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26 de noviembre de 2011

Actualidad de Habermas, Bourdieu, Lévi Strauss, y Heidegger

Adjunto información reciente sobre la obra de estos pensadores que considero básica para la reflexión sobre temas de actualidad: La constitución europea en el contexto de su subdesarrollo, que enfrenta el problema de la libertad, la identidad, la memoria, y la existencia frente al contexto el mercado. La teoría del mundo social en este contexto conflictivo. El problema de la igualdad. El modelo wittgensteniano y el rechazo de la tradición y su pensamiento.


Publican nuevo libro de Jürgen Habermas: Sobre la Constitución de Europa. Un ensayo.

A la luz de la crisis europea, el sello editorial Suhrkamp ha lanzado la más reciente obra del filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas. Zur Verfassung Europas. Ein Essay (Sobre la Constitución de Europa.
Un ensayo) es una defensa del proyecto de Unión Europea donde el autor, además de explicitar sus aspiraciones teóricas en la conformación de un gobierno mundial, ofrece nuevas herramientas de reflexión sobre la transnacionalización de la democracia, situando el proceso de unificación dentro de un contexto de codificación a largo plazo y civilización del poder estatal. En este sentido, el autor exhorta a los políticos a detener la reforma del proyecto europeo a puerta cerrada como se ha hecho hasta ahora.

Jurgen Habermas
Además del ensayo sobre la constitución europea, la publicación se complementa de otro texto titulado The Concept of Human Dignity and the Realistic Utopia of Human Rights (2010), así como tres escritos publicados por Jürgen Habermas desde el inicio de la actual crisis financiera.

Habermas ha sido reconocido con las más altas distinciones germanas, como son los premios Hegel (1974), Sigmund Freud (1976), Adorno (1980), Geschwister-Scholl (1985), Wilhelm-Leuschner (1985), Sonnig (1987), Karl Jaspers (1995), Theodor-Heuss (1999) y el de la paz Frankfurter Paulskirche (2001). Asimismo ha sido distinguido con el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales (2003). Miembro de la Academia Alemana de la Lengua.

Es Doctor ‘honoris causa’, entre otras, de la New School for Social Research de Nueva York y de las universidades de Jerusalén, Buenos Aires, Hamburgo, Utrecht, Evanston, Atenas y Tel Aviv.

Habermas, en cuyas reflexiones se entremezcla el filósofo, el sociólogo, el comunicólogo, el psicólogo y el político, parte de una crítica del marxismo, pero no desde una posición ajena o alejada del pensamiento marxista -en Habermas no se ocultan las huellas del marxismo hegeliano y weberiano-, sino con una idea reconstructiva, regeneradora, restauradora de la racionalidad crítica. Concibe una comunidad de bienes sociales, de plena comunicación basada en el desarrollo de la cultura democrática, en la ética y el derecho. El marxismo, entiende Habermas, se había centrado en exceso en el plano material y económico, por lo que era necesario reconducirlo a través de la ética del discurso, mediante la acción comunicativa.

Es un exponente de lo que se ha dado en llamar la segunda generación del pensamiento crítico, nacido de la Escuela de Francfort, a la que Habermas apenas se acercó de la mano de Adorno. Sus debates polémicos en el seno del pensamiento germano no sólo le llevan a denunciar el ‘provincianismo’ y ‘elitismo’ de la tradición crítica, sino a abrir la reflexión al exterior, a hacer más permeable el pensamiento norteamericano y británico.

A través de la teoría de la acción comunicativa hace los trazados de una pragmática general y de una teoría universal de la sociedad. Busca reconstruir, mediante la expresión de los individuos, del lenguaje y la comunicación, un espacio de entendimiento y consenso, de aceptación y cooperación, como basamento de un nuevo pacto social. Su filosofía para la transformación social, por consiguiente de matriz sociológica, se apoya en la comunicación través de la filosofía del lenguaje. El lenguaje permite el conocimiento y la comprensión y se convierte así en el eje de la consciencia transformadora, de la innovación social. En el horizonte de la acción comunicativa resplandece una sociedad reflexiva y libre, que se une por el conocimiento y no por la imposición o el temor. Es la autonomía de la razón comunicativa. El triunfo del ágora. En el lenguaje, afirma Habermas, está la base de la democracia, porque permite una comunicación e interacción eficaz, equilibrada y libre.

