14 de agosto de 2010

Filosofía alemana: de Kant a Habermas: Andrew Bowie. Reseña

Comparto esta traducción de la reseña critica del libro:
Introduction to German Philosophy: from Kant to Habermas: de Andrew Bowie

La investigación de Andrew Bowie se centra en la tradición de la filosofía alemana moderna desde finales del siglo XVIII hasta el presente. Su objetivo no es sólo el de interpretar las ideas clave de los filósofos más importantes, tanto familiares, como Kant, Hegel, Nietzsche y Heidegger, y menos conocidas, como las de Schlegel, Schleiermacher y Schelling, sino el de mostrar su importancia para los debates en la filosofía contemporánea y en otras áreas de las artes y las humanidades.

Datos del autor y obra reciente


La reseña ha sido realizada por Jeffrey Geller, de la universidad de North Carolina. Jeffrey Geller es professor de filosofía del departamento de filosofía y religión de la Universidad de Pembroke. Recibió su  B.A. de la Universidad estatal de California, Northridge, y su Maestria y doctorado de la universidad de Duke.


Otro importante libro revisado por J. Geller es: Giorgio Agamben, Profanations, Jeff Fort (tr.), Zone Books, 2007, 99pp.,  ISBN 9781890951825.
Reviewed by Jeffery Geller, University of North Carolina, Pembroke


Andrew Bowie, Introduction to German Philosophy: from Kant to Habermas, Polity Press, 2003, 291pp, (pbk), ISBN 0745625711.
Reviewed by Jeffrey Geller, University of North Carolina, Pembroke


La primera impresión de la Introducción a la Filosofía alemana de Andrew Bowie es la amplitud del material que cubre. Subtitulado De Kant a Habermas, hace un amplio un barrido histórico a partir de Herder y Hamann, cuyas ideas Kant ya previo y sugirió el patrón de respuestas que surgirían en las críticas del idealismo romántico. El libro también considera los efectos de la filosofía alemana fuera de Alemania, entre ellos el filósofo checo Bernard Bolzano, y (aunque por poco tiempo) como las figuras recientes en la tradición anglo-americana como Donald Davidson, Hilary Putnam, Michael Dummett, y Richard Rorty.

Baste decir que Bowie tiene una impresionante gama de materiales, muchos de ellos extraordinariamente difíciles, en un libro breve. Como si eso no fuera suficiente, también espera revelar la interacción entre las tendencias filosóficas y las condiciones políticas y sociales en que surgieron. Para lograr todo esto en 269 páginas, debe ser capaz de resumir de manera concisa argumentos complejos y determinar y elaborar el quid de varias tesis con alta eficiencia y precisión. En su mayor parte, lo consigue. La deficiencia principal del libro es que no tiene un público objetivo claramente definido. Aunque auto-anunciado como una introducción, con frecuencia supone un grado de familiaridad con el tema que ni la mayoría de los estudiantes razonablemente se puede suponer que poseen.

Gran parte del libro muestra las cualidades necesarias para que Bowie lleve a cabo sus ambiciosos objetivos . Por ejemplo, resume una diferencia crítica entre Kant y Hegel en el siguiente pasaje que condensa admirablemente:
Para Kant, la existencia no puede considerarse un concepto de la misma naturaleza que otros conceptos, porque siempre se exigió para el uso real de un concepto. El argumento de Hegel se basa en la afirmación de que todo concepto depende de su determinación sobre su relación con otros conceptos que no lo es, de modo que incluso el concepto de ser depende, por ejemplo, del concepto de la nada (90).

Unas pocas páginas más tarde, hace una observación breve pero útil sobre los idealistas alemanes en general:
El objetivo de los pensadores del idealismo alemán en la era superar la división entre el pensamiento y el mundo que parecían derivarse de Kant. Trataron de hacerlo sobre la base de la convicción de que el pensamiento es capaz de captar lo real, una vez que se dé cuenta de sus propias estructuras (93).

