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3 de agosto de 2021

Para enfrentar a la izquierda se necesita unidad de mando. CAYETANO ACUÑA VIGIL.



 


Frente a un panorama en donde tres agrupaciones políticas que no tienen liderasgo se disputan los votos del electorado junto con varias formaciones políticas reducidas y con poca llegada al electorado, en su mayoría desinformado,  conforman el cuerpo politico que debe enfrentar a un conglomerado de las isquierdas que tomó la delantera y se apoderó fraudulentamente de las elecciones en un panorama habilmente manejado y que cazurramente jugó sus cartas para apoderarse de los entes electorales y del aparato judicial peruano. 

Esta izquierda jugó sus estrategia del zorro y del león y tiene de facto la conducción del gobierno fraudulentamente elegido. Quienes deben de enfrentar a este poder electo no tienen un frente unido, ni doctrinariamente ni organizativamente; solo cuentan con una posibilidad debil en el Congreso que no llega a tener mayoría, y más bien se encuentra dividida  pugnando por acceder a alguna prebenda gubernamental.

Así las cosas no se observa cuál es la estrategia a seguir y el electorado ávido por directivas, sigue esperando a que los acontecimientos lo fuercen a reaccionar frente a la propuesta y a las acciones del gobierno, que tiene establecido cuál es su intención, siguiendo las directivas del foro de Sao Paulo. 

Para enfrentar al comunismo se necesita unidad de mando. Esto no sucede aquí.

El el caso de nuestro pais, no existe unidad de mando para enfrentar una sola idea. Esa es la ventaja que tiene la izquierda. Vienen actuando con un solo mando y han ejecutado su tarea diligentemente (frente a un contrincante sin plan evidente y desconcertado, ademas de carente de formación política a juzgar por su actuar). 

La revolución francesa es un ejemplo paradigmático. El conflicto entre jacobinos y girondinos es aleccionador.

La revolución rusa es tambien aleccionadora a pesar de la distancia y del contexto, en las circunstancias actuales. El conflicto entre bolcheviques y mencheviques y el papel de la dirigencia es lección a no olvidar.

DANTON

Con el paso del tiempo, la derecha dio al término jacobinismo un sesgo peyorativo. Jacobinos son, para ella, los políticos, los grupos y los movimientos “iluminados” y radicales que se arrogan la representación popular, hablan en nombre del pueblo y creen representarlo. La izquierda marxista, en cambio, tiene otro punto de vista. Lenin asoció el jacobinismo con las causas revolucionarias.


    ROBESPIERRE.

En un artículo publicado en 1917 llamaba a sus bolcheviques “los jacobinos de la actual democracia social” y escribía que “yace en la naturaleza de la burguesía el odiar a los jacobinos, y en la naturaleza de la pequeña burguesía, temerlos. La clase consciente de los trabajadores y artesanos cree en la transición del poder a la clase revolucionaria, oprimida, pues ésta es la esencia del jacobinismo”. El jacobino, desde la perspectiva marxista de Lenin, es un leal, aguerrido y convencido combatiente por la causa de la transformación social.


MARAT

Pero dentro del marxismo no hay un acuerdo pleno, puesto que León Trotsky sostenía que el jacobinismo era un “radicalismo burgués”, detrás del cual “se mantiene en proscripción a una inmensa parte del pueblo”. Y Antonio Gramsci escribió que “el jacobinismo es un fenómeno puramente burgués” que caracterizó a la “revolución burguesa de Francia”.

Cuando la burguesía hizo la revolución —afirmó el ideólogo marxista italiano— destruyó el viejo orden, implantó el nuevo e “impuso su fuerza y sus ideas no sólo a la casta dominante, sino también al pueblo al que se dispuso a dominar. Fue un régimen autoritario que sustituyó a otro régimen autoritario”.

http://percyacunnavigil.blogspot.com/2015/08/los-jacobinos-revolucion-francesa.html

Jean Boutier, Philippe Boutry, Serge Bonin, Les sociétés politiques, Paris, Éditions de l'EHESS, 1992.

https://www.persee.fr/doc/dhs_0070-6760_1993_num_25_1_1951_t1_0568_0000_3


Philippe Reclus, La République impatiente ou Le Club des Jacobins (1951-1958), Paris, Publications de la Sorbonne, 1987.

https://books.openedition.org/psorbonne/70159?lang=en

Albert Soboul (dir), Dictionnaire historique de la Révolution française, PUF, 1989.

Jean Tulard, Jean-François Fayard, Alfred Fierro, Histoire et dictionnaire de la révolution française, ed. Robert Laffont, collection Bouquin, 1988

Lamartine, Alphonse de (1790-1869). Historia de los girondinos.    Francia, 1847

https://bibliotecafloridablanca.um.es/bibliotecafloridablancajspui/handle/11169/709

Madrid: [s.n.]

https://www.enciclopediadelapolitica.org/jacobinismo/

https://issuu.com/centromarx/docs/trotsky_1905


14 de febrero de 2012

El Derecho Natural en la filosofía política de Leo Strauss.CAYETANO ACUÑA - WACHSAM.

Percy C. Acuña Vigil

En este documento expongo el concepto del Derecho Natural en la filosofía política de Leo Strauss. Se tomará como referencia básica los textos del Derecho natural y la historia y el de La Ciudad y el hombre.


1.    Contexto general del pensamiento filosófico de Strauss
Para Strauss la política y la filosofía estaban necesariamente interrelacionadas en sus raíces. El consideraba el juicio y la condena de Sócrates como el momento en que la política se inicio. Strauss considera en La ciudad y el hombre, que el primer filosofo interesado en la política fue un planificador urbano mucho antes de Sócrates (LCH: 33). Strauss sostiene que Sócrates no estudio los fenómenos políticos filosóficamente, sino que el fue el primer filósofo forzado por la Polis a tratar políticamente a la filosofía .

 De este modo considera Strauss que uno de los momentos mas importantes en la historia de la filosofía es el argumento de Sócrates y sus estudiantes, de que los filósofos o los científicos no pueden estudiar la naturaleza sin considerar su propia naturaleza humana, que en palabras de Aristóteles es “política”  . Para Strauss y muchos de sus estudiantes, el juicio a Sócrates fue el primer acto de “filosofía” política, y los diálogos de Platón, con el solo tema de la vida y muerte de Sócrates, fueron la forma mas pura de tratamiento político de la filosofía

Su proyección político-práctica la sintetizó la estudiosa Shadia Drury, autora del libro "Leo Strauss and the American Right".

La bibliografía de Strauss es muy extensa, e incluye, entre varios otros, libros importantes
como: On Tyranny (1948), Natural Right and History (1953), What is Political Philosophy 1959), The City and Man (1964), Liberalism Ancient and Modern (1968), XenophonSocrates (1972) y Studies in Platonic Political Philosophy (póstumo, 1983). 

Recientemente se ha publicado en español, con el título de El renacimiento del racionalismo político clásico, una selección de ensayos de Strauss efectuada por Thomas Pangle, que da una idea bastante completa de sus ideas centrales    y, en francés, en el libro de Daniel Tanguay:  Leo Strauss. Une biographie intellectuelle .

El pensamiento de Strauss ha tenido gran influencia en muchos politólogos. Strauss adopta la concepción de la política de Carl Schmitt , como el enfrentamiento amigo-enemigo. Pero Strauss radicaliza a Schmitt al proponer la reteologización de lo político, la unión de política, religión y moral - aun cuando piensa como Maimónides  que ambas son un fraude perpetrado por los sabios y los filósofos para engañar al pueblo que no está preparado para conocer la verdad, - sino por el valor movilizador que proveen.

31 de julio de 2011

TEORÍA DEL ESTADO

Percy Acuña Vigil
En este escrito registro mis apuntes del estudio de la teoría del Estado.


Leviathan: 
Tomas Hobbes establece su doctrina de derecho moderno como la base de las  sociedades y de los gobiernos legítimos.

La ciencia del estado
La Teoría del Estado es la disciplina filosófica que investiga la esencia y finalidad del Estado. Su denominación es de origen alemán y su materia propia se ha desarrollado desde la segunda mitad del siglo pasado. La Teoría del Estado no es Ciencia estricta sino Filosófica, y tiene como objeto el estudio de la realidad del Estado, así como sus caracteres esenciales, situados más allá del derecho.
    El Derecho constitucional es una rama del Derecho público cuyo campo de estudio incluye el análisis de las leyes fundamentales que definen un Estado. De esta manera, es materia de estudio todo lo relativo a la forma de Estado, forma de gobierno, derechos fundamentales y la regulación de los poderes públicos, incluyendo tanto las relaciones entre poderes públicos, como las relaciones entre los poderes públicos y ciudadanos.
    En términos generales, la teoría del Estado es una ciencia del ser social político . La ciencia del Derecho es una ciencia del deber ser social jurídico. El Estado es la sociedad política normada jurídicamente. De aquí que siendo la norma jurídica uno de los elementos integrantes del Estado, la disciplina científica que estudia al fenómeno social y cultural jurídico está en relación directa con la ciencia que estudia al Estado, que es el todo relacional humano organizado política y jurídicamente y del cual el derecho es una parte fundamental.
    Por otra parte, el derecho positivo o derecho del Estado, es un conjunto de reglas que sirven como medio de control de los modos de actuar de los seres humanos y como todo sistema de control social busca posibilitar la convivencia social. Es en este aspecto en donde cobra plena vigencia la afirmación del jurista romano Ulpiano, "donde está la sociedad está el derecho". De aquí que el jurista francés Maurice Hariou señale que una ley constitucional, una Constitución de Estado, no sea otra cosa que "el encuadre jurídico de los fenómenos políticos de la esfera estatal".
    La Teoría del Estado es una disciplina científica que se desarrolla dentro de una manifestación súbita del derecho público en Alemania a principios del siglo XIX, y que tiene como objeto de estudio el fenómeno "Estado".
    En esta tradición Georg Jellinek, Carl Friedrich von Gerber, Paul Laband, Herman Heller y otros, han separado a la Teoría del Estado del campo de estudios de la teoría política general, del proceso político de la esfera estatal separando el estudio teórico y de los principios generales causales y finalísticos del grupo.

