraban muchas de las escenas en lugares interiores con decorados preparados.

Los nuevos movimientos de cámara como son el travelling o la panorámica, que introdujeron los directores de la Nouvelle Vague, quedaron más subrayados y aumentó la fluidez de este nuevo lenguaje puesto que daba libertad y realidad a las imágenes, superponiéndose a la superficialidad e irrealidad del cine clásico. Una nueva manera de acercar el film al espectador y a la inversa.

El travelling era una manera de grabar en que el espectador podía adentrarse dentro de la escena, el movimiento permitía transmitir esta sensación de movimiento en el receptor de la imagen haciendo así que la recepción del mensaje fuera la adecuada. La panorámica brindaba la oportunidad de mostrar toda la escena, sin restringirse sólo en la parte a la que llegaba el objetivo de la cámara. El espectador podía apreciar todos los elementos que jugaban y actuaban en la escena.

También introducen una nueva perspectiva de la fotografía en blanco y negro que aporta una iluminación indirecta en los interiores, cuando las imágenes no estaban grabadas en exteriores, generando así un ambiente más realista. Estas técnicas trataban de enviar la luz hacia una placa de aluminio que se situaba normalmente al techo, consiguiendo que rebotara de forma suave sobre los actores y que también iluminara todas las partes de la estancia sin sombras muy violentas. Además, las nuevas cámaras ofrecían una gran calidad de imagen, aunque la iluminación no fuera directa o artificial.

Por último, el uso de un nuevo aparato llamado magnetófono, concepto el cual apareció por primera vez anunciado en el número 63 de Cahiers du Cinéma, multiplicó el uso de la presa de sonido directo. 
De este modo el micrófono adquiría mayor libertad para poder captar ruidos de varios lugares: desde voces de los personajes hasta cantos de los pájaros más lejanos. Gracias a los bajos costes de estos nuevos aparatos los productores no tuvieron gran problema en poder financiarlos. Además de la mejora del sonido, también hay que dar relevancia a la voz en off que a menudo se mostraba en los films y también la música que se sentía en estos. La voz en off en una gran parte de los films era una manera de recurrir al sentimiento y a la percepción del espectador de forma que podía llegar a introducirse en su mente como un tipo de narración de las imágenes cinematográficas.

Principales autores
Los principales cineastas de la nouvelle vague son:

Claude Chabrol, Jean-Luc Godard, Louis Malle, Jacques Rivette, Éric Rohmer, François Truffaut, Roger Vadim

Películas

El bello Sergio (1958) de Chabrol. , Los 400 golpes (1959) de Truffaut.
Hiroshima mon amour (1959) de Resnais. Al final de la escapada (1960) de Godard.
Paris nous appartient (1961) de Rivette. Jules et Jim (1961) de Truffaut.
Le répos du guerrier (1962) de Vadim. Cleo de 5 a 7 (1962) de Varda.
Fuego fatuo (1963) de Malle. La guerra ha terminado (1966) de Resnais.
La coleccionista (1967) de Rohmer. Besos robados (1968) de Truffaut.
Mi noche con Maud (1969) de Rohmer. Domicilio conyugal (1970) de Truffaut.
El amor después del mediodía (1972) de Rohmer.

https://es.wikipedia.org/wiki/Nouvelle_vague

NUEVA OLA LITERARIA

Nueva ola literaria Los años transcurridos

La Nueva Ola Artículo principal: Nueva ola literaria

 Los años transcurridos entre 1965 y 1972 son el período de mayor experimentación literaria de la historia del género. En Reino Unido, se puede asociar con la llegada de Michael Moorcock a la dirección de la revista New Worlds. Moorcock, entonces un joven de 24 años, dio espacio a las nuevas técnicas ejemplificadas en la literatura de William Burroughs y J.G. Ballard. Los temas empezaron a distanciarse de los tan manidos robots e imperios galácticos de las edades de oro y plata de la ciencia ficción, centrándose en temas hasta entonces inexplorados: la consciencia, los mundos interiores, relativización de los valores morales, etcétera. 