Habermas en su análisis crítico de la ciencia distingue distintos planos en los que ésta se plasma, de modo que las ciencias empíricas se autosatisfacen en la lógica objetiva o en el plano técnico, mientras que en las ciencias sociales, mediante su lógica interpretativa, tienen un carácter liberador y de profundización en el progreso del ser humano.

Habermas advierte del valor ideológico y de discurso dominante que adquiere la ciencia y la técnica en la sociedad actual. Reflexión acerca de las consecuencias del positivismo científico, como resorte ideológico de la racionalidad del capitalismo avanzado. Una reducción del conocimiento al dominio técnico y, consecuentemente, una expulsión del conocimiento especulativo, de la razón reflexiva, como instrumentos propios de una etapa que se dice que ha sido superada.

La sociedad aparece descrita por dos planos superpuestos –el mundo de la vida y el sistema social-, cuyos perfiles están dibujados, respectivamente, por la racionalidad y la complejidad. La complejidad creciente del sistema social invade, condicióna y dirige el mundo de la vida, degradando sus atributos más significativos, como son la libertad, la identidad, la memoria, el sentido natural de la existencia. El sistema aparece descrito por el mercado y por el conjunto de instrumentos institucionales y estratégicos –en especial a través de los medios- que lo informan, con una fuerza envolvente que reduce el espacio público, la esfera cívica de la innovación, el margen de expresión de la cultura democrática.

Habermas se pregunta si es posible plasmar un sistema social en el que las inquietudes de la opinión pública, sus anhelos y proyectos, tengan una traslación al plano de la acción política, a la gestión. Esto es, si es posible superar la regulación administrativa de la democracia por una democracia autoconstructiva, guiada por la interacción comunicativa de los individuos que la integran.

Especial importancia tiene la posición de Habermas en la ‘cuestión de la modernidad’, que no queda resuelta, a su entender, con la ruptura ideológica de la racionalidad o el desarme postmoderno. Postmodernismo que el pensador alemán sitúa en el plano de las ideologías conservadoras, donde priman las ilusiones que entierran la dialéctica de la historia sin que aún, en la realidad social, se sinteticen los valores de la emancipación y del consenso o se alcance una comunidad de comunicación libre –‘comunidad ideal de comunicación’-, un espacio ético o un ‘mundo de la vida’ descrito por valores compartidos. La modernidad, como escenario meta o de superación de las contradicciones que marcan la historia, está lejos de alcanzar su efecto emancipador, al tiempo que el capitalismo avanzado oculta sus contradicciones con simulaciones de la realidad y liberaciones virtuales que hacen palidecer la observación crítica del tiempo presente.


Pierre Bourdieu y la teoría del mundo social


Pierre Bourdieu, el sociólogo que escribía con luz  
En Madrid se esta realizando una muestra fotográfica de alguien que no ha destacado precisamente como fotógrafo ya es noticia per se.
Dice una romántica teoría que las fotografías auténticamente buenas son las que le tocan a uno el alma, y no necesariamente las que ofrecen nitidez y color a raudales. Y Pierre Bourdieu era el ejemplo extremo de esta teoría: no sabía medir ni enfocar, no le gustaba revelar y apenas entendía su cámara fotográfica.

Bourdieu no era fotógrafo. O mejor dicho: era fotógrafo, pero malo. No cuidaba sus instantáneas como haría cualquier reportero; sin importarle encuadres, exposiciones o sensibilidad, retrataba a la gente, la sociedad, la vida… y luego se pasaba horas examinando el material resultante para sus investigaciones como sociólogo.
No es la fotografía de un artista. Bourdieu hace un trabajo político y social del que la imagen fija forma parte. La fotografía no es el centro de su trabajo, sino un apéndice más. Perfectamente prescindible, pero altamente enriquecedor para el todo.

En su juventud Bourdieu trabajaba como profesor en Argelia y presenció los últimos coletazos de una guerra que acabaría con el país independizado de Francia.
Pero a diferencia de los cronistas gráficos de la época, Bourdieu no buscó el morbo de la muerte ni la crudeza de la guerra; como buen sociólogo, retrató a una población civil que luchaba contra el capitalismo, renunciaba a sus raíces y abandonaba el campo para instalarse en los núcleos urbanos. No en vano, el lema de Bourdieu fue: "Ver para hacer ver, comprender para hacer comprender."