Georg Jellinek: Teoría del Estado

    A partir de esta tradición con las disciplinas filosóficas políticas -La Ontología política, la Ética y la Axiología política- se ha tendido a elaborar una ciencia autónoma e independiente, cuyo objeto de estudio es el Estado en su realidad sociopolítica e histórico-cultural-jurídica, que busca formular una teoría filosófica y científica de validez general
    En el pensamiento de Hermann Heller, representante descollante de la Teoría del Estado alemana, se postula utilizar un criterio de verdad que permita describir e interpretar en forma válida los fenómenos políticos, estableciendo, de esta manera, los principios universales que le dan carácter de ciencia.
    Este criterio es la norma mental que nos sirve para juzgar, para apreciar valores, es el signo distintivo que nos permite distinguir una cosa de otra. El objeto del criterio es llevar a la certeza, a un estado anímico de convencimiento de manera evidente, de que nos encontramos en posesión de la verdad. El criterio de certeza no es único, sino que ha variado en el transcurso de la historia. El criterio puede clasificarse en dos grandes grupos: de carácter dogmático y de carácter crítico.
    En esta tradición el criterio para alcanzar la verdad es la evidencia, la cual reposa en el principio de la contradicción. Hay que buscar, luego, la evidencia con apoyo en las diversas fuentes de certeza, por evidencia intrínseca y por evidencia extrínseca. Una vez encontrada la evidencia, el hombre puede estar razonablemente seguro de haber llegado a la verdad desde la opción del realismo crítico.

Problemas fundamentales que plantea todo estudio reflexivo acerca del Estado
El estudio de la teoría del estado se plantea la necesidad de determinar ¿Cuál es el objeto de la materia a estudiar?, ¿Qué es el estado?, ¿Cuáles son las características esenciales y accidentales que configuran su ser?, ¿Para qué existe el estado?, ¿Por qué existe el estado?, ¿Por qué debe existir el estado?, ¿Cual es la estructura del estado y cuáles son las actividades que desarrolla?

Leviathan: Tomas Hobbes
"Pero ninguno de nosotros acusa por ello a la naturaleza del hombre. Los deseos, y otras pasiones del hombre, no son en sí mismos pecado. No lo son tampoco las acciones que proceden de estas pasiones, hasta que conocen una ley que las prohibe. Lo que no pueden saber hasta que haya leyes. Ni puede hacerse ley alguna hasta que hayan acordado la persona que lo hará." (Leviatán, XIII)


La formación del Estado moderno
El período conocido como Edad Moderna significó para Europa importantes cambios en su ordenamiento político. El fenómeno más destacado fue el surgimiento del concepto de Estado moderno: un territorio con fronteras determinadas, la existencia de gobierno común y un sentimiento de identificación cultural y nacional de sus habitantes.
    Este proceso fue iniciado a partir de los siglos XIV y XV, en los cuales el proceso político modifico la estructura de la sociedad feudal en la cual el concepto feudal de lealtad, fue reemplazado por los de autoridad y obediencia, propios de un Estado con poder centralizado. En el siglo XVII, el poder político de los monarcas se fortaleció hasta eliminar cualquier representatividad, dando lugar a las monarquías absolutas.
    La monarquía constituyó un Estado moderno sobre la base de una dirección fuerte, contando con los medios para sostenerla. Con esto, el rey consiguió la resignación de la sociedad, a cambio de un cierto orden y progreso. Uno de los más claros ejemplos del absolutismo fue Francia. Durante el siglo XVII, este país se convirtió en la mayor potencia europea, después de consolidar sus fronteras, gracias a innumerables guerras con los países vecinos. El rey Luis XIV (1643-1715) fue la mejor personificación de la imagen del monarca absoluto.

Surgimiento del Estado liberal
El Estado liberal surgió como resultado de una crítica al Estado monárquico absolutista, de los siglos XVII y XVIII, la forma de Estado que existía hasta antes de la Revolución Francesa de 1789. El liberalismo surgió a partir de una crítica contundente al sistema monárquico-feudal, que tuvo su expresión más acabada en la frase del Rey Luis XIV: "El Estado soy Yo".
    Este liberalismo original tenía no solo una dimensión política, sino también económica y filosófica. Entre los pensadores o ideólogos se encontraban Juan Jacobo Rousseau, Montesquieu, Diderot, Voltaire, Adam Smith, David Ricardo, Malthus, John Locke y Hobbes, etc.
    Todos estos filósofos y pensadores hicieron una crítica a la sociedad absolutista-monárquica, que culminó en un proceso revolucionario de carácter político-social como fue la Revolución Francesa, y al mismo tiempo coincidió con un fenómeno de carácter científico-tecnológico: la primera Revolución industrial. Ambos dieron origen a un nuevo tipo de sociedad: la sociedad capitalista; y a un nuevo tipo de Estado: el Estado Liberal-Burgués.

Estado liberal como Estado de derecho
El Estado de Derecho se encuadra en el marco del Estado liberal pero no lo agota. Su configuración aparece marcada por dos planteamientos fundamentales:
•    Por el Mandato de la ley (rule of law), que surge como consecuencia de los enfrentamientos producidos en Inglaterra entre los defensores del parlamentarismo y los defensores del absolutismo monárquico. Este concepto supone el Imperio del Derecho o Imperio de la ley, la primacía del principio de legalidad como expresión de la soberanía popular recogida en el Parlamento.
•    Por los planteamientos del iusnaturalismo racionalista de origen protestante que propone el alejamiento del Derecho de las cuestiones éticas y morales; al mismo tiempo que establece la vinculación entre el Estado y el Derecho.

Pero en realidad la formulación del Estado de Derecho surge en la doctrina alemana como lo expone ampliamente George Holland Sabine en su Historia de la Teoría Política. En esta Immanuel Kant representa la culminación de la concepción racional del Derecho y del Estado.
    El término «Estado de Derecho» tiene su origen en la doctrina alemana Rechtsstaat. El primero que lo utilizó como tal fue Robert von Mohl en su libro La ciencia de policía alemana en conformidad con los principios de los Estados de derecho, sin embargo, la mayoría de los autores alemanes ubican el origen del concepto en la obra de Immanuel Kant. En la tradición anglosajona, el término más equivalente en términos conceptuales es el Rule of law.
    Frente al mandato de la ley (rule of law) que sitúa en una posición suprema al Parlamento, la doctrina alemana, donde esta supremacía no existía, ofreció la formulación del Estado de Derecho según la cual el poder legislativo asume el monopolio de la ley, y el ejecutivo la capacidad de hacer cumplir lo dictado por el legislativo.

Orígenes de la Teoría del Estado
Norberto Bobbio señala que en el ámbito de las doctrinas realistas del Estado se distinguen las doctrinas racionalistas y las historicistas. También distingue el modelo iusnaturalista, en el que el Estado es un cuerpo artificial que nace en contraposición al estado de naturaleza, del modelo aristotélico en el cual el Estado es una sociedad natural que brota de la normal evolución del primer núcleo organizado, la familia.
    De manera formal, esta materia se originó en Alemania a mediados del siglo XIX. Sin embargo, el contenido de los estudios que comprende esta disciplina ha variado de acuerdo con las distintas corrientes filosóficas.


Según Héller, la decadencia presente de las ciencias políticas, y también, en parte, la crisis política actual, se deben a la falta de relación de las teorías políticas con la realidad y al carácter rela­tivo de sus afirmaciones causado por su manera subjetiva de plantear los problemas.


Alemania:
    Entre los autores se encuentra, el positivismo jurídico de Carl Friedrich von Gerber, Paul Laband y fundamentalmente de Georg Jellinek. La del formalismo jurídico encabezada por el austriaco Hans Kelsen, el decisionismo de Herman Héller y Carl Schmitt, y la corriente Nacional Socialista, representada entre otros por Hüber, Höhn y Koellreuter.

Francia:
En este país, la Teoría del Estado se engloba en el Derecho Constitucional, y existe la tendencia a analizarlo desde un punto de vista jurídico. Es el caso de Carré de Malberg, Hariou, Henri Berthelemy, Leon Duguit, etc. También se analiza desde el punto de vista de las ciencias políticas como es el caso de Maurice Duverger o Jean Meynaud.

España:
De manera similar a lo que ocurre en Francia, se incluyen los estudios de la Teoría del Estado dentro de los programas de Derecho Público y Constitucional. En este caso, sobresalen los estudios de Adolfo Posada, C. Ruiz del Castillo, Luis Sánchez Agesta, Luís Izaga, Eustaquio Galán y Gutiérrez, Francisco Javier Conde, Antonio Karam, entre otros más. Más contemporáneamente, destaca la obra de José Zafra Valverde que postula la tendencia a considerar a la Teoría del Estado como Sociología Política.