En Estados Unidos, los ecos de los cambios experimentados en el panorama británico tuvieron su reflejo. Autores como Samuel Ray Delany, Judith Merril, Fritz Leiber, Roger Zelazny, Philip K. Dick, Philip José Farmer y Robert Silverberg, representan la esencia de las nuevas vías de este género literario. El Cyb

La Nueva Ola: el gran cambio en la ciencia ficción

PUBLISHED ON 2 noviembre, 2017 by Daniel Arrebola
frank-frazetta-space-opera
Ilustración Space Opera por Frank Frazetta

La ciencia ficción de antes
La Nueva Ola (New Wave o New Things en inglés) fue una corriente literaria que nació durante la década de los setenta con el objetivo de revolucionar la ciencia ficción. En los años anteriores, el Space Opera era la corriente más popular dentro de la ciencia ficción. Colosales imperios galácticos y sus multitudinarias batallas entre humanos y alienígenas llevaron al género a un punto de estancamiento.

Los mundos del Space Opera presentaban planetas muy diversos y originales, con sus propias atmósferas y especies. Pero sus personajes acabaron cayendo en unos estereotipos excesivamente planos, al igual que sus tramas. Este subgénero tomaba como referencia el viaje del héroe de la forma más evidente, sin ahondar en las ideas o en las metáforas, con un claro enfrentamiento entre héroes y villanos, diferenciando con precisión entre el bien y el mal, o tratando de salvar a la eterna dama en apuros.

El nacimiento de la Nueva Ola

En el año 1964, el autor británico Michael Moorcock quiso cambiar el panorama de la ciencia ficción, alentando a una experimentación que proporcionara de mayor realismo a los personajes. Para ello, tomó el trabajo de editor en la revista New Worlds donde exigió a los autores ahondar en los elementos narrativos centrados en la psique de los personajes. Trató de alejarse del estereotipo de personajes planos de la ciencia ficción anterior.

La Nueva Ola trajo nuevos temas con sus relatos. Se comenzó a hablar de sexo sin tapujos, criticaron las religiones y su influencia en la sociedad e incluso añadieron protagonistas con mentalidad de psicópata que contrastaban con los tipos buenos de antes.

La influencia dentro del género

La revista británica revolucionó el panorama. Se quedó atrás la ciencia ficción de divulgación o de aventuras. El escritor norteamericano Harlan Ellison decidió crear en 1967 una antología de historias de ciencia ficción llamada Visiones Peligrosas. Se inspiró en la tendencia de New Worlds. Reunió a autores de renombre como Philip K. Dick, Robert Silverberg, Frederik Pohl, Philip José Farmer, J. G. Ballard, John Brunner o Norman Spinrad entre otros. Incluso contaba con el prólogo de Isaac Asimov.

La ciencia ficción, con su nueva tendencia, se preocupó más por el futuro de ahora que por el futuro lejano. La tecnología repercutía en el mundo donde vivían y se quiso mostrar. Las consecuencias de la contaminación o la deshumanización que acarrea la tecnología se vuelven temas más recurrentes que la colonización de otros planetas. Encontramos una sociedad más pesimista que los mundos idealizados de sus predecesores. Las drogas, la delincuencia, el abuso de poder o la pobreza se instalan para trascendencia del género. Ganando en calidad y profundidad.

La Nueva Ola atrapó a nuevos lectores. Antes, la ciencia ficción se veía como literatura para adolescentes. También hubo autores que renegaron de estas ideas y trabajaron corrientes literarias distintas.

En 1970 salió el último número de New Worlds, el 200. Los grandes distribuidores se volvieron contra la revista debido al lenguaje obsceno que contenía. Entonces, la corriente se dio por finalizada.
ciberpunk nueva ola

Neones, tecnología y decadencia con el cyberpunk

A pesar de su fin, los temas y la nueva profundidad no quedaron en el olvido. La ciencia ficción ganó en calidad literaria con el desarrollo psicológico de los personajes, con sus temáticas más adultas y cercanas. Incluso surgieron nuevos subgéneros como el cyberpunk, considerado por algunos el predecesor de la Nueva Ola.

https://mundosdeleyendas.com/reportaje/la-nueva-ola-cambio-ciencia-ficcion/

12 de octubre de 2018

La entropía del agujero negro y el cabello suave: Stephen Hawking

Último artículo científico de Stephen Hawking publicado


La entropía del agujero negro y el cabello suave se completaron en los días previos a la muerte del físico en marzo.