Pasando del idealismo a sus críticos románticos, Bowie proporciona el siguiente resumen de su desacuerdo sobre la ironía:
En el caso de Hegel. . . ironía termina al final del sistema, ya que todos los negativos se dirigen eventualmente al  reconocimiento positivo de que uno ha agotado la negatividad: la negatividad es el camino a la verdad. La ironía romántica, en cambio, no llega a su fin. La sensación de que nunca podremos descansar, con una certeza definitiva se convierte en el hecho esencial de nuestro ser (99).

Un resumen impresionante del desacuerdo de Feuerbach con Hegel se encuentra en el siguiente pasaje:
El principal deseo de Feuerbach en relación a las especies es el de  aprovechar todo su potencial, que en gran parte depende de las posibilidades del goce sensual y de la inspiración. Hegel es, para Feuerbach, la última manifestación importante del  intento moderno por mantener la inversión de Dios y la naturaleza que está presente en la religión (116).

                                                                    Ludwig Feuerbach

Están disponibles referencias breves y precisas  con respecto a casi todos los filósofos que trata. Se proporciona citas ilustrativas con respecto a Schopenhauer (107), el primer Wittgenstein (174), Husserl (187), Dilthey (200-1), y Heidegger (207), por mencionar sólo algunas.

Algunas de las deficiencias del libro también se deben a su brevedad. En ocasiones, la presentación se ve obstaculizada por una serie de nombres de los autores que no serán familiares para muchos lectores, ciertamente no a los lectores que toman el libro como una introducción. Por ejemplo, después de citar a Fichte, Spinoza y Jacobi en las últimos cinco líneas, Bowie se expresa de la siguiente manera:
En 1783 Jacobi se había involucrado en una disputa. . . con el filósofo de la ilustración de  Berlín, Moisés Mendelssohn. La disputa fue sobre la afirmación de que GE Lessing (1729-1781) había admitido ser un spinozista (73).

Si bien esto es interesante para los lectores que ya están familiarizados con estos autores, los que buscan una introducción a la filosofía alemana encontrarán distracción inútil. Ni Mendelssohn ni Lessing había aparecido hasta ese momento, ni vuelven a aparecer después. Una página más tarde, Bowie prosigue:
El problema que  Schelling encuentra en Fichte fue identificado por su amigo, el poeta y filósofo Friedrich Hölderlin (1770-1843), a la luz de la formulación de Jacobi del problema de lo "incondicionado ". Se repite la idea de Hölderlin en los aspectos de la filosofía romántica a principios de la misma época, en particular en la crítica propia de Novalis de Fichte.  (74).

A pesar de que Hölderlin se menciona de nuevo dos veces en el libro, y aunque la formulación de Jacobi del problema de lo incondicionado se convierte en un tema central, la sucesión densa de los nombres propios no es útil. Una vez más, los lectores con la esperanza de una introducción, no lo encontrará aquí. Pasajes como estos indican que el libro no se lanzó consistentemente a cualquier audiencia en particular. A menudo se lanzó en un nivel que sólo los especialistas sabrán apreciar.


En un esfuerzo por solucionar este problema, Bowie ofrece un glosario, en el que explica los términos potencialmente problemáticos. Los términos, explica, están bien elegidos, algunos debido a que serán totalmente nuevos para muchos lectores (por ejemplo, "onto-teología", "ser-ahí ', y' noema ') y algunos ya se utilizan de manera inusual por los filósofos (por ejemplo , "inmediatez" y "espontaneidad"). La explicación que ofrece es , como todo el libro, muy condensada. Por lo general, las explicaciones que ofrece  no son muy útiles, como en el caso del 'pragmatismo', que aparece en el cuerpo del texto (100) como un apéndice colgando sin significado claro.


 
Hay un término de interés particular, sin embargo, debido a que la innovación desempeña un papel fundamental en la narrativa de Bowie.  El término espontaneidad, lo que es "causa de sí misma», en lugar de ser causa de algo más; es utilizado por Kant para caracterizar nuestra facultad de conocer las cosas mediante juicio activo.
A pesar del hecho de que su uso es compatible con Kant, esto no hace que el término sea menos engañoso para los recién llegados en relación con la filosofía alemana.
La estructura trascendental de la comprensión humana postulada por Kant es un sistema fijo que no está sujeto a variaciones personales o históricas, ni tampoco, como señala Bowie, a la voluntad (23). A veces, sobre todo en el propio glosario, utiliza el término "activo", termino más útil, para dilucidar el término «espontáneo».