Italia:
También en este país los problemas de Teoría del Estado son estudiados por los tratadistas del Derecho Constitucional como Palma, Miceli, Orlando y Santi Romano. De igual manera, en la actualidad existe una tendencia a estudiar la Teoría del Estado como disciplina autónoma, siendo notable la obra de Alessandro Groppali. No puede quedar de lado la aportación del insigne filósofo del Derecho Jorge del Vecchio.

Bélgica:
La obra de Jean Dabin es de gran valer por estudiar los problemas de la política desde el punto de vista teórico, elevándose del positivismo, y por lo ortodoxo de su doctrina en relación con la Filosofía tradicional.

Inglaterra y Estados Unidos:
En los países anglosajones, las disciplinas políticas y de ciencias políticas reciben especial atención. Por su valer, destacan la clásica obra de A.J. Carlyle (Historia del pensamiento medieval) y la de la George Sabine (Historia del pensamiento político).

 
Alexander James Carlyle: Historia de la teoría política medieval en occidente


Elementos constitutivos del Estado.
El Estado es una comunidad política cuyos elementos constitutivos son el territorio, la población (el pueblo) y la autoridad, en el sentido equivalente a gobierno.
    Ha sido la Escuela Histórica del Derecho, de la que Savigny fue el más insigne represente, la que opuso al ente racionalista individual la realidad de un ente colectivo, como reacción a la corriente racionalista abstracta e individualista. En vez de un derecho situado en un mundo puramente racional, la Escuela Histórica de Savigny, según Georges Gurvitch, situó al hombre dentro del mundo concreto en que se halla éste. Miró una de las realidades históricas, positivas, semejante al lenguaje y a otras manifestaciones culturales, como señala Raúl Ferrero en su obra sobre "Ciencia Política".
    La existencia del Estado es necesaria, impuesta por la naturaleza de las cosas. En lo que respecta al Estado moderno, éste se constituye desde que el poder se despersonaliza, institucionalizándose. En la formación del Estado hay un hecho de conciencia: la aceptación de los gobernados al establecimiento de un orden cuyo titularato es impuesto a una entidad abstracta.

Importancia de la génesis del Estado.
El Estado tiene por finalidad el "bien común". Ya Aristóteles lo había definido de este modo y hoy en día ha quedado como verdad universal.
    El orden jurídico es un elemento fundamental del bien común, pero no es el fin del Estado, sino un producto social que se inspira en el bien común. Poder y fin están contenidos en el orden, al cual remodelan. El poder está antes del orden, pues lo dicta, y el fin está más allá del orden, pues lo inspira.
    El bien común consiste en un conjunto de condiciones sociales que favorecen el desarrollo del hombre, medio social propicio para que éste realice sus potencialidades como persona. Raúl Ferrero, en su obra "Ciencia Política", comenta al referirse del bien común, que este no es una masa de bienes por repartir, sino un orden justo, más allá del cual existe para el individuo un fin último.

Finalidad del Estado.
Por naturaleza, las actividades del Estado se manifiestan en tres formas, que se les denomina funciones: legislativa, administrativa y jurisdiccional. Pero la conducción del Estado, o sea la actividad política, está por encima de la clasificación de funciones.

El Estado de Derecho.
Se denomina Estado de Derecho a una forma política en la cual el poder se halla sometido a un sistema de normas jurídicas, de manera real, con el fin de proteger los derechos de la persona.
    Históricamente, el Estado de Derecho es una derivación del liberalismo y aparece con la independencia de los Estados Unidos de Norte América y la Revolución Francesa. Su sentido y su finalidad están en la protección debida a los derechos de las personas. Es esta concepción del Estado de Derecho la que impera en las Constituciones democráticas de Occidente.

Elementos del Estado de Derecho.
Cuatro son los elementos del Estado de Derecho: la libertad individual, la igualdad, la división de poderes y el control de la constitucionalidad de las leyes.
    Fue Montesquieu, quien definió la libertad como "el derecho de hacer todo aquello que las leyes permitan", principio que quedó incorporado a la Declaración del hombre y el ciudadano, donde se declara que, la libertad consiste en poder hacer todo aquello que no daña a otro; por lo tanto, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene más límites que aquellos que aseguran a los demás miembros de la sociedad el goce de los mismos derechos. Estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.

Teorías que integran la Teoría del Estado.
    Teoría sociológica, en la que Norberto Bobbio señala que la obra de Weber: Wirtschaft und Recht (Rechtssoziologie) rompe con la tradición clásica de la filosofía política en la definición de Estado, en la teoría de los tipos de poder y en la teoría del poder legal-racional.
    Teoría jurídica en la que la referencia fundamental se encuentra en la obra de Hans Kelsen y en la de Hermann Heller.
    Teoría justificativa, en la que la obra de Georg Jellinek es un referente importante además de los aportes de la teoría religiosa, jurídica, ética, psicológica y de fuerza.
    Además el Estado se estudia desde p.e. las Teorías contractualistas, organicistas, positivistas, idealistas, materialistas.
 Bibliografía:

FERRERO R., Raúl: "Ciencia política: Teoría del Estado y Derecho Constitucional. Lima. 2000.
Teoría del Estado: Lima: UNMSM, Fondo Editorial;
Universidad de Lima, 2003, 531 p.; Otros autores: Ferrero Costa, Raúl, Comp.
ALZAMORA VALDEZ, Mario: "Introducción a la ciencia del derecho". Lima. 1972.
RUBIO CORREA, Marcial: "El sistema jurídico: Introducción al Derecho". Lima. 1991.
SILVA SANTISTEBAN G.S., Luis: "Fundamentos de ciencia política”. Lima. 1988.



P. Cayetano Acuña Vigil.
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2 de julio de 2011

Giorgio Agamben: Estado de Excepción

Vuelvo a adjuntar comentarios al libro de Giorgio Agamben: Estado de Excepción, por considerarlo de actualidad en el medio local.



En el siglo XX asistimos, según Giorgio Agamben, a un hecho paradojal y preocupante, en la medida en que pasa inadvertido para la mayoría de los ciudadanos: vivimos en el contexto de lo que se ha denominado una “guerra civil legal”. El totalitarismo moderno se define como la instauración de una guerra civil legal a través del estado de excepción, y esto corre tanto para el régimen nazi como para la situación vivida en los EE.UU. durante la presidencia de George W. Bush.
       Estado de excepción enfoca una de las nociones centrales de la obra de Agamben: ese momento del derecho en el que se suspende el derecho, precisamente para garantizar su continuidad e inclusive su existencia. O también: la forma legal de lo que no puede tener forma legal, porque es incluido en la legalidad a través de su exclusión. Su tesis de base es que el “estado de excepción”, ese lapso –que se supone provisorio– en el cual se suspende el orden jurídico, se ha convertido durante el siglo XX en forma permanente y paradigmática de gobierno. Una idea que Agamben retoma de Walter Benjamin, en especial de su octava tesis de filosofía de la historia, que Benjamin escribió poco antes de morir, y que dice: “La tradición de los oprimidos nos enseña que el ‘estado de excepción’ en el cual vivimos es la regla. Debemos adherir a un concepto de historia que se corresponda con este hecho”.
       En este nuevo libro Agamben hace una reconstrucción histórica de la noción misma de “estado de excepción”, analiza su sentido en la política de Occidente y reflexiona sobre su vigencia en la actualidad, en especial a partir de la Primera Guerra Mundial.
     El filósofo italiano explica por qué "el estado de excepción", es la forma paradigmática de gobierno.
Agamben rastrea en la literatura jurídica y filosófica la progresiva puesta a punto de los mecanismos de un estado de excepción que se supone provisorio, pero que hoy se ha convertido en una forma paradigmática de gobierno.
    Agamben sacudió el escenario del debate conceptual europeo con una obra que supo imponerse también como ineludible en América latina.
    Agamben vuelve a inmiscuirse en la relación entre vida, política y derecho, una articulación que caracteriza su original lectura sobre las formas de organización de la existencia humana contemporáneas.
    El libro realiza un recorrido histórico sobre el nacimiento del instrumento jurídico del estado de excepción y su sentido en la actualidad occidental. Invita a reflexionar acerca de aquello que estamos dispuestos a sacrificar en nombre de la emergencia, así como de hasta qué punto corresponde delimitar el umbral en el que el permiso de excepción jurídica está permitido.
    Este texto invita a una mirada crítica sobre acontecimientos tan cercanos como la suspensión de derechos civiles por George Bush en Estados Unidos, luego de los atentados de 2001; la invasión a Irak y los prisioneros de Guantánamo; pero también merece ser leído desde una historia más local, las ausencias del estado de derecho y la persistencia de gobierno de facto, o sus posibilidades cercanas.
Munido de una sólida formación filosófica y jurídica, Agamben reflexiona sobre la democracia y el lugar de la política en el mundo contemporáneo."