• Agujeros negros y cabello suave: por qué es importante el trabajo final de Stephen Hawking

 Stephen Hawking. Fotografía: Murdo Macleod para el Guardián.

El último artículo científico de Stephen Hawking ha sido publicado por físicos que trabajaron con el difunto cosmólogo en su esfuerzo a lo largo de su carrera para comprender qué sucede con la información cuando los objetos caen en agujeros negros.

El trabajo, que aborda lo que los físicos teóricos llaman "la paradoja de la información", se completó en los días previos a la muerte de Hawking en marzo. 

Ahora ha sido escrito por sus colegas en las universidades de Cambridge y Harvard y publicado en línea.

Malcolm Perry, profesor de física teórica en Cambridge y coautor del artículo, Black Hole Entropy y Soft Hair, dijo que la paradoja de la información estaba "en el centro de la vida de Hawking" durante más de 40 años.

"Todavía no tenemos la tecnología para verificar las grandes ideas de Stephen Hawking"

Los orígenes del rompecabezas se remontan a Albert Einstein. En 1915, Einstein publicó su teoría de la relatividad general, un recorrido de fuerza que describía cómo la gravedad surge de los efectos de la materia en el espacio-tiempo, y por qué los planetas giran alrededor del sol. Pero la teoría de Einstein también hizo importantes predicciones sobre los agujeros negros, en particular que un agujero negro puede definirse completamente con solo tres características: su masa, carga y giro.

Casi 60 años después, Hawking añadió a la imagen. Argumentó que los agujeros negros también tienen temperatura. Y como los objetos calientes pierden calor en el espacio, el destino final de un agujero negro es evaporarse de la existencia. Pero esto plantea un problema. Las reglas del mundo cuántico exigen que la información nunca se pierda. Entonces, ¿qué sucede con toda la información contenida en un objeto, la naturaleza de los átomos de una luna, por ejemplo, cuando cae en un agujero negro?

"La dificultad es que si arrojas algo en un agujero negro, parece que desaparece", dijo Perry. "¿Cómo podría recuperarse la información en ese objeto si el agujero negro desaparece por sí mismo?"

En el último artículo, Hawking y sus colegas muestran cómo, por lo menos, se puede conservar cierta información. Tire un objeto en un agujero negro y la temperatura del agujero negro debería cambiar. También lo hará una propiedad llamada entropía, una medida del desorden interno de un objeto, que aumenta cuanto más se calienta.

Los físicos, incluyendo a Sasha Haco en Cambridge y Andrew Strominger en Harvard, muestran que la entropía de un agujero negro puede ser registrada por fotones que rodean el horizonte de eventos del agujero negro, el punto en el que la luz no puede escapar de la intensa atracción gravitacional. Llaman a este brillo de fotones "cabello suave".

"Lo que hace este documento es mostrar que el" cabello suave "puede explicar la entropía", dijo Perry. "Te está diciendo que el cabello suave realmente está haciendo lo correcto".




Sin embargo, no es el final de la paradoja de la información. "No sabemos que la entropía de Hawking representa todo lo que podrías lanzar en un agujero negro, por lo que este es realmente un paso en el camino", dijo Perry. "Creemos que es un buen paso, pero hay mucho trabajo por hacer".

Días antes de que Hawking muriera, Perry estaba en Harvard trabajando en el papel con Strominger. No sabía qué tan enfermo estaba Hawking y llamó para darle una actualización al físico. Pudo haber sido el último intercambio científico que tuvo Hawking. “Para Stephen fue muy difícil comunicarse y me pusieron un altavoz para explicar dónde habíamos llegado. Cuando lo expliqué, él simplemente produjo una enorme sonrisa. Le dije que tendríamos un lugar. Él sabía el resultado final ".