Racismo de clase

Antes de fallecer en 2002, el autor reflexionaba así sobre su trabajo: "En algunos casos, yo hacía las fotografías para poder recordar, para poder describir después. En otros casos, era una forma de mirar. Hay una sociología espontánea de la pequeña burguesía que ridiculiza a los que se van a hacer turismo con la cámara colgada al hombro y que terminan por no mirar los paisajes que fotografían. Siempre he pensado que se trata de racismo de clase."

Bourdieu también tuvo tiempo para criticar a los fotógrafos profesionales. Haciendo gala de su lado más social, el investigador se cuestionaba cómo era posible que los reporteros retratasen a la gente sin interesarse por su vida ni por sus circunstancias, trabajando "sin otro modelo que la categoría de lo pintoresco: tejedores en su oficio, mujeres volviendo de la fuente…"

Claude Lévi-Strauss

La fama de Lévi-Strauss comenzó con su libro Tristes trópicos  (un mundo en decadencia, 1961). En este y en su influyente libro siguiente, El pensamiento salvaje (1966), expresó su convicción de que, en su potencial, todos los hombres son iguales intelectualmente.Ver reseña en urbanoperu

Artistas recrean trabajo fotográfico de Claude Lévi-Strauss plasmado en Tristes Trópicos

Tristes  Trópicos

Pierre Bourdieu

"Nada es más sorprendente para aquellos que consideran que los asuntos humanos con mirada filosófica que ver la facilidad con la que se rige la mayoría (la mayoría) por la minoría (los pocos) y observar la implícita sumisión con la que el hombre revoca sus propios sentimientos y las pasiones de sus líderes. Cuando nos preguntamos por qué medios lo asombroso se hace, nos encontramos con que, como la fuerza está siempre del lado de los gobernados, los gobernantes no tienen nada más que el apoyo de la opinión. Por lo tanto,  esta máxima se extiende a los gobiernos más despóticos y militares, así como al más libre y más popular. "(David Hume en Pierre Bourdieu, Bourdieu, Seuil, colección Liber, 1997, p. 213)

Pierre Bourdieu

En ligne: Pierre Bourdieu, "méditations Wittgensteiniennes"

 "Il y a une ontologie rampante dans les sciences sociales et, s'agissant de la combattre, le modèle des modèles c'est évidemment Wittgenstein. Il y a mille usages possibles de Wittgenstein, mais un des plus utiles pour les spécialistes des sciences sociales, qui sont sans arrêt affrontés à des réifications de concepts (la famille, la nation, etc.), ce devrait être une sorte de réflexe professionnel de les soumettre à une critique que l'on peut associer à Wittgenstein." Pierre Bourdieu, in Lire les sciences sociales. volume 3, 1994-1996, Hermes science, 2000. P.208

Pierre Bourdieu, en las ciencias sociales. Volumen 3, 1994-1996, Hermes Science, 2000. p.208


Martín Heidegger

 Martin Heidegger (1889-1976) fue el filósofo más importante e influyente en la tradición continental en el siglo 20. Ser y tiempo, publicado por primera vez en 1927, fue su obra magna. No hay manera de entender lo que ocurrió en la filosofía continental después de Heidegger, sin llegar a un acuerdo con el Ser y el Tiempo. Además, a diferencia de muchos filósofos angloamericanos, Heidegger ha ejercido una gran influencia fuera de la filosofía, en áreas tan diversas como la arquitectura, el arte contemporáneo, la teoría social y política, la psicoterapia, la psiquiatría y la teología.

Sin embargo, debido a su compromiso político con el Nacional Socialismo en 1933, cuando asumió el cargo de Rector de la Universidad de Freiburg en el suroeste de Alemania, Heidegger continúa suscitando controversia en muchos contextos, a mi juicio por ignorancia y prejuicio.

De hecho, en mi opinión, la naturaleza y el alcance de la participación de Heidegger en el nacionalsocialismo sólo es filosóficamente pertinente una vez que se ha comenzado a entender y sentir el poder persuasivo de lo que ocurre en su obra escrita, especialmente en Ser y tiempo.

Una vez que se haya leído Ser y tiempo, entonces se puede comprender la naturaleza de la filosofía y sus riesgos y peligros al entrar en el ámbito político?
 