En el texto, escribe sobre la "contribución activa de la mente" (19), acabando de presentar la tesis de Kant de que el conocimiento debe tener como una de sus dos categorías de fuentes y conceptos, las "reglas mentales, según la cual vinculamos las intuiciones junto con los  juicios "(18). El término espontaneidad "es probable que confunda  a los lectores que dependen de él  glosario porque no tiene sentido hablar de la estructura a priori del entendimiento como causada, ya sea por sí o por cualquier otra cosa. Pero hay otras razones, como Bowie señala, que el término "puede parecer extraño" (18). Cuando "espontaneidad" vuelve a aparecer en otros contextos, su significado es más oscuro, como en el ejemplo siguiente:

Algunos pensadores, como Schopenhauer y Freud, afirman que el problema del conocimiento de sí mismo revela una base de forma irracional en relación a los aspectos racionales del sujeto. Esta base es la fuente de la espontaneidad del sujeto, que es inaccesible a la explicación filosófica y que debe ser explorada por otros medios, tales como el arte o el psicoanálisis (24).

Aunque el término todavía se utiliza para indicar la contribución activa realizada por el sujeto a la  experiencia, es, enfáticamente  en el caso de Schopenhauer, vinculada a la voluntad no-racional, que es más coherente con su sentido ordinario. En su discusión de la Tercera Crítica, Bowie continúa su tratamiento temático de la noción problemática:

No se puede producir arte, simplemente haciendo algo en términos de las reglas de una forma particular: el arte consiste en ir más allá de las normas existentes. La fuente de nuevas normas ha de ser otro tipo de espontaneidad, de lo contrario las normas justamente reproducen lo que ya se ha hecho. Esta espontaneidad parece venir de la propia naturaleza (37).


Lo que está en juego llega a su elaboración completa en el siguiente pasaje:
En el caso de Kant, el problema radica en explicar cómo es que la espontaneidad del sujeto emerge de una naturaleza determinista. Si el sujeto es en sí mismo en algún sentido parte del mundo natural, no puede darse el caso de que el tema sea totalmente independiente de la forma en que el mundo es (39).

Este problema resurge más adelante, sobre todo en las secciones de Hamann, Fichte, Schelling y Nietzsche. Para los efectos de esta revisión, sin embargo, lo que hay que destacar es que la explicación crítica de Bowie de la noción de Kant (s) de la espontaneidad, si bien tiene cierto valor, se incrusta en un texto de introducción y no es probable que ayude a los lectores a usarla como tal.

                                                                  Friedrich Nietzsche
                                         
 Del mismo modo, el capítulo dedicado a Nietzsche (133-155) es poco probable que ayude  a los lectores que todavía no están bien versados en su pensamiento. Comienza prometedoramente, la primera página contiene la siguiente declaración sucinta:
La tarea es trabajar en lo que es lo que hace pensar en proyección en lugar de aprehensión verdadera, así que todo lo que es lo que da lugar a la proyección se convierte así en la verdadera base de la filosofía (133).

La discusión que sigue de  la tragedia, la interpretación y la voluntad de poder (entre otros temas importantes) es menos exitosa, sin embargo, que la de otras partes del libro. Al final del capítulo, el autor enumera cuatro opciones de respuesta para la interpretación de Nietzsche (s) a la búsqueda de lo absoluto:

(1) El principio que subyace en lo absoluto, desde Descartes a Nietzsche, es la subjetividad.
(2) Lo absoluto es una idea regulativa que surge de los intentos de trascender lo finito.
(3) Lo absoluto es una ilusión que debe ser expuesta como tal por medio de una "estrategia deconstructiva irónica".
(4) Tenemos que aceptar la verdad (absoluta) como "una parte ineludible de lo que es pensar y comunicarse en absoluto." 

 Es difícil, sin embargo, ver cómo estas opciones son consecuencias sistemáticas de la discusión anterior.