Adjunto parte del articulo publicado por Scielo Rev. cienc. polít. (Santiago) v.25 n.1 Santiago

State of Exception alude explícitamente a los poderes de emergencia asumidos por el presidente George W. Bush tras los atentados del 2001. Ese hecho coyuntural es la excusa para reclamar, siguiendo a Walter Benjamin, que estas situaciones se han convertido, desde mediados del siglo XX, en la norma más que la excepción. Agamben critica los análisis de constitucionalistas como Carl Friedrich y Clinton Rossiter, quienes poco después de la Segunda Guerra Mundial vieron en la "dictadura constitucional" una institución republicana que, correctamente regulada, podría ayudar a la preservación del Estado en momentos de crisis severas.
    Para Agamben, los estados de excepción no tienen su modelo en la dictadura de la antigua Roma, una forma jurídica que permitía al Senado, con participación de los Cónsules y, en algunos casos, de los Tribunos de la Plebe -es decir, por acuerdo de todos los poderes del Estado- declarar una emergencia y nombrar, por un plazo de seis meses, a un dictador con plenas facultades para enfrentarla. En lugar de seguir ese esquema, el autor sugiere que los estados de excepción contemporáneos imitan otra institución romana: el iustitium, una suspensión de todo orden legal que creaba un verdadero vacío jurídico. Los estados de excepción no tienen, entonces, nada de constitucional. No hacen más que suspender toda legalidad, dejando a los ciudadanos a merced de lo que él llama "poder desnudo". Para Agamben, no tiene sentido esgrimir criterios de temporalidad y extrema necesidad para justificar el estado de excepción; todo intento por limitar el poder en una situación de emergencia es vano.
     El argumento no es completamente novedoso. Repite, hasta cierto punto, la tradicional discusión entre el pensamiento republicano a favor de codificar normas de excepción -representado en autores como Maquiavelo y Rousseau- y la mirada liberal de Constant, para quien toda concentración excesiva de poder inevitablemente lleva a su usurpación. Pero aunque enfrentado a esa disyuntiva Agamben estaría del lado de los liberales, su argumento en este libro no es la defensa de las libertades individuales contra intervenciones ilegítimas del Estado. El autor no formula una propuesta normativa al estilo del pensamiento liberal, sino que se propone simplemente mostrar que estamos frente a un cambio de paradigma, donde la excepción está haciendo desaparecer la distinción entre la esfera pública y la privada. El Estado de derecho, en este nuevo esquema, es desplazado cotidianamente por la excepción, y la violencia pública queda libre de toda atadura legal.
    El nuevo paradigma de gobierno que hace de la excepción la norma implica eliminar toda distinción entre violencia legítima e ilegítima. No se trata, por lo tanto, de defender las libertades individuales o los derechos civiles, o de atacar determinados abusos de poder. No se trata, en realidad, de defender nada, sino simplemente de mostrar que la violencia pública es incontenible y encogerse de hombros. Pero, ¿es realmente lo mismo que le tomen a uno las huellas digitales en un aeropuerto que ser sometido a métodos crueles de interrogación en una base militar? Para Agamben, la respuesta parece ser afirmativa. El libro es una apocalíptica advertencia de que lo que hoy entendemos por democracia y Estado de derecho se está convirtiendo, progresivamente, en una ficción, porque la excepción se ha vuelto la norma.
    Esta lectura pulveriza la noción weberiana del Estado como el monopolio del uso legítimo de la fuerza, y la reemplaza por una visión anárquica donde violencia pública y violencia privada se vuelven indistinguibles. Codificar o no se torna irrelevante, porque el desarrollo de los estados de excepción "es independiente de su codificación constitucional o legal".
    Las causas del estado de excepción están sorprendentemente ausentes del análisis. Agamben no contempla la posibilidad de que el vacío legal provenga de factores externos al Estado o al sistema jurídico mismo, y que el estado de excepción sea un intento por cerrar ese vacío y restablecer la legalidad. Para él, es siempre la declaración de la excepción la que genera ese vacío, independiente de las causales de necesidad esgrimidas para convocarlo. En el proceso de exponer este nuevo paradigma que normaliza la excepción, los hechos empíricos tienen en este libro un valor más anecdótico que científico. Aspectos que podrían interesar a historiadores o cientistas políticos son tratados como meras digresiones del argumento central. Es el caso, por ejemplo, del sustancial apartado que reconstruye la historia de los estados de excepción en Francia, Alemania, Suiza, Italia, Gran Bretaña y Estados Unidos. A pesar de ocupar casi un quinto del texto, la sección no tiene el estatus de un párrafo central del argumento -todos los párrafos están numerados- sino que aparece como una nota al margen.
    Es cierto que, a partir de las Guerras Mundiales, los estados de excepción se han hecho más visibles. Por un lado, es posible interpretar con Agamben que lo que está ocurriendo es una colonización de la esfera privada por parte de lo que antes era la violencia política. Pero también es posible pensar que hoy existen más regulaciones, más control democrático, lo que hace más visibles las violaciones del Estado de derecho. Nuevos problemas como la "guerra contra el terrorismo" plantean nuevos desafíos teóricos. Tal vez sea posible encontrar un camino que no implique ni la complacencia de quienes afirman que el actual ordenamiento legal es adecuado para enfrentar emergencias de manera responsable y democrática -la evidencia parece indicar lo contrario- ni, como en el caso de Agamben, el pesimismo extremo sobre la posibilidad de mantener la distinción entre norma y excepción.

27 de noviembre de 2010

Actualidad del pensamiento de Thomas Hobbes

P. Cayetano Acuña Vigil


LEVIATHAN

Lecciones de su obra.
Thomas Hobbes, (1588–1679),  fue uno de los filósofos relevantes del siglo XVII. Estuvo vinculado con Bacon, Gassendi, Descartes , Galileo y Mersenne [1],  los más significativos filósofos que contribuyen al paso del pensamiento a la modernidad. Es un pensador materialista, muy lejano a la metafísica de Descartes. Hobbes en su obra aplica al análisis del ser humano y de la sociedad los mismos presupuestos que al estudio de la Naturaleza.

Su filosofía constituye la más completa doctrina materialista del siglo XVII.
Concibe el universo como una gran máquina, donde todo sigue las estrictas leyes del mecanicismo, según las cuales, cualquier fenómeno ha de explicarse a partir de elementos meramente cuantitativos: la materia, el movimiento y los choques de materia en el espacio.

El determinismo de Hobbes se fundamenta en un método racionalista de carácter matemático y geométrico (el método analítico-sintético de Descartes), que parte de la hipótesis de que las partes de un todo (materiales, engendradas y entendidas como causas) han de descomponerse y explicar el conjunto o las partes en su totalidad.

La antropología de Hobbes se fundamenta en el materialismo. Critica el dualismo cartesiano, denunciando el paso ilícito del "cogito" a la "res cogitans". Sostiene que el pensamiento no es una substancia separada del cuerpo: la "entidad" corporal que somos, y su conocimiento de las cosas proviene y se reduce a la sensación. En polémica con la teoría aristotélica de la sensación, Hobbes postula que ésta ha de explicarse también a partir de postulados mecanicistas, como producto de los movimientos de los cuerpos.

La filosofía política y la teoría social de Hobbes representan una reacción contra las ideas descentralizadoras y la libertad ideológica y de conciencia que proponía la Reforma, en la que él preveía el peligro de conducir inevitablemente a la anarquía, el caos y la revolución, de forma que para él fue necesario justificar y fundamentar la necesidad del absolutismo como política ideal con la que soslayar dichos "males".

Aunque Hobbes estuvo a favor de la libertad religiosa e ideológica y favoreció el proceso de secularización de Europa, no obstante defendió el poder absoluto y del Estado, a cuyos intereses ha de subordinarse toda minoría. Hobbes representa el orden propio del conservadurismo, en el cual, el todo social armonioso está por encima y subordina cualquier acción individual.

Thomas Hobbes

1.    El absolutismo de Estado
En el análisis de la vida social y política Hobbes considera que la sociedad está compuesta por una multiplicidad de individuos conducidos por sus pasiones, e intenta explicar cómo se produce la transición de este individualismo a la construcción de un cuerpo social artificial, o estado, de carácter absolutista. Tradicionalmente se ha considerado la obra política de Hobbes como la fundamentación teórica del absolutismo.
2.    El estado natural de guerra.
Para Hobbes cada ser humano busca su propia conservación, en primer lugar, lo que da origen a la competición y a la desconfianza entre los seres humanos. En este estado natural no existen distinciones morales objetivas, por lo que dicha competición da lugar a un estado permanente de guerra de todos contra todos, en el que cada cual se guía exclusivamente por la obtención de su propio beneficio y, no existiendo moralidad alguna, no hay más límite para la obtención de nuestros deseos, que la oposición que podamos encontrar en los demás. Esta concepción del estado natural es una consecuencia de la consideración previa negativa sobre la naturaleza del ser humano y de sus pasiones.

Este modelo carece de toda validez objetiva como sabemos en la actualidad, dado nuestro conocimiento de la evolución del ser humano. Su modelo no tiene validez objetiva ni se corresponde a un hecho histórico, pero es una hipótesis que le permite justificar y fundamentar teóricamente la existencia de un poder absoluto, del estado absolutista, sin necesidad de recurrir al origen divino del poder.


3.    El cuerpo social y la teoría del contrato
Hobbes considera que las pasiones humanas están reguladas por leyes de la naturaleza que pueden ser descubiertas por la razón, y proveen al ser humano de un conjunto de normas de egoísta prudencia, que hacen posible la propia conservación y seguridad.

Sostiene que las leyes de la naturaleza no se cumplen, dada su oposición a nuestras pasiones, a menos que haya un poder coercitivo con capacidad suficiente para imponernos su cumplimiento.
De este modo los seres humanos sólo pueden alcanzar la convivencia social por medio de un pacto por el que se genera, simultáneamente, la sociedad civil y un poder común capaz de obligar a todos al cumplimiento del pacto suscrito.