Ser y tiempo
Ser y Tiempo es una obra de considerable extensión (437 páginas en el original alemán) y la dificultad legendaria se debe al hecho de que Heidegger se propone la tarea de lo que él llama una "destrucción" de la tradición filosófica. La primera consecuencia es que Heidegger se niega a hacer uso de la terminología estándar de la filosofía moderna, con su discurso de la epistemología, la subjetividad, la representación, el conocimiento objetivo y el resto.

Heidegger tiene la audacia de volver a la mesa de dibujo e inventar un nuevo vocabulario filosófico. Por ejemplo, piensa que todas las concepciones del ser humano como sujeto, el yo, persona, conciencia o incluso una unidad mente-cerebro son rehenes de una tradición de pensamiento cuyos presupuestos no se han pensado suficientemente. Heidegger no es más que un pensador radical: un pensador que trata de excavar hasta las raíces de nuestra experiencia vivida del mundo en lugar de aceptar la autoridad de la tradición.

La preocupación de Heidegger por el ser humano es el Dasein, un término que puede ser traducido de diversos modos, pero que suele traducirse como "ser-ahí". La idea básica y muy simple, es que el ser humano no es, ante todo, un sujeto aislado, separado de un reino de los objetos que desea conocer. Somos más bien los seres que siempre están ya en el mundo, fuera y al lado de un mundo del que, en su mayor parte, no nos distinguimos.

Esto sucede también para muchos otros conceptos de Heidegger. A veces esto hace de Ser y tiempo, una lectura muy dura, que no es ayudada por el hecho de que Heidegger, más que ningún otro filósofo moderno, explota las posibilidades lingüísticas de su lengua materna, el alemán. Aunque Macquarrie y Robinson, en su edición 1962 Blackwell en Inglés, produjo uno de los clásicos de la traducción moderna filosófica, la lectura de El ser y el tiempo a veces puede sentirse como caminando por un lodo conceptual de estilo barroco y desconocido.

La idea básica

La idea básica de Ser y tiempo es muy simple: el ser es el tiempo. Es decir, lo que significa para un ser humano que ha de existir temporalmente en el tramo comprendido entre el nacimiento y la muerte. El ser es el tiempo y el tiempo es finito, que llega a su fin con la muerte. Por lo tanto, si queremos entender lo que significa ser un auténtico ser humano, entonces es esencial que constantemente proyecto de nuestra vida en el horizonte de nuestra muerte, lo que Heidegger llama "ser para la muerte".

Para Heidegger, la cuestión de la existencia de Dios o no-existencia no tiene relevancia filosófica. El yo sólo puede llegar a ser lo que realmente es a través de la confrontación con la muerte, haciendo un significado de nuestra finitud. Si nuestro ser es finito, entonces ¿qué significa ser humano consiste en tener en cuenta esta finitud, de "llegar a ser lo que uno es", en palabras de Nietzsche que a Heidegger le gustaba citar. Esta idea de la finitud se profundiza en los conceptos de conciencia y de lo que él llama "la temporalidad extática".



Heidegger, Ser y tiempo



¿Triunfo de la ideología empática del Mit-sein o fracaso de la Sorge?


Edith Stein y su crítica a Heidegger.



Filosofía contemporanea trata varias obras de Heidegger


Se ha escrito que con el fin de hacer filosofía en todo, primero hay que saber qué es la filosofía. Al igual que muchos otros filósofos, Martin Heidegger tiene una única respuesta a la pregunta "¿Qué es filosofía?" El trabajo que posteo examina los comentarios que Heidegger ha hecho de la naturaleza y del uso de la filosofía en forma sucinta y bien explicativa. El autor toma estos comentarios principalmente de tres de las obras de Heidegger, ¿Qué es la filosofía? 1, cuestiones básicas de Philosophy2, y el ser y el tiempo 3. En estas obras, Heidegger explica la forma correcta de llegar a una definición de la filosofía y los métodos y las actitudes con las que la filosofía debe proceder. El autor argumenta que en cada una de estas tres obras, Heidegger enseña que la filosofía se ocupa de hacer explícita nuestra pre-comprensión teórica del ser. Luego se refiere a la importancia del estado de ánimo filosófico, el asombro, (que también se describe como la ansiedad, la perplejidad y el asombro) para ayudar a hacer que este conocimiento sea explícito. También se refiere al valor que la filosofía tiene de una sociedad.


Derek Parfit


Finalmente una referencia a la última obra de Derek Parfit On What Matters (Sobre lo que importa).