Este capítulo es de especial importancia porque Nietzsche se presenta como un hito, en cuyos escritos converge el pasado y el futuro comienza a tomar forma. El paso del capítulo sobre Nietzsche al siguiente capítulo sobre "el giro lingüístico" es en sí un giro brusco. Los crescendos del libro se dan con Nietzsche y los decrescendos dramáticamente se presentan en el capítulo siguiente. Aun admitiendo las dificultades generadas por las ideas poco ortodoxas de Nietzsche, Bowie no hace la tarea más fácil para los lectores que buscan una introducción.

El capítulo sobre "el giro lingüístico" incluye una sección sobre Gottlob Frege, cuyo estilo filosófico contrasta marcadamente con el de sus predecesores. El malestar de Bowie en este caso es ilustrado por su explicación de la distinción de Frege entre funciones y argumentos (164), una distinción que, como dice Bowie, se deriva de las matemáticas. Los ejemplos que da Bowie de las funciones de ("2 + 2, 1 + 3, etc.") que son, dice, "satisfechas por el argumento de 4" no son funciones, ni tampoco 4 es un argumento. En términos generales, el término «argumento» se utiliza en matemáticas para designar una entrada o variable independiente que, al ser procesada por una función, rinde un producto, la variable dependiente. El uso de Frege del término en su sentido matemático ya plantea un desafío a sus lectores y la explicación de Bowie no hace su tarea más fácil.


                                                                       Gottlob Frege
Que el libro no está sistemáticamente orientado a los lectores que buscan una introducción se revela por el uso de Bowie de la expresión «por supuesto," a menudo en el contexto de proposiciones que no son en absoluto evidentes. En algunas ocasiones, p. 27 por ejemplo señala simplemente que el tema en cuestión ya ha sido abordado en el texto. En otros, por ejemplo, p. 171, el uso es similarmente benigno. Por el contrario, hay varios casos en los que su uso es inadecuado y desorientador, más es un recurso de casación inadvertido para el pensamiento más crítico que un indicador exacto de las preguntas que se presentan.

Tener en cuenta la afirmación de que "La historia del sindicalismo, por supuesto,
demuestra a Marx equivocado" (125). En algunas ocasiones, Bowie utiliza la expresión para indicar que tiene un argumento que proporciona una prueba concluyente, como en su crítica a la dependencia de Nietzsche sobre la voluntad de poder como un absoluto:

La consecuencia de esta posición es, por supuesto, una tontería, como si no hubiera ninguna diferencia esencial entre un águila (siendo su tipo de poder el comer el cordero), y Himmler (que su tipo de poder era el matar Judíos)  a pesar de que ha encontrado nociones morales en su educación (150).

Esta presumida refutación pasa por alto el hecho de que Nietzsche hace una crítica de las nociones morales en la educación, una crítica enmarcada en el concepto de la voluntad de poder. Mientras que los lectores estarán de acuerdo con el sentimiento expresado, la cuestión es si este argumento en contra es el adecuado. La aparición de "por supuesto" y "sin sentido" da la impresión de que la posición de Nietzsche es más vulnerable y menos plausible de lo que realmente es. Los lectores lo último que deben hacer es subestimar el poder del pensamiento de Nietzsche.


La nota al pie de la página 39 es preocupante, ya que presupone un conocimiento detallado histórico por parte del lector:
Dados los problemas sobre la definición de «realismo», es importante recordar que su significado al final del siglo XVIII en Alemania está a menudo más cerca de materialismo, en contraste con el idealismo. 
La posición anterior se asocia a menudo con Spinoza, esta última con Berkeley. El idealismo trascendental de Kant es, por supuesto, un intento de ir más allá de esta división (el subrayado es mío).


Por lo menos en otras tres ocasiones, Bowie formula excesivas demandas similares:
La necesidad de una base absoluta es una necesidad metafísica, y Nietzsche, por supuesto, ataca esta necesidad (151).
Todo el punto de los fundamentos filosóficos esta, por supuesto, para superar la contingencia (187).
La cuestión de fondo aquí es la diferencia platónica entre apariencia y esencia (203).
Mientras que al menos algunas de estas afirmaciones serían fácilmente adheridas por los lectores versados en literatura filosófica, no tienen efecto sobre los recién llegados con respecto al campo filosófico, quienes se verán frustrados en su búsqueda de algo obvio o evidente.