Esta transformación de derechos se realiza mediante un acuerdo de cada hombre con cada hombre por el que cada cual renuncia a sus derechos en favor de un tercero. Ese tercero recibirá el nombre de soberano y los demás sólo los súbditos.

Este contrato, la creación de la sociedad civil y del soberano son simultáneos, pues no podría surgir el contrato sin que surja simultáneamente un poder capaz de ponerlo en vigor. Esta explicación de Hobbes está claramente dirigida contra la teoría del derecho divino de los reyes.

La teoría política de Hobbes busca fundamentar filosóficamente, el origen de la sociedad civil y la legitimación del poder, su racionalidad (como forma de control del individualismo, al que considera inútil y nocivo).

4.    El poder: los derechos y la libertad
Para Hobbes la soberanía emanada del contrato es inalienable por lo que, una vez concedida, no se puede cambiar la forma de gobierno ni repudiar la autoridad. La libertad es entendida por Hobbes como la ausencia de estorbos. Sostiene que una vez abandonado el estado de naturaleza la primacía de la ley representa la libertad de la comunidad, por lo que la "libertad" individual se limita a lo no regulado, y también el derecho a resistirse al soberano.

La influencia de Hobbes en el pensamiento político occidental ha sido profunda. Sus sucesores podrían estar en desacuerdo con él, pero no pudieron escapar de ser comparados y medidos con su obra. Hobbes enfrento la crítica con vigor, o indirectamente, con superioridad desdeñosa, en silencio. El énfasis de Hobbes en lo secular sobre lo teológico fue particularmente irritante para sus detractores.

Hobbes fue llamado ateo, y durante años el "Hobbismo" es el término que se aplica cuando se trata de denigrar a cualquier muestra de escepticismo. En 1683, De Cive y el Leviathan fueron condenados como libros herejes y fueron quemados en Oxford.  Los enemigos de Hobbes también le impidieron convertirse en miembro de la Royal Society. A pesar de su tempestuosa vida, las obras de Hobbes han sido respetadas y admiradas por muchos de sus contemporáneos. Sin embargo, sus ideas fueron consideradas todavía radicales medio siglo después de su muerte, y no fue hasta mediados del siglo XVIII que sus obras se pudieron comentar desapasionadamente. Desde entonces, ha ocupado un lugar entre los filósofos políticos más importantes de la tradición occidental, y sus obras continúan despertando interés y debate.

Obra
En 1628 publica una traducción de Tucídides, en la que critica el sistema democrático y sus peligros, desde una perspectiva conservadora.
En 1637, hizo circular secretamente un manuscrito titulado Elementos del derecho.
En 1642 publica Elementorum Philosophiae Sectio Tertia De Cive, una teoría sobre el gobierno y comienza a escribir De corpore, primer trabajo que incluirá posteriormente en una trilogía sobre el cuerpo, el hombre y el ciudadano, (Human Nature, De Corpore Politico).
En 1648, publica su obra más importante, Leviatán, una teoría sobre la soberanía en la que se muestra como un defensor implacable del absolutismo. Este trabajo constituye una obra maestra de filosofía política escrita en inglés.
En 1657 publica la segunda parte de su trilogía bajo el título De homine y cinco años después publica De corpore.

Comentarios a bibliografía selecta

La filosofía política moderna – Atilio A. Boron

Este libro trata los principales hitos de la filosofía política moderna. Se ha convertido en un lugar común afirmar que ésta se distingue de la filosofía política clásica porque en la primera la reflexión sobre la vida política se realiza al margen de todo tipo de consideración ética o moral. Si en los tiempos antiguos la indagación sobre la política iba indisolublemente ligada a una exploración de carácter moral, con el advenimiento de la modernidad dicha amalgama se descompone y el análisis político se independiza por completo del juicio ético.

Esta visión convencional es peligrosamente simplificadora y, por eso mismo, equivocada. Lo que efectivamente aconteció con la filosofía política moderna es que las preocupaciones éticas del período clásico pasaron a un segundo plano. Se produjo entonces una rearticulación entre la reflexión centrada en el “ser” y aquella encaminada a desentrañar el “deber ser”, pero de ninguna manera esto se tradujo en un divorcio entre ambas preocupaciones. Esta supuesta disyunción entre una reflexión centrada en el “ser” y el “deber ser” de la política tiene insoslayables implicaciones conservadoras que deben ser rechazadas con total intransigencia.

La filosofía política de Hobbes Su fundamento y su génesis
Strauss, Leo

La primera edición de `La filosofía política de Hobbes` fue publicada en Londres en 1936 y corresponde a la etapa de sus primeros escritos. En esta obra Leo Strauss se ocupa de analizar los principios de la filosofía política de Hobbes, porque considera que "constituye el primer intento peculiarmente moderno de dar una respuesta coherente y exhaustiva a la pregunta por la vida justa del hombre, que es al mismo tiempo la pregunta por el orden justo de la sociedad".

El filósofo alemán se propone comprender la concepción hobbesiana fundamental respecto de la vida humana, ya que piensa que ésta, y no la ciencia moderna, constituye el fundamento real de su filosofía política.

Para acercarse a dicha concepción, Strauss sigue dos líneas de investigación interdependientes: en la primera, reconstruye el pensamiento temprano de Hobbes, antes de que estuviera familiarizado con la ciencia moderna y, en la segunda, examina la tendencia hacia la emancipación de la tradición, que se advierte con más claridad en el último período de Hobbes.
 


Información en la red:

La actualidad del pensamiento de Hobbes:

Internet Encyclopedia of Philosophy:
Stanford encyclopedia of Philosophy:

[Lloyd, Sharon A. and Sreedhar, Susanne, "Hobbes's Moral and Political Philosophy", The Stanford Encyclopedia of Philosophy (spring 2009 Edition), Edward N. Zalta (ed.), URL = http://plato.stanford.edu/archives/spr2009/entries/hobbes-moral/].

19 de febrero de 2010

Del proyecto Paneuropa al proyecto Paraeuropa. Las nuevas políticas en Europa. Los partidos monárquicos


El primer axioma de Carl Schmitt es “El concepto de Estado presupone el de lo político”, con el cual identifica la política con la idea de poder. En la ganancia de poder, el poder de la política, en sus aspectos técnicos, es lo que está en plena discusión en Europa:

p.e. La política europea de seguridad y defensa en el debate sobre el futuro de la unión europea. Del proyecto Paneuropa al proyecto Paraeuropa. [Un libro que trata este ámbito es: La nueva política europea de vecindad: de la paneuropa a la paraeuropa?, Escrito por Luis Ernesto Orozco Torres.Editor : Universidad De Sevilla. Servicio De Publicaciones, 2006]

La Política Europea de Vecindad tiene el objetivo de extender la idea de Europa o los valores europeos allende sus fronteras, lo que presumiblemente será la europeización de los vecinos, pero no por imposición de una definición eurocéntrica de la seguridad nacional o interés nacional europeo, ni tampoco bajo la directriz de un intereses vitales europeos; sino por el principio de atracción, simple atracción. Lo que nos invita a pensar que el gran proyecto de integración europea trasciende el inicial proyecto Paneuropeo, implicando así, la configuración del proyecto Paraeuropeo. Es decir, la construcción del entorno próximo o el vecindario europeo.

[Carmen Pérez González, Alicia Cebada Romero :EL ALTO REPRESENTANTE DE LA PESCA Y LA NUEVA POLÍTICA EUROPEA DE SEGURIDAD Y DEFENSA, Madrid, Ed. Dykinson, 2003, 164 páginas]

También: La nueva política europea sobre sustancias químicas para elevar la protección de la salud. La nueva política migratoria. La nueva política europea de la competencia. La nueva política regional europea 2007-2013. En este contexto a nivel político están presentes los partidos monárquicos con sus nuevas propuestas creativas.

Partidos monárquicos en Francia
La Alianza Royale (Royal Alliance) es un partido político francés dedicado a la restauración de la monarquía en Francia y a promover la polémica acerca de la monarquía entre el público en general. El partido fue creado en 2001 con el símbolo francés de la Flor de Lis como un logotipo, que fue originalmente utilizado por la monarquía en la Francia pre revolucionaria. El partido también está marcado por su euroescepticismo, y trata de volver a establecer una monarquía constitucional como una institución que identifica a Francia en la cultura europea.

Fundadores
El partido fue creado en 2001 por Yves-Marie Adeline como un canal popular que buscaba conectarse con el público en general con el fin de ampliar el debate en Francia sobre la monarquía, que no es un tema frecuentemente discutido, y animar a la gente a ver los beneficios de la monarquía constitucional.

La ideología y la política
El partido se ha establecido con el objetivo de "fomentar Francia para preparar su futuro dentro de sus instituciones", es decir, la institución de la monarquía. El partido cree en la restauración de una monarquía como un órgano constitucional, y aunque considera que el pretendiente orleanista es un candidato viable, no especifica que prefiere. El Partido cita la identidad cultural dentro de Europa como una razón por la cual desea restablecer la monarquía, y por lo tanto son notablemente euroescépticos, describiendo la Unión Europea, como un órgano de los Estados europeos con objetivos comunes y no como una unión política o superestado.

Organización
El partido está dividido en grupos regionales, con los activistas del partido en cada región responsables de la promoción del partido y de su causa.

Les adjunto un video en francés, un poco antiguo, pero sirve para ilustrar el pensamiento de ésta agrupación política.