El interés real de Parfit es la lucha contra el subjetivismo y el nihilismo. Este libro es un trabajo importante en filosofía moral, que continua la argumentación de su primer libro Reasons and Persons, que constituye una de las referencias icónicas de la filosofía del siglo veinte.

2011: On What Matters, Oxford University Press.

14 de agosto de 2010

Filosofía alemana: de Kant a Habermas: Andrew Bowie. Reseña

Comparto esta traducción de la reseña critica del libro:
Introduction to German Philosophy: from Kant to Habermas: de Andrew Bowie

La investigación de Andrew Bowie se centra en la tradición de la filosofía alemana moderna desde finales del siglo XVIII hasta el presente. Su objetivo no es sólo el de interpretar las ideas clave de los filósofos más importantes, tanto familiares, como Kant, Hegel, Nietzsche y Heidegger, y menos conocidas, como las de Schlegel, Schleiermacher y Schelling, sino el de mostrar su importancia para los debates en la filosofía contemporánea y en otras áreas de las artes y las humanidades.

Datos del autor y obra reciente


La reseña ha sido realizada por Jeffrey Geller, de la universidad de North Carolina. Jeffrey Geller es professor de filosofía del departamento de filosofía y religión de la Universidad de Pembroke. Recibió su  B.A. de la Universidad estatal de California, Northridge, y su Maestria y doctorado de la universidad de Duke.


Otro importante libro revisado por J. Geller es: Giorgio Agamben, Profanations, Jeff Fort (tr.), Zone Books, 2007, 99pp.,  ISBN 9781890951825.
Reviewed by Jeffery Geller, University of North Carolina, Pembroke


Andrew Bowie, Introduction to German Philosophy: from Kant to Habermas, Polity Press, 2003, 291pp, (pbk), ISBN 0745625711.
Reviewed by Jeffrey Geller, University of North Carolina, Pembroke


La primera impresión de la Introducción a la Filosofía alemana de Andrew Bowie es la amplitud del material que cubre. Subtitulado De Kant a Habermas, hace un amplio un barrido histórico a partir de Herder y Hamann, cuyas ideas Kant ya previo y sugirió el patrón de respuestas que surgirían en las críticas del idealismo romántico. El libro también considera los efectos de la filosofía alemana fuera de Alemania, entre ellos el filósofo checo Bernard Bolzano, y (aunque por poco tiempo) como las figuras recientes en la tradición anglo-americana como Donald Davidson, Hilary Putnam, Michael Dummett, y Richard Rorty.

Baste decir que Bowie tiene una impresionante gama de materiales, muchos de ellos extraordinariamente difíciles, en un libro breve. Como si eso no fuera suficiente, también espera revelar la interacción entre las tendencias filosóficas y las condiciones políticas y sociales en que surgieron. Para lograr todo esto en 269 páginas, debe ser capaz de resumir de manera concisa argumentos complejos y determinar y elaborar el quid de varias tesis con alta eficiencia y precisión. En su mayor parte, lo consigue. La deficiencia principal del libro es que no tiene un público objetivo claramente definido. Aunque auto-anunciado como una introducción, con frecuencia supone un grado de familiaridad con el tema que ni la mayoría de los estudiantes razonablemente se puede suponer que poseen.

Gran parte del libro muestra las cualidades necesarias para que Bowie lleve a cabo sus ambiciosos objetivos . Por ejemplo, resume una diferencia crítica entre Kant y Hegel en el siguiente pasaje que condensa admirablemente:
Para Kant, la existencia no puede considerarse un concepto de la misma naturaleza que otros conceptos, porque siempre se exigió para el uso real de un concepto. El argumento de Hegel se basa en la afirmación de que todo concepto depende de su determinación sobre su relación con otros conceptos que no lo es, de modo que incluso el concepto de ser depende, por ejemplo, del concepto de la nada (90).

Unas pocas páginas más tarde, hace una observación breve pero útil sobre los idealistas alemanes en general:
El objetivo de los pensadores del idealismo alemán en la era superar la división entre el pensamiento y el mundo que parecían derivarse de Kant. Trataron de hacerlo sobre la base de la convicción de que el pensamiento es capaz de captar lo real, una vez que se dé cuenta de sus propias estructuras (93).