La deficiencia principal del libro, como he sugerido, es que no tiene un público objetivo claramente definido. Cuando se dirige a los recién llegados, exhibe la necesaria claridad y brevedad para servir como una introducción. Cuando se dirige a los estudiosos en la materia, contiene valiosas reflexiones críticas. En su forma actual, el libro es un compromiso entre los dos. Todos, desde los principiantes a los especialistas se beneficiarán del compromiso apasionado y del animado estilo de escritura de Bowie.

8 de agosto de 2010

Sobre Filosofía formal: Hendricks & Symons

Este libro ofrece un importante servicio para la comunidad filosófica pues informa sobre lo que esta sucediendo en éste ambito y permite comprender lo que se ha obtenido en los últimos cincuenta años.

Adjunto la traducción del prefacio al libro:
Formal Philosophy: Vincent F. Hendricks, (Editor), John Symons, (Editor)

Vicent F. Hendricks & John Symons — Formal philosophy, (Nueva York: Automatic Press/VIP), 2005, ISBN: 87-991013-0-0; y
 Masses of formal philosophy, (Nueva York: Automatic Press/VIP), 2006, ISBN: 87-991013-3-5.

Publicado en:
Extractos:

Vincent F. Hendricks:  Roskilde University, Denmark
John Symons: University of Texas at El Paso, TX, USA

Prefacio
En la primavera del 2005 tuvimos la oportunidad de trabajar en colaboración en los problemas relacionados con la aplicación de la lógica epistémica y del aprendizaje formal a las cuestiones tradicionales epistemológicas. Dada la naturaleza de este tema, nuestras conversaciones se dirigieron regularmente a la cuestión más general de la relación entre los métodos formales y la investigación filosófica. Nos dimos cuenta de que algunos de los filósofos que más admiramos nunca habían articulado explícitamente sus puntos de vista sobre estas cuestiones y se nos ocurrió que valdría la pena preguntarles. Decidimos plantear cinco preguntas relativamente amplias  y abiertas a algunos de los mejores filósofos que hacen de los métodos formales una parte central de su trabajo. Este libro contiene las respuestas a nuestras preguntas.

El libro está motivado por la curiosidad, pero también por nuestro descontento. Ninguno de nosotros se conforma con las historias de la filosofía analítica en la actualidad en el mercado y los dos creemos que la discusión de la metodología general de la filosofía está en un estado muy pobre. Uno de los defectos más importantes que vemos en los trabajos recientes es su incapacidad para reconocer y hacer frente a la parte central de los métodos formales. Narraciones gastadas sobre las fallas del positivismo lógico, la declinación de los métodos formales en la filosofía y el surgimiento del análisis conceptual basado en intuiciones, no son ni del todo ciertas ni útiles sobre todo. En cualquier caso, esto se ha visto abrumado por el zumbido constante del trabajo interesante de filósofos que se ven mucho más como Russell y Carnap que como Rorty. Esperamos que este proyecto pueda servir como un contrapeso a algunas de las encuestas más populares del panorama filosófico. Sin embargo, nuestra intención no es promover el uso de métodos formales en la filosofía. En primer lugar, no es necesario que lo haga. La filosofía formal prospera sin ningún tipo de publicidad. En nuestra opinión, en lugar de promover este tipo de trabajo, podemos ayudar a iniciar una conversación fructífera sobre los problemas metodológicos profundos e interesantes que presenta el trabajo formal en la filosofía.

Es evidente que los métodos formales por sí mismos no son una panacea para todo lo que pueda ayudar al filósofo, sin embargo, es igualmente claro que hay algo peculiarmente fértil en la interacción entre el formalismo y la investigación filosófica. Incluso aquellos que rechazan las tradiciones en la filosofía analítica reconocen que muchos de los acontecimientos más importantes de la filosofía y su entorno intelectual más amplio han surgido de la colaboración con las matemáticas, lógica, ciencias de la computación, la física teoría de la decisión, y las demás ciencias naturales. Si bien hay límites en lo que los métodos formales puede contribuir, los puntos de vista formal se han agudizado, y se ha radicalizado y ampliado la investigación filosófica que nunca habría visto la luz del día sin la ayuda de métodos formales.