Ver Blog: GalliaWatch Los recuerdos son importantes Yves-Marie Adeline L’ALLIANCE ROYALE SE DOTE D’UN NOUVEAU PRÉSIDENT
Después de un año, Yves-Marie Adeline renuncio a su puesto como presidente de la Alianza Royal. La Alianza Royal propuso al Vice-Presidente, Pierre Bernard, para hacerse cargo, de la Alianza quien sigue las bases establecidas por Yves-Marie Adeline.
Católicos en campaña. La reforma de las instituciones políticas La Action française
Hoy en día, la Action française, bajo la denominación de Centre royaliste d'Action française (CRAF), es el principal movimiento político de tipo monárquico en Francia. Se define como «monárquica, nacionalista y soberanista». Preconiza el restablecimiento de la monarquía en Francia (personificada en la rama Orléans de los Borbones) y se opone a la Europa federal, a la mundialización o al propio «sistema de partidos francés» basándose en la defensa incondicional del «interés nacional». Action française ha eliminado el antisemitismo y la xenofobia de su discurso político, ideas que eran destacadas en la línea editorial del diario ya desde los días del caso Dreyfus y de la Primera Guerra Mundial o en el discurso político de varios de sus miembros antes de la aparición en la escena política internacional de Adolf Hitler.
La actitud a adoptar respecto del Front National divide a los militantes de Action française: una parte de los militantes del movimiento monárquico considera que los realistas deben mantenerse al margen de los partidos políticos de tipo republicanos. Para otros, por el contrario, el Frente Nacional francés es el principal partido de la derecha soberanista y nacionalista con lo que votar sus listas constituye un medio eficaz para lograr el avance de las ideas que sostiene Action Française. De hecho, mientras que en las elecciones presidenciales del año 2002 Action Française eligió apoyar la candidatura presentada por Jean-Pierre Chevènement, por el contrario en las presidenciales de 2007 ha elegido apoyar a Jean-Marie Le Pen. El candidato presentado por el Frente Nacional.
Hoy en día, Action française está organizada en secciones locales. Cada dos semanas edita su periódico L'Action française 2000, que estuvo dirigido por Pierre Pujo. No obstante, la cabecera L'Action française había sido prohibida en Francia a perpetuidad con la Liberación. Tras haber inicialmente adoptado el nombre de L'Action française hebdo, el periódico fue obligado a denominarse L'Action française 2000, siendo este título considerado aceptable por los Tribunales de Justicia.
Los jóvenes de Action française se agrupan en torno de L'Action française étudiante que reúne a estudiantes universitarios o de instituto, así como a trabajadores; a su frente se encuentra Thibaud Pierre, y cuentan con una quincena de secciones locales. Su línea de actuación se centra en la formación política: círculos de formación, debates, conferencias, etc., así como de la propia acción política: campañas, mítines. Cada año se reúnen para una Universidad de verano: se trata del Campamento de Maxime Real del Sarte (creado en 1953) que propone 10 días de formación política militante. Antiglobalización y antiliberal, el movimiento reivindica la defensa, en todas sus formas, del «interés nacional» y preconiza un tipo de nacionalismo que no es sino una somera puesta al día de las ideas heredadas de Charles Maurras. Royal Artillery
Democratic Rally (Rassemblement démocrate, RD)
Es un grupo político monárquico establecido en 2004. Su objetivo es la convergencia de todas las personas que se adjuntan a las concepciones de la monarquía moderna y desean permanecer fieles a la dinastía de los Capetos. RD trata de promover una nueva democracia. El movimiento está dirigido por Philippe Cartellier. RD Agrupa a los grupos de izquierda moderada, centrista y gaullista monárquicos. Se autodenomina un movimiento monárquico democrático (democracia realista), se ha alineado con el Movimiento Nacional liderado por el ex monarca búlgaro Simeón II de Bulgaria.
Nouvelle Action Royaliste (Nueva Acción Monárquica),
La NAR es un partido político francés, que aboga por la instauración de una monarquía constitucional en Francia. Son conocidos a veces como monárquicos de izquierda por su ideología próxima a los partidos de izquierda francesa.
Su presidente es Bertrand Renouvin, cuenta con alrededor de 1.500 militantes, tiene como órganos oficiales el Royaliste y Le Lys Rouge, se apoya en los derechos del conde de París (Henrique de Orleáns) al trono de Francia.
Historia
Bertrand Renouvin fundó la NAR en abril de 1971 con el nombre de Nova Acción Francesa (Nouvelle Action française), se presento a las elecciones presidenciales de 1974 y consiguió 43.722 votos (0.17%). En octubre de 1978 adopto su actual nombre. En las elecciones presidencias de 1981 apoyo la candidatura de François Mitterrand y en 1982 funda la Nouvelle Citoyenneté, con la que pretendía influenciar en el seno de la sociedad francesa. En las elecciones presidenciales de 1988 vuelve a dar su apoyo a Mitterrand. Propugnó el no en el referendo sobre la constitución europea de 2004.

30 de enero de 2010

Los ecos de Homero: la Operación Aquiles


Los ecos de Homero: la Operación Aquiles, una ofensiva de la OTAN en Afganistán en 2007.

Les adjunto el artículo de Charlotte Higgins, publicado en el Guardian, el Sabado 30.de enero 2010. Valioso artículo a proposito de las declaraciones de Anthony Blair.

http://www.guardian.co.uk/books/2010/jan/30/iliad-war-charlotte-higgins

Traducción mía.


La Ilíada es el primer gran libro, y el primer gran libro sobre el sufrimiento y la pérdida en la guerra. Nos encanta contar historias de la guerra. Tony Blair tejió su propia historia cuando presentó las pruebas en la investigación Chilcot ayer: el último, intento no poético de darle sentido a un enfrentamiento de poderes entre el Este-Oeste. Se puede señalar que "Spin" se remonta a la Ilíada: el primer escritor del siglo Dion Crisóstomo sostuvo que Homero, por razones propias, suprimió la verdad sobre la guerra de Troya – que en realidad, los griegos pierden. "Los hombres aprenden con dificultad... Pero son engañados con demasiada facilidad," escribió.


¿Por qué es el primer libro sobre la guerra? Tal vez porque la guerra está indisolublemente ligada a instar a la humanidad a contar historias. La Civilización - con sus asentamientos, sus límites y fronteras, sus jerarquías – origina los conflictos y las narrativas por igual. En la Ilíada, dos personajes tienen el impulso de la narrativa, y algo parecido a una visión sinóptica de las escenas surgiendo a su alrededor. Aquiles canta las historias de las hazañas de los héroes en la batalla, y Elena borda las escenas de los combates en un elaborado textil.

Muchos deseando darle sentido a las guerras en su propio tiempo han acudido a La Ilíada. Alejandro el Grande, tal vez el soldado de mayor éxito en la historia, dormía junto a un ejemplar firmado por su tutor, Aristóteles. "
Lo consideraba como un perfecto tesoro portátil de todo el conocimiento y las virtudes militares ", según la biografía de Plutarco. El ensayo de Simone Weil, "L'Iliade vigor ou le Poème de la force", publicado en 1940, sostiene que "el verdadero héroe, el tema en el centro de La Ilíada es la fuerza", a la que define como "aquella que convierte a cualquier persona que se somete a ella en una cosa”.

Su contemporánea Rachel Bespaloff
, en Ginebra, filósofo que acabó en los Estados Unidos, también acudió a la poesía de Homero como "un método de hacer frente a" la segunda guerra mundial. Para ella, contiene una profunda historia humana - Su ensayo "Sobre La Ilíada" comienza diciendo: "El sufrimiento y la pérdida han dejado a Héctor desnudo".

Todavía estamos recurriendo a la
Ilíada, en medio de nuestras propias guerras: la novela reciente de la escritor australiano David Malouf, Ransom (Chatto & Windus), es el encuentro entre Príamo y Aquiles en el último libro de la Ilíada, mientras que Caroline Alexander en su nuevo estudio del poema, La guerra que causó la muerte de Aquiles (Faber), lo ve como una meditación sobre los efectos catastróficos de los conflictos. Aunque no se entrega a una equivalencia directa, es difícil no vincular su lectura a la devastación causada por los conflictos en Afganistán e Irak.

Los estudiantes de hoy en West Point, la academia militar de EE.UU. de élite donde se puede realizar una maestria en "
Estudios sobre Terrorismo", se incluye el estudio de La Ilíada, como parte de su curso de literatura. En el 2007 en su libro Corazón de Soldado, Elizabeth Samet, profesora de literatura en la institución, recuerda una visita por del poeta Robert Fagles, que recitó en griego, las primeras 1.000 líneas del poema épico. Los oyentes en su audiencia deben estar ahora en las posiciones de mando en Irak y Afganistán. El lenguaje militar de los conflictos, incluso trae consigo ecos lejanos de Homero: la Operación Aquiles fue una ofensiva de la OTAN en 2007 que pretendía retomar la provincia de Helmand de los talibanes.

La guerra de Troya - un acontecimiento más o menos mítico – fue el asedio, de 10 años, de la ciudad de Troya por una coalición de griegos, con el propósito de restaurar a Elena a su esposo Espartano, Menelao. La Ilíada no gráfica las causas famoso del conflicto (el príncipe troyano París y el secuestro de Helena) ni su espectacular sangriento final (el ardid del caballo de madera y el saqueo brutal de la ciudad por los griegos). En cambio, el tema del poema es específicamente la furia de Menis, -,
la ira de Aquiles el 'mejor guerrero’ de los griegos.