Pasando del idealismo a sus críticos románticos, Bowie proporciona el siguiente resumen de su desacuerdo sobre la ironía:
En el caso de Hegel. . . ironía termina al final del sistema, ya que todos los negativos se dirigen eventualmente al  reconocimiento positivo de que uno ha agotado la negatividad: la negatividad es el camino a la verdad. La ironía romántica, en cambio, no llega a su fin. La sensación de que nunca podremos descansar, con una certeza definitiva se convierte en el hecho esencial de nuestro ser (99).

Un resumen impresionante del desacuerdo de Feuerbach con Hegel se encuentra en el siguiente pasaje:
El principal deseo de Feuerbach en relación a las especies es el de  aprovechar todo su potencial, que en gran parte depende de las posibilidades del goce sensual y de la inspiración. Hegel es, para Feuerbach, la última manifestación importante del  intento moderno por mantener la inversión de Dios y la naturaleza que está presente en la religión (116).

                                                                    Ludwig Feuerbach

Están disponibles referencias breves y precisas  con respecto a casi todos los filósofos que trata. Se proporciona citas ilustrativas con respecto a Schopenhauer (107), el primer Wittgenstein (174), Husserl (187), Dilthey (200-1), y Heidegger (207), por mencionar sólo algunas.

Algunas de las deficiencias del libro también se deben a su brevedad. En ocasiones, la presentación se ve obstaculizada por una serie de nombres de los autores que no serán familiares para muchos lectores, ciertamente no a los lectores que toman el libro como una introducción. Por ejemplo, después de citar a Fichte, Spinoza y Jacobi en las últimos cinco líneas, Bowie se expresa de la siguiente manera:
En 1783 Jacobi se había involucrado en una disputa. . . con el filósofo de la ilustración de  Berlín, Moisés Mendelssohn. La disputa fue sobre la afirmación de que GE Lessing (1729-1781) había admitido ser un spinozista (73).

Si bien esto es interesante para los lectores que ya están familiarizados con estos autores, los que buscan una introducción a la filosofía alemana encontrarán distracción inútil. Ni Mendelssohn ni Lessing había aparecido hasta ese momento, ni vuelven a aparecer después. Una página más tarde, Bowie prosigue:
El problema que  Schelling encuentra en Fichte fue identificado por su amigo, el poeta y filósofo Friedrich Hölderlin (1770-1843), a la luz de la formulación de Jacobi del problema de lo "incondicionado ". Se repite la idea de Hölderlin en los aspectos de la filosofía romántica a principios de la misma época, en particular en la crítica propia de Novalis de Fichte.  (74).

A pesar de que Hölderlin se menciona de nuevo dos veces en el libro, y aunque la formulación de Jacobi del problema de lo incondicionado se convierte en un tema central, la sucesión densa de los nombres propios no es útil. Una vez más, los lectores con la esperanza de una introducción, no lo encontrará aquí. Pasajes como estos indican que el libro no se lanzó consistentemente a cualquier audiencia en particular. A menudo se lanzó en un nivel que sólo los especialistas sabrán apreciar.


En un esfuerzo por solucionar este problema, Bowie ofrece un glosario, en el que explica los términos potencialmente problemáticos. Los términos, explica, están bien elegidos, algunos debido a que serán totalmente nuevos para muchos lectores (por ejemplo, "onto-teología", "ser-ahí ', y' noema ') y algunos ya se utilizan de manera inusual por los filósofos (por ejemplo , "inmediatez" y "espontaneidad"). La explicación que ofrece es , como todo el libro, muy condensada. Por lo general, las explicaciones que ofrece  no son muy útiles, como en el caso del 'pragmatismo', que aparece en el cuerpo del texto (100) como un apéndice colgando sin significado claro.


 
Hay un término de interés particular, sin embargo, debido a que la innovación desempeña un papel fundamental en la narrativa de Bowie.  El término espontaneidad, lo que es "causa de sí misma», en lugar de ser causa de algo más; es utilizado por Kant para caracterizar nuestra facultad de conocer las cosas mediante juicio activo.
A pesar del hecho de que su uso es compatible con Kant, esto no hace que el término sea menos engañoso para los recién llegados en relación con la filosofía alemana.
La estructura trascendental de la comprensión humana postulada por Kant es un sistema fijo que no está sujeto a variaciones personales o históricas, ni tampoco, como señala Bowie, a la voluntad (23). A veces, sobre todo en el propio glosario, utiliza el término "activo", termino más útil, para dilucidar el término «espontáneo».