Por supuesto, sería absurdo sugerir que la filosofía es una empresa puramente técnica. La manipulación inteligente  de los símbolos y aparatos formales por sí solas no es suficiente para resolver o para profundizar en la comprensión de los problemas filosóficos. Los filósofos no sólo tienen que lograr algún resultado, sino que también deben juzgar que es relevante para algún problema filosófico o línea de investigación. Hay que determinar cuando las aplicaciones de los métodos formales son apropiadas y cuando algo de sentido común, de intuición y de análisis conceptual legítimamente entran en juego. Cuando uno se encuentra con casos en que los resultados científicos llevan a conclusiones que parecen ir en contra de sentido común, ¿cómo juzgar? ¿Hay un conjunto de principios generales que determinan cuándo un determinado problema se puede resolver utilizando métodos formales? Estas y otras preguntas surgen de manera natural en la intersección de los métodos formales con la investigación filosófica.

Muchos de los filósofos que más admiramos, no toman partido en estas cuestiones de metodología en su trabajo escrito. En lugar de hablar en términos generales sobre la naturaleza de la empresa filosófica, simplemente hacen filosofía. En lugar de preocuparse sobre los extremos o de la muerte de la filosofía, están haciendo un trabajo maravilloso e importante en la filosofía. No vamos a comentar los detalles de las respuestas que recibimos a nuestras cinco preguntas. Cada una se explica por sí misma y es de fácil lectura y no es nuestro objetivo de sintetizar una visión global de la naturaleza del trabajo formal en la filosofía. Nuestro propósito en este proyecto no es el de articular ninguna agenda específica o una definición, sino más bien empezar a abrir el debate sobre el grado como los filósofos formales entienden su empresa. Parte de este proyecto consiste en comprender por qué estos filósofos eligieron los métodos formales como parte fundamental en su trabajo. Por supuesto, la decisión de continuar con este tipo de trabajo es, al menos en parte, una cuestión de gusto. Sin embargo, dentro y fuera de biografía intelectual, estas respuestas contienen algunos ejemplos muy esclarecedores y eruditos de  como los filósofos toman - tanto formal como informalmente  - decisiones metodológicas.

Copenhagen y El Paso
Diciembre  2005

La traducción es mía

Las preguntas planteadas son las siguientes?
1. Why were you initially drawn to formal methods?
2. What example(s) from your work illustrates the role formal methods can play in philosophy?
3. What is the proper role of philosophy in relation to other disciplines?
4. What do you consider the most neglected topics and/or contributions in late 20th century philosophy?
5. What are the most important open problems in philosophy and what are the prospects for progress?

 UK    CA     DE
Masses of formal philosophy interview: Alan Hájek

Masses of Formal Philosophy: edited by V. F. Hendricks and J. Symons
Alexandre COSTA-LEITE

Consultar también sobre Lógica Epistémica

24 de julio de 2010

Notas personales

Adjunto algunas de mis notas personales, para no olvidar:


 Jose Luis Lebret

Sobre la Misión Lebret en el Perú,
• El legado de Porras, en una nota de Monseñor Luis Dammert,
• ¿Qué defiende Amartya Sen? ,
• Louis-Joseph Lebret,
• Klaiber, Jeffrey. La Iglesia en el Perú

Sobre la misión Lebret en el Perú


Louis Joseph Lebret funda en 1941 el centro “Economía humana” en Marsella. Este centro se ocupó del problema del subdesarrollo en el mundo. Aquí en sus aulas se acuñaron los conceptos de Primer mundo, Tercer mundo, Desarrollo y Sub desarrollo.

En 1958 el senado peruano dispuso la contratación de la Misión Lebret para el estudio de las barriadas y de los sectores marginales . El 17.2.1959, el Ministerio de Educación contrata a la Misión Lebret de Economía y Humanismo encabezada por el sacerdote francés Louis J. Lebret.

Este artículo publicado en Caretas evoca las circunstancias en que vino la Misión Lebret al Perú.
Padre Lebret, comunión entre Iglesia y Estado.

LEGADO DE PORRAS
Lima, 19 de marzo de 1997
La fina nota evocativa que Domingo Tamariz dedica al centenario de Raúl Porras Barrenechea motiva uno que otro recuerdo.