Entre las incógnitas que Perry y sus colegas deben explorar ahora están cómo la información asociada con la entropía se almacena físicamente en un cabello suave y cómo esa información sale de un agujero negro cuando se evapora...>

"Si tiro algo, ¿Es toda la información sobre lo que está almacenado en el horizonte del agujero negro?", Dijo Perry.

 “Eso es lo que se requiere para resolver la paradoja de la información. Si solo es la mitad, o el 99%, no es suficiente, no ha resuelto el problema de la paradoja de la información.

"Es un paso en el camino, pero definitivamente no es la respuesta completa. Tenemos un poco menos de rompecabezas que antes, pero definitivamente quedan algunos problemas desconcertantes ".

Marika Taylor, profesora de física teórica en la Universidad de Southampton y ex alumna de Hawking, dijo:

 "Comprender el origen microscópico de esta entropía: ¿cuáles son los estados cuánticos subyacentes que cuentan para la entropía? - ha sido uno de los grandes retos de los últimos 40 años.

Una vida en la ciencia: Stephen Hawking

 “Este artículo propone una manera de entender la entropía para los agujeros negros astrofísicos basados en simetrías del horizonte de eventos. Los autores tienen que hacer varias suposiciones no triviales para que los próximos pasos sean para mostrar que estas suposiciones son válidas ".

Juan Maldacena, físico teórico del alma mater de Einstein, el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, dijo: “Hawking descubrió que los agujeros negros tienen una temperatura. Para objetos comunes entendemos que la temperatura se debe al movimiento de los componentes microscópicos del sistema. Por ejemplo, la temperatura del aire se debe al movimiento de las moléculas: cuanto más rápido se mueven, más calor hace.

“Para los agujeros negros, no está claro qué son esos constituyentes y si se pueden asociar al horizonte de un agujero negro. En algunos sistemas físicos que tienen simetrías especiales, las propiedades térmicas se pueden calcular en términos de estas simetrías. Este documento muestra que cerca del horizonte del agujero negro tenemos una de estas simetrías especiales ".


https://www.theguardian.com/science/2018/oct/10/stephen-hawkings-final-scientific-paper-released

Stephen Hawking


Stephen Hawking page:



9 de julio de 2018

The Principle Of Loss: A Reactionary’s Introduction To Georges Bataille

The Principle Of Loss: A Reactionary’s Introduction To Georges Bataille

JÉRÔME BERNARD GRENOUILLE MARCH 22, 2018  3 COMMENTS



Among the mounds of intellectuals produced by the Left, some more substantial than others, only a handful are of any use for the development of reactionary thought. Borrowing from the intellectual pantheon of the Left yields eerie, yet potent political hybrids. Fascism quickly comes to mind as an absorption of syndicalism into the historical far-right. There are other reasons for the reactionary thinker to be interested in the work of left-wing intellectuals, apart from the creation of rare strains of Nietzschean political movements. It is often necessary to free the reactionary mind from its lethargy, its suffocating echo chamber, by subjecting it to the seemingly strange arguments of leftist thinkers. Yet once in a while, in the course of this intellectual exercise, within the covers of dusty books authored by forgotten, no-name radicals, one may encounter real gems such as Georges Bataille.

For a thinker who deeply influenced French theorists of the likes of Foucault, Lacan, and Derrida, Bataille’s background and intellectual production is incredibly out-of-place, both in his lifetime and within the body of work of the Left. Trained as an archivist and having attended the seminary in his youth, Bataille’s university thesis was the reproduction of a medieval poem, L’Ordre de la chevalerie (The order of chivalry). His obsession with the immaterial would be the cause of his obscurity. Jean-Paul Sartre condemned his “mysticism”. His enemies within the Left accused him of Surfascisme (Overfascism). His background, ideas, and unapologetic Nietzscheanism render Bataille wholly toxic to the Left. For an intellectual family which leaves less and less space for nuance, the Left has little use of Bataille.