En el texto, escribe sobre la "contribución activa de la mente" (19), acabando de presentar la tesis de Kant de que el conocimiento debe tener como una de sus dos categorías de fuentes y conceptos, las "reglas mentales, según la cual vinculamos las intuiciones junto con los  juicios "(18). El término espontaneidad "es probable que confunda  a los lectores que dependen de él  glosario porque no tiene sentido hablar de la estructura a priori del entendimiento como causada, ya sea por sí o por cualquier otra cosa. Pero hay otras razones, como Bowie señala, que el término "puede parecer extraño" (18). Cuando "espontaneidad" vuelve a aparecer en otros contextos, su significado es más oscuro, como en el ejemplo siguiente:

Algunos pensadores, como Schopenhauer y Freud, afirman que el problema del conocimiento de sí mismo revela una base de forma irracional en relación a los aspectos racionales del sujeto. Esta base es la fuente de la espontaneidad del sujeto, que es inaccesible a la explicación filosófica y que debe ser explorada por otros medios, tales como el arte o el psicoanálisis (24).

Aunque el término todavía se utiliza para indicar la contribución activa realizada por el sujeto a la  experiencia, es, enfáticamente  en el caso de Schopenhauer, vinculada a la voluntad no-racional, que es más coherente con su sentido ordinario. En su discusión de la Tercera Crítica, Bowie continúa su tratamiento temático de la noción problemática:

No se puede producir arte, simplemente haciendo algo en términos de las reglas de una forma particular: el arte consiste en ir más allá de las normas existentes. La fuente de nuevas normas ha de ser otro tipo de espontaneidad, de lo contrario las normas justamente reproducen lo que ya se ha hecho. Esta espontaneidad parece venir de la propia naturaleza (37).


Lo que está en juego llega a su elaboración completa en el siguiente pasaje:
En el caso de Kant, el problema radica en explicar cómo es que la espontaneidad del sujeto emerge de una naturaleza determinista. Si el sujeto es en sí mismo en algún sentido parte del mundo natural, no puede darse el caso de que el tema sea totalmente independiente de la forma en que el mundo es (39).

Este problema resurge más adelante, sobre todo en las secciones de Hamann, Fichte, Schelling y Nietzsche. Para los efectos de esta revisión, sin embargo, lo que hay que destacar es que la explicación crítica de Bowie de la noción de Kant (s) de la espontaneidad, si bien tiene cierto valor, se incrusta en un texto de introducción y no es probable que ayude a los lectores a usarla como tal.

                                                                  Friedrich Nietzsche
                                         
 Del mismo modo, el capítulo dedicado a Nietzsche (133-155) es poco probable que ayude  a los lectores que todavía no están bien versados en su pensamiento. Comienza prometedoramente, la primera página contiene la siguiente declaración sucinta:
La tarea es trabajar en lo que es lo que hace pensar en proyección en lugar de aprehensión verdadera, así que todo lo que es lo que da lugar a la proyección se convierte así en la verdadera base de la filosofía (133).

La discusión que sigue de  la tragedia, la interpretación y la voluntad de poder (entre otros temas importantes) es menos exitosa, sin embargo, que la de otras partes del libro. Al final del capítulo, el autor enumera cuatro opciones de respuesta para la interpretación de Nietzsche (s) a la búsqueda de lo absoluto:

(1) El principio que subyace en lo absoluto, desde Descartes a Nietzsche, es la subjetividad.
(2) Lo absoluto es una idea regulativa que surge de los intentos de trascender lo finito.
(3) Lo absoluto es una ilusión que debe ser expuesta como tal por medio de una "estrategia deconstructiva irónica".
(4) Tenemos que aceptar la verdad (absoluta) como "una parte ineludible de lo que es pensar y comunicarse en absoluto." 

 Es difícil, sin embargo, ver cómo estas opciones son consecuencias sistemáticas de la discusión anterior.

Este capítulo es de especial importancia porque Nietzsche se presenta como un hito, en cuyos escritos converge el pasado y el futuro comienza a tomar forma. El paso del capítulo sobre Nietzsche al siguiente capítulo sobre "el giro lingüístico" es en sí un giro brusco. Los crescendos del libro se dan con Nietzsche y los decrescendos dramáticamente se presentan en el capítulo siguiente. Aun admitiendo las dificultades generadas por las ideas poco ortodoxas de Nietzsche, Bowie no hace la tarea más fácil para los lectores que buscan una introducción.