La ira es provocada por la decisión equivocada de su comandante en jefe Agamenón, de apoderarse de Briseida, la mujer cautiva de Aquiles, como compensación por su propio botín, Chriseis, a quien ha sido obligado a restituir a su padre Troyano. Aquiles, ultrajado en su orgullo y su honor, se retira de la lucha y convence a su madre, la diosa Tetis, para pedirle a Zeus cambiar el rumbo de la guerra contra los griegos, a sabiendas de que sufrirán pérdidas terribles. Él se resiste obstinadamente a todos los llamamientos para volver a la batalla, pero finalmente se compromete a enviar a su compañero querido, Patroclo, a la refriega.


Cuando Patroclo muere a manos del mejor combatiente de los troyanos, Héctor, Aquiles se llena de rabia. Se une a la lucha, y comienza una matanza larga y despiadada. Por último, mata a Héctor en singular combate y ata el cadáver a su carro, arrastrándolo triunfalmente en torno a las murallas de la ciudad. (En el 2004, los cuerpos de los contratistas estadounidenses fueron atados a los automóviles y arrastrados por las calles de Faluya.) Al final del poema el padre de Héctor, Príamo, débil y anciano, entra al campo de los griegos y convence a Aquiles para devolverle el cuerpo de su hijo.


No todos los soldados han visto el punto. T.E. Lawrence estimó a Homero lo suficiente para traducirlo (más bien insatisfactoriamente), pero se mostró burlón del conocimiento del poeta de los asuntos militares. Homero, pensó, debe haber sido "muy aficionado a los libros" y "muy educado". En su libro Samet escribe que uno de sus alumnos declara que "Alejandro era un tonto para llevar a este poema con él". No encontró nada para emular en Agamenón o Aquiles - hasta que leyó el libro 11 del poema, cuando "lo encontró". Esta es la sección conocida como la Aristeia de Agamenón - su día de gloria en el campo. Tal vez lo que llamo la atención del estudiante fue el escenario en el que describe como el comandante se arma para la batalla, en torno a 30 líneas describe minuciosamente el material militar, hasta las lanzas con punta de bronce que destellan en el resplandor de la luz solar: y como convoca amorosamente a sus soldados emplear sus armas. O tal vez, después de todo, fue la brutal descripción de las proezas militares de Agamenón que lo transfiguraron, el comandante quitando la vida de cada joven troyano que encuentra, sordo a sus gritos de misericordia:

Ref. Odisea
Ref. Homero

"Y él lanzó a Pisandro fuera del carro, a tierra
y le lanzó una lanza en el pecho - el hombre se estrelló de espaldas
Hippolochus salto, pero lo mató en el suelo,
corta sus brazos con una espada, y le separa la cabeza
y lo envió rodando como un tronco”.


Prosiguen asi, en La Ilíada, estas descripciones casi alegres de la masacre, de modo que podrían causar que algunos lectores modernos cuestionen los valores de la poesía, o al menos permitir medir la distancia entre nosotros y la sociedad de la que surgió. Homero no era un pacifista. "Homero y Tolstoi tienen en común un amor viril de la guerra y un horror viril a ella", Bespaloff escribió en "Sobre La Ilíada". Es inútil buscar en Homero una condena de la guerra: "La gente hace la guerra, pusieron con él, maldita sea, que incluso los elogios que en las canciones y los versos, pero no debe ser juzgada más allá de lo que es el destino. "


Pero es fácil ver por qué Lawrence admiraba las descripciones de batalla de la Ilíada. A pesar de que nunca faltan en el drama, a menudo son inverosímiles, incluso para un ojo civil, no menos en la forma en que los soldados mueren, increíblemente, limpiamente y de forma instantánea. Raros son los casos en que los combatientes son atendidos por cirujanos de primer orden como, Macaón y Podalirio, o en una ocasión por el mismo Patroclo, que hace de médico para ayudar a su compañero Eurypylus. La agonía de la muerte, los gritos de dolor de los soldados que no pueden moverse por estar heridos, están ausentes en el poema. Compare este relato, con el de John Charles Austin, del libro Reportaje de John Carey, que describe la evacuación de la Fuerza Expedicionaria Británica en Dunquerque, en junio de 1940: "Un olor horrible de sangre y carne mutilada impregnó el lugar... Pusimos nuestras caras en la dirección del mar, acelerando nuestro ritmo para pasar a través del cinturón de este miasma nauseabundo tan pronto como fue posible”. Agua... Agua...» -gimió una voz desde el suelo justo en frente de nosotros. Fue un soldado de infantería herido. Había sido golpeado tan brutalmente que no había esperanza para él. "


Tampoco los héroes de La Ilíada sufren las consecuencias a largo plazo de las lesiónes - un hecho que la disparidad entre la práctica de la medicina antigua y moderna no puede contar. El famoso Ulises tiene una cicatriz en la Odisea - es el medio por el que su niñera, Euriclea, ve a través de su disfraz, mientras lo baña a su regreso a Itaca; pero en realidad se lo produjo en una cacería de jabalí.


Sin embargo, La Ilíada todavía tiene mucho que decir sobre la guerra, incluso cuando se libra hoy en día. Nos dice que la guerra es la que trae la fama a sus jóvenes combatientes y también la que es la destructora de sus vidas. Nos dice sobre la destrucción y el caos post-conflicto, sobre la guerra como el gran inversor de la fortuna. Nos habla de los dilemas de los combatientes obligados a servir a las órdenes de superiores incompetentes. Nos habla de la guerra como un intento de proteger y preservar modos de vida apreciados. Nos dice, también, sobre la profunda brecha entre la existencia en la vida civil y la de la vida en la primera línea; acerca de las atrocidades y la masacre indiscriminada; el ensañamiento particular para con las mujeres y los niños, sobre las amistades y simpatías a través de las líneas de batalla. Nos habla del amor entre los soldados que combaten juntos. Por encima de todo, nos habla acerca de las pérdidas terribles de la guerra: de un soldado que pierde a su compañero más cercano, de un padre que pierde a su hijo.


En el centro de las observaciones más urgentes del poema sobre la naturaleza de la guerra esta su héroe, Aquiles, un personaje extremo en todos los sentidos – El guerrero más sanguinario en La Ilíada, el más rápido para la ira, pero a veces el más tierno. Él está teñido con lo sobrenatural: su madre es una diosa, su armadura está forjada por el dios Hefesto, incluso su carro equipo consta de caballos inmortales, regalo de Zeus. Él ve la guerra con una perspectiva lucida, como Alejandro lo señala, él esta consciente acerca de la inutilidad del conflicto. Durante su respuesta a Agamenón en el libro de uno, Aquiles dice:

Los troyanos nunca me hicieron daño, no en lo más mínimo,
nunca me robaron el ganado o caballos, nunca
en Ptía en donde el rico suelo produce razas de hombres fuertes
le quitaron el agua a mis cultivos. ¿Cómo podrían?
Mira a los interminables kilómetros que hay entre nosotros. . .
sombras de cordilleras, los mares que surgen y truenos.
No, usted, colosal, desvergonzado – al que todos le siguieron,
para complacerlo, para luchar por usted, para ganar su honor
frente a los troyanos.


"Esta guerra es estúpida y sin sentido. No es nuestro país y no es nuestra lucha", es una vista típica de los registrado por el fotógrafo de The Guardian y el cineasta Sean Smith cuando estaba entre las tropas de EE.UU. en Irak.


The Odyssey is a poem as full of twists and turns as the mind of its wily hero, Odysseus. It contains flashbacks, embedded narratives, exotic locations, fairytale characters and a chronology – sometimes stretched, sometimes compressed – that covers a decade. The Iliad, in contrast, is a linear tale, circumscribed in geography and time-frame: we are placed variously in the Greeks' camp, the plain outside Troy, the city itself, and in the gods' home on Mount Olympus. Its characters are nearly all soldiers and gods, with mere bit parts for women, children and other non-combatants. It covers about 40 days during the 10th year of the war.

One of its most arresting characteristics, however, is the way it casts us forward and back, hinting at both a lost, peaceful world "back home", and the horrors of the post-conflict world to come. This is a quality that does much to lend the poem its pathos, and its constant sense of loss. Take its regularly used epithets: these familiar phrases ("wine-dark" sea, "rosy-fingered" dawn) have often been seen as simply as the more or less meaningless metrical building blocks that would have helped a bard to improvise lines of verse on the hoof. Sometimes, though, they seem to be carefully ¬chosen. The last line of the epic is "And so they buried Hector, breaker of horses."

That epithet, "breaker of horses", has been used of the hero dozens of times, yet it never ceases to stop me in my tracks. Breaking horses is a gentle art, the occupation of peacetime (even if those horses are being readied for future war). None of that for Hector now. There's a curious resonance between that line and an account, again published in Carey's collection, by a young farmhand who fought on the other side of the Dardanelles, in Gallipoli, in 1915. The lad is on sentry duty in the trenches. "I knew the next sentry up quite well. I remembered him in Suffolk singing to his horses as he ploughed. Now he fell back with a great scream and a look of surprise – dead."