Porras fue uno de los constructores de la historia nacional desde que publicó su `Historia de los límites del Perú' texto del que no se puede prescindir porque está siempre vigente.
¡Qué tiempos aquellos! Un famoso discurso de Víctor Andrés Belaunde sacudió el vetusto caserón de San Marcos durante el gobierno de Leguía. Los jóvenes habían recogido las ideas de Alfredo Palacios, el ilustre argentino de la reforma universitaria de principios de siglo. Con un selecto grupo, Porras creó el Conversatorio Universitario y Haya de la Torre impulsó las universidades populares. Eran rectores de San Marcos figuras como Manuel Vicente Villarán y Javier Prado y Ugarteche, que merecían el respeto de la juventud.

La clase dominante -convertida en clase política- no había comprendido los cambios que había ocasionado la Guerra Mundial, Y no tuvo mejor idea que clausurar el hervidero intelectual de San Marcos.

Mucho más tarde, durante el gobierno de Manuel Prado y Ugarteche, se firmó un convenio con la Misión Lebret (del padre Joseph L. Lebret), que el diario oficioso La Crónica publicó textualmente para la realización de un "Inventario de la realidad social" .

El senador Raúl Porras Barrenechea no logró que el régimen que presidía el doctor Prado cumpliera el compromiso con Lebret y que abortara el proyecto.

¿Qué es lo que le falta al Perú? ¿La unión de sus hombres y mujeres, la vigencia de sus maltratadas instituciones, la presencia activa pero no activista de su juventud? ¿Se estará aprendiendo la lección de lo acontecido la noche del 17 de diciembre cuando mientras se celebraba la Misa Criolla en el atrio de la Catedral ocurría un hecho impredecible en la residencia de la embajada del Japón?

Augusto Dammert
Conferencia Episcopal Peruana

• Apuntes históricos. Mientras en nuestro país se firmaba el convenio entre la Misión Lebret y el gobierno de Manuel Prado, en la OEA, nuestro entonces canciller Raúl Porras Barrenechea se negó a condenar a Cuba. Defensa doctrinaria que provocó la ira de Prado y consiguiente expulsión del gabinete. El recuerdo del Maestro sigue vivo.

Es paradójico que Perroux , Lebret y Byé , entre otros pensadores, hace 60 años dieron forma a una visión integral del proceso de crecimiento al que conocemos ahora como desarrollo humano, repetido una y otra vez por las encíclicas de varios papas. El concepto está de vuelta y hoy lo usan la ONU y sus agencias como la FAO, la OIT y la Unesco, y también lo ha redefinido Amartya Sen. Estos planteamientos unen las necesidades humanas a las más ambiciosas metas del desarrollo económico, la democracia y la justicia social .
Es en mi concepto importante tener presente la labor como la de Lebret y los pensadores que como él fueron los iniciadores y promotores de muchos de los conceptos que recientemente se trata de redefinir pero hoy dentro de una opción dominante y excluyente. Al respecto es paradógico lo que ha venido sucediendo p.e. con la congregación religiosa Mariknoll en Juli, Puno en donde la intolerancia religiosa se asemeja a la medieval.

¿Que defiende Amartya Sen? ,
¿El criterio de libertad positiva o el de libertad negativa?

Amartya Sen

Isahia Berlin definió el criterio de libertad negativa. Los “Dos Conceptos de la Libertad” de Berlin fueron uno de los ensayos políticos más importantes del siglo XX, porque aclaró un importante elemento en la prolongada confrontación entre las imperfectas democracias de Occidente y la perfecta tiranía de la Unión Soviética. Más aún, el ensayo de Berlin defendía el proyecto liberal-democrático de una manera que reforzaba el consenso liberal anticomunista que los historiadores todavía asocian con hombres como el presidente Truman, el secretario de Estado Dean Acheson, los presidentes John F. Kennedy y Lindon Johnson, y con los senadores Hubert H.Humphry y Henry M.Jackson.

Ese consenso se sostuvo lo suficiente como para garantizar que la causa de la libertad se impusiera sobre el totalitarismo marxista-leninista. Pudo conseguirlo al verse intelectualmente profundizada por pensadores conservadores y neoconservadores