Bataille’s work is extensive, spanning forty years of literary output. To summarize the work of a lifetime is nigh impossible, much less in an article; however, his essay titled La Notion de Dépense (The Notion of Expenditure) is sufficiently prolific and potentially highly useful to the reactionary thought that it may serve as an introduction to the thought of Bataille.
On the Notion of Expenditure

Bataille begins his essay with a direct attack on the philosophical underpinning of capitalism: utility. Utilitarians concerned with maximizing pleasure (and only the temperate kind as any violent pleasure under the principle utility is considered pathological) must necessarily reduce utility to “the production and conservation of goods and the production and conservation of human lives.”

This is the logos operandi of those whom Edmund Burke decried as “sophisters, economists, and calculators.” Capitalism is spectacularly well suited for this purpose, as it has produced unprecedented levels of material wealth and a demographic boom of planetary proportions in the course of two brief centuries. This is where the economy of the material ends and where Bataille dives into the economy of the immaterial.

Human existence cannot be merely explained by production and conservation. There are far more elusive pursuits and practices in place in all human societies. These practices may be elevated, or truly crass and depraved but they nevertheless diverge from the naive principles of utility. Bataille introduces here an important principle governing this divergence: the principle of loss. The principle of loss, which accounts for the wide range of useless things we produce or do such as wars, cults, monuments, theatre and non-reproductive sex, stipulates that the more extreme the loss, the more it has meaning.

One of the examples that Bataille uses to illustrate this principle more clearly is that of gambling during which the collective frenzy produced by betting sports such as horse racing is proportional to how much the participants stand to lose. Games of chance are economically insensible, and yet they find their purpose in the scale of the loss.

In another example, Bataille explores poetry. This example is particularly interesting not because of what Bataille states explicitly, but because of what he implies. He writes a short peculiar fragment:
It [poetry] may be considered to be synonymous with expenditure: it means, in the most precise fashion, creation by the means of loss. Its meaning is closest to that of sacrifice.

This may all be very well cryptic if not for the precise definition that Bataille gives of sacrifice earlier in the essay: “the production of sacred things.”

Thus, the implication is that the purity of poetry is the purity of the sacral, but by extension, all useless expenditure is one way or another a human attempt at creating the divine. All loss is worship. This notion is very familiar with the reactionary mind, scoffing at the state of his world: if cut off from religion and God, the singular man will worship athletes and celebrities.

In the example of poetry, Bataille goes even further. He states that those worthy enough to be considered poets must sacrifice their lives for the production of poetry. This is where the sacrifice ceases to be symbolic in so far that it begins to occupy the material world by occupying the poet. The implication is that poetry is no longer just the production of the poet, but it rules over the true poet by possessing him like a demon. And again by extension, all forms of loss are the manifestations of the domination of the immaterial over the material.

Expenditure and Reaction

Although all of this may seem quite abstract there are some far-reaching conclusions that may be drawn from Bataille’s principle of loss on the subject of being in a state of reaction, both at an individual level and at the level of our civilizational project. To accomplish this, it is preferable to move away from the speculative exercise we’ve been engaged in so far and discuss concrete examples where the principle of loss operates.

The first glaring example is that of the political categories, liberalism, and conservatism, overshadowing all discourse in the West: it is received knowledge that there are two programs and two ways of being—each with their own ethos, values and ways of life. For the reactionary, who is outside of any of these categories, it is easy to see the deficiencies in each. The archetypal liberal is often a convenient target, with his buffoonish commitment to unlimited personal freedom, that is, his freedom to engage in all manner of sexual, social degeneracy, his fetishization of a hostile outside world, his ethics of weakness, his Starbucks capitalism. The conservative is not free of ridicule either, with his penchant for shock-therapy, his penny pinching approach to public finances (which goes out the window more often than not when he is in power), his merchant ethics, his willingness to bend over in front of a couple suits, his McMansion, his Wall Street capitalism.