Lost peacetime is, however, most often conjured up through the poet's imagery – in which we are often invited to imagine an act of great violence with the help of similes drawn from a pastoral world far from the battlefields of Troy. In the 11th book, the Greek warrior
Ajax slowly withdraws from a bout of hand-to-hand fighting:

Like a stubborn ass some boys lead down a road . . .
stick after stick they've cracked across his back
but he's too much for them now, he rambles into a field
to ravage standing crops. They keep beating his ribs,
splintering sticks – their struggle child's play
till with one final shove they drive him off
but not before he's had his fill of feed.


In book 13, an arrow bounces off Menelaus's shield like chickpeas off a shovel; the following book has a boulder thrown by Ajax that sends Hector "whirling like a whipping top". Such humble, almost humorous images have a cumulative effect, creating a lightly sketched vision of a parallel world that sits at the back of the mind as we absorb the "foreground" action of the battle for Troy. Occasionally, such images contain their own violence, blurring into to the scenes they are helping us conjure. In the 12th book, the armies are said to fight like farmers rowing over a disputed a boundary stone – war writ small.

It is the Trojans, meanwhile, who provide the most obvious focus for the fragility of civilian life, and the horrors that await the city's old, its women, and its very young. One feature of the poem is that it accords equal dignity to both sides in the war: the Trojans are not dehumanised into "ragheads" or "gooks". In book six comes the famous, moving scene in which Hector, returning to the city after a bout of battle, encounters his wife
Andromache and son Astyanax. This is a passage of tenderness and tearing grief, as we witness the hero's love for his wife and hers for him; and the sweet fragility of their child. It is this passage that helps Samet find in Hector the blueprint of the "citizen soldier", a warrior fighting to save his home and his values – a neat Americanisation.

Andromache appeals to her husband to use defensive tactics, to stop leading his men from the front. She is already a victim of war: her father and seven brothers have been killed in a previous conflict by Achilles himself; her mother is dead, too. "You, Hector – you are my father now, my noble mother, / a brother too, and you are my husband, young and warm and strong! / Pity me please," she begs. Hector ¬sorrowfully refuses: honour dictates he must lead his men in the field, though he has ¬little doubt of the defeat that is coming. It is not so much the pain of his parents, his brothers, dying that haunts him, he says.

"That is nothing, nothing beside your agony
when some brazen Argive hales you off in tears.
wrenching away your day of light and freedom!
Then far off in the land of Argos you must live.
labouring at a loom, at another woman's beck and call,
fetching water at some spring, Messeis or Hyperia,
resisting all the way –"


The child Astyanax recoils at the sight of his father's frightening plumed helmet. Hector picks him up, and Andromache smiles through her tears. He prays that the boy might one day be prince of the Trojans, their best fighter, better even than his father, "a joy to his mother's heart".

In antiquity, those encountering the poem would probably have been familiar with two other epics, now lost, that dealt with later parts of the Trojan war story (these are known as The Little ¬Iliad and The Sack of Troy). The Odyssey fills in some blanks, not least the story of the wooden horse. Later come those Athenian fifth-century tragedies that develop stories begun in The Iliad:
Aeschylus's Agamemnon, and Euripides's plays Hecuba and The Trojan Women, which deal with the calamitous fall-out of the war on its female victims – its "collateral damage".
From such texts we know how right, and how wrong, Hector is. We know that Andromache will, yes, be dragged into slavery. But we also know that his aspirations for his son are empty; even the infant's name is a cruel joke (Astyanax means "lord of the city"). The baby will be flung over Troy's ramparts by the victorious Greeks – a scene that appears in The Trojan Women.

It is perhaps in the relationships between the combatants that modern soldiers might most readily see their own emotions mirrored. In his book Achilles in Vietnam: Combat Trauma and the Undoing of Character, American psychiatrist
Jonathan Shay finds parallels between the pathologies of Vietnam veterans whom he has treated, and Homer's Achilles. He argues that Achilles is suffering from what we would now call combat trauma, the death of Patroclus causing his character fatally to unravel. In particular, Shay compares the comradeship and passionate loyalty of American soldiers in Vietnam to that between Achilles and Patroclus – who grew up together, fought alongside each other, and whose relationship is the subject of some of Homer's most tender writing. In book 16 – shortly before he agrees to let Patroclus enter the fighting – Achilles finds him weeping:

"Why in tears, Patroclus?
Like a girl, a baby running after her mother,
begging to be picked up, and she tugs her skirts,
holding her back as she tries to hurry off – all tears
fawning up at her, till she takes her in her arms . . .
That's how you look, Patroclus, streaming live tears . . ."


Such fierce tenderness is echoed in the conversation of today's British troops fighting in Iraq and Afghanistan. Former Guardian war reporter Audrey Gillan was, in 2003, embedded with the Household Cavalry in Iraq. The regiment was initially reluctant to host a female journalist, but she was later told by the driver of the personnel carrier that became her home "Don't worry, I will never, ever leave you. I will pick you up and carry you if I have to."


In 2008, Gillan spoke to soldiers from the Princess of Wales's Royal Regiment who had been involved in a particularly brutal firefight in Basra four years earlier. Lance Corporal Martin Hill remembered the end of a fellow soldier: "He was dead. You could see his skin changing colour and his eyes were dilated. We went through every emotion possible then. Blokes were screaming out and crying." This is a long way from ramrod backs and stiff upper-lips.

When Antilochus brings Achilles the news of Patroclus's death in book 18,

"A black cloud of grief came shrouding over Achilles
Both hands clawing the ground for soot and filth,
he poured it over his head, fouled his handsome face
and black ashes settled on to his fresh clean war-shirt,
Overpowered in all his power, sprawled in the dust,
Achilles lay there, fallen . . .
tearing his hair, defiling it with his own hands . . ."


Shay records one of his patients recalling his own fury: "I really loved fucking killing, couldn't get enough. For every one of them I killed I felt better. Made some of the hurt went away [sic]. Every time you lost a friend it seemed like a part of you was gone. Get one of them to compensate what they had done to me. I got very hard, cold, merciless. I lost all my mercy."

Achilles also gets hard, cold, merciless. Even by the standards of The Iliad, his killing spree is grotesque. He cannot sleep or eat; he thinks only of killing: "what I really crave / is slaughter and blood and the choking groans of men". He slakes his bloodthirst by felling men, by filling the waters of the Scamander so full of bodies and gore that the river deity himself rises up from the depths in anger. It is "all day permanent red", to borrow the memorable title of one of ¬Christopher Logue's ¬poetic reimaginings of The Iliad.


Achilles captures 12 Trojan men whom he will sacrifice on Patroclus's pyre – again, even by the standards of The Iliad, a horrific act; today, we would call it a war crime. In book 21, he downs the Trojan prince Lycaon. You captured me once before, says Lycaon, but then, merciful, you spared my life. Do the same now. Achilles responds:

"Come, friend, you too must die. Why moan about it so?
Even Patroclus died, a far, far better man than you.
And look, you see how handsome and powerful I am?
The son of a great man, the mother who gave me life
a deathless goddess. But even for me, I tell you,
death and the strong force of fate are waiting.
There will come a dawn or a sunset or high noon
when a man will take my life in battle too –
flinging a spear perhaps
or whipping a deadly arrow off his bow."


After the loss of Patroclus, all life Lycaon's, his own – is, for Achilles, utterly meaningless. We are all going to die; we (or at least you) may as well die now.


Yet this is an aberration: life does have meaning in The Iliad, a meaning that is bound up both with a warrior's kleos, the glory he achieves in the field, and, paradoxically, with a hero's willing, onward surge towards death. How are we, then, to read the poem amid the horrors and contradictions of our own wars, conflicts that have destroyed countless Andromaches and Astyanaxes? Bleak as The Iliad is, it is made all the bleaker by its divine characters. The poem's gods, who urge on the fighters and intervene to help their favoured heroes, are flimsy and flippant compared to their mortal counterparts, a source of troubling light relief rather than profundity. The life-and-death struggles of the human characters seem weightier and more agonisingly present when set against the meaningless existence of the gods. This is a hard world: the war isn't "for" anything, certainly not some greater good, but is merely part of the blind workings of an inexplicable fate that even Zeus, king of the gods, must bow to. When the warriors die, there are no flights of angels to sing them to their rest, only the prospect of a ghastly, ghostly, absence of meaning.

As Hector's soul departs his dying body, it does so "wailing his fate / leaving his manhood far behind, / his young and supple strength". The Iliad is a cavalcade of loss, an endless -parade of men summoned briefly to life only to be consigned to death – such as young Gorgythion in the eighth book, subject of one of the poet's most poignant similes:

"As a garden poppy, burst into red
bloom, bends,
dropping its head to one side,
weighed down
by its full seeds and a sudden spring
shower,
so Gorgythion's head fell limp over
one shoulder,
weighed down by his helmet."


To post-first-world-war readers, it is hard not to add a further layer to these lines – Flanders fields a carpet of blood-red poppies.

At the end of the poem comes the scene between
Priam and Achilles, when the frail, grieving father finds it in himself to kiss those "terrible, man-¬killing hands / that had slaughtered Priam's many sons in battle", when Achilles sees reflected in the face of Priam the likeness of his own beloved father. Weil underestimated the power of this passage. Achilles is not simply an unfeeling "thing", reduced by the unspeakable power of force. The truth may be harder to take. He is at the same time a mass slaughterer and the gentlest of men. Only a few lines of verse stand between the Achilles who wipes away the tears of his beloved Patroclus and the one who piles up hecatombs of the Trojan dead. Find in this comfort, if you can.

Adjunto el video en ingles de las declaraciones del ex premier ingles Anthony Blair

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