El capítulo sobre "el giro lingüístico" incluye una sección sobre Gottlob Frege, cuyo estilo filosófico contrasta marcadamente con el de sus predecesores. El malestar de Bowie en este caso es ilustrado por su explicación de la distinción de Frege entre funciones y argumentos (164), una distinción que, como dice Bowie, se deriva de las matemáticas. Los ejemplos que da Bowie de las funciones de ("2 + 2, 1 + 3, etc.") que son, dice, "satisfechas por el argumento de 4" no son funciones, ni tampoco 4 es un argumento. En términos generales, el término «argumento» se utiliza en matemáticas para designar una entrada o variable independiente que, al ser procesada por una función, rinde un producto, la variable dependiente. El uso de Frege del término en su sentido matemático ya plantea un desafío a sus lectores y la explicación de Bowie no hace su tarea más fácil.


                                                                       Gottlob Frege
Que el libro no está sistemáticamente orientado a los lectores que buscan una introducción se revela por el uso de Bowie de la expresión «por supuesto," a menudo en el contexto de proposiciones que no son en absoluto evidentes. En algunas ocasiones, p. 27 por ejemplo señala simplemente que el tema en cuestión ya ha sido abordado en el texto. En otros, por ejemplo, p. 171, el uso es similarmente benigno. Por el contrario, hay varios casos en los que su uso es inadecuado y desorientador, más es un recurso de casación inadvertido para el pensamiento más crítico que un indicador exacto de las preguntas que se presentan.

Tener en cuenta la afirmación de que "La historia del sindicalismo, por supuesto,
demuestra a Marx equivocado" (125). En algunas ocasiones, Bowie utiliza la expresión para indicar que tiene un argumento que proporciona una prueba concluyente, como en su crítica a la dependencia de Nietzsche sobre la voluntad de poder como un absoluto:

La consecuencia de esta posición es, por supuesto, una tontería, como si no hubiera ninguna diferencia esencial entre un águila (siendo su tipo de poder el comer el cordero), y Himmler (que su tipo de poder era el matar Judíos)  a pesar de que ha encontrado nociones morales en su educación (150).

Esta presumida refutación pasa por alto el hecho de que Nietzsche hace una crítica de las nociones morales en la educación, una crítica enmarcada en el concepto de la voluntad de poder. Mientras que los lectores estarán de acuerdo con el sentimiento expresado, la cuestión es si este argumento en contra es el adecuado. La aparición de "por supuesto" y "sin sentido" da la impresión de que la posición de Nietzsche es más vulnerable y menos plausible de lo que realmente es. Los lectores lo último que deben hacer es subestimar el poder del pensamiento de Nietzsche.


La nota al pie de la página 39 es preocupante, ya que presupone un conocimiento detallado histórico por parte del lector:
Dados los problemas sobre la definición de «realismo», es importante recordar que su significado al final del siglo XVIII en Alemania está a menudo más cerca de materialismo, en contraste con el idealismo. 
La posición anterior se asocia a menudo con Spinoza, esta última con Berkeley. El idealismo trascendental de Kant es, por supuesto, un intento de ir más allá de esta división (el subrayado es mío).


Por lo menos en otras tres ocasiones, Bowie formula excesivas demandas similares:
La necesidad de una base absoluta es una necesidad metafísica, y Nietzsche, por supuesto, ataca esta necesidad (151).
Todo el punto de los fundamentos filosóficos esta, por supuesto, para superar la contingencia (187).
La cuestión de fondo aquí es la diferencia platónica entre apariencia y esencia (203).
Mientras que al menos algunas de estas afirmaciones serían fácilmente adheridas por los lectores versados en literatura filosófica, no tienen efecto sobre los recién llegados con respecto al campo filosófico, quienes se verán frustrados en su búsqueda de algo obvio o evidente.

La deficiencia principal del libro, como he sugerido, es que no tiene un público objetivo claramente definido. Cuando se dirige a los recién llegados, exhibe la necesaria claridad y brevedad para servir como una introducción. Cuando se dirige a los estudiosos en la materia, contiene valiosas reflexiones críticas. En su forma actual, el libro es un compromiso entre los dos. Todos, desde los principiantes a los especialistas se beneficiarán del compromiso apasionado y del animado estilo de escritura de Bowie.

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