In the popular imagination, these archetypes are polar opposites. For the reactionary, they are the same, insofar that they are paragons and guardians of utility and all that underlies their worldviews is the maximization of some sort of production and conservation. You may occasionally hear the liberal defend mass immigration out of humanitarian concerns, but you are sure to hear him laud how economically beneficial mass immigration is, how innovative the H-1B Indian techie in Silicon Valley is, how hard working the Mexican farmhand is. The openness of the liberal is the openness that maximizes utility, the openness of production and conservation. When confronted with the disintegration of the social fabric, the replacement of centuries-old communal webs, the liberal shrugs his shoulders and points to the utility maximization of economic exchange. To belong is to work and pay taxes—there is no place for myth, history, family, and honor.

Even the advocacy for public expenditure operates under this logic, that is, when the liberal calls for ever-increasing spending on education, he does not view education as a good in itself, something which polishes a man and raises him above his current state, but a commodity to be subsidized so that specialists of some sorts can be produced and fed into the machinery of capitalism, where the costs can be made back in increased tax revenue.

The conservative also grounds his actions in the maximization of utility, whether it is when he advocates for selling out national assets and infrastructure to private interests, or when he greenlights the bulldozing of our natural world. Production and conservation. Rinse, Repeat.
The bourgeois class, the ruling class, whether liberal or conservative, is cut from the same cloth and Bataille understood that the ruling class is unfit to rule. In his essay, he makes a prescription using the principle of loss on the right to rule: since the ruling classes have generally been the ones with the greatest wealth, they were historically the ones in charge of making the most significant expenditures on behalf of the whole of society. One may think back to the public games organized the Roman rulers or to the magnificent cathedrals of the middle ages. Bataille notes something singular about our ruling class, which is obsessed and governed by the principle of utility: its refusal to make that expenditure. That is, the current ruling class loses all legitimacy because it is unwilling to engage in all “production of sacred things”. This refusal of the moneyed classes is the most apparent in the aesthetic debauchery of its art and architecture and its naive materialism.

Let us look closely at how rulers of great civilizations engaged in great losses, enormous expenditures which would be unthinkable in our world. The Romans, as previously mentioned, famed for creating a precise machinery of state, understood, quite deeply, the importance of engaging in acts of massive loss. The Roman public games, the Ludi, are perhaps the most excellent example of how the principle of loss operated and gave the Roman rulers their right to reign. The ludi were primarily mass religious rituals in the honor of one deity or another and were organized by priests. Although funded out of the public treasury, the wealthiest and most powerful Romans sponsored these games out of their own purse and those with an eye out for public office had to engage in this massive expenditure.

The greater the loss during these games, the greater the sponsor and consequently the greater the favor of the gods. This is exactly Bataille’s principle of loss at work. The loss was necessary to “produce sacred things,” and this ability to create the sacred gave Roman rulers their “divine” right over the people. It is important to give an idea of the colossal scale of this expenditure: the ludi took up an incredible 135 days out of the year, during which no trade and work was allowed, exotic animals were brought from all over the Roman Empire to be released into the arena, coliseums were flooded and mock naval battles were organised. Octavian came to be Augustus through these games. 

During the funeral games he organized for the funeral of Julius Caesar, a comet passed above in the sky, confirming his divine nature. It is not surprising that when Augustus became emperor, he mandated that the organization of public games was a duty of the administration.

What does this mean for a reactionary civilizational project? Do we need to bring back gladiators? Perhaps not, but it is absolutely crucial that any reactionary project place total loss at its center. We are not “sophisters, economists, and calculators.” We are empire builders.
The Ludi lasted for a millennium. Let it be so for the new empire.

Closing Words

This minute sample should give a taste of the prodigal intelligence and depth of thought of Georges Bataille. Forgotten by the Left, his work can serve to sharpen the reactionary mind. A testament to curiosity, a potent rediscovery of his work by the Right can breathe a new life as Bataille’s lessons are close to the reactionary’s heart and to his battles: if one is fit to not only rule, but also to live truly as a human being, one has to center his being on the sacred, in the process, overcoming and transcending the mediocrity of his age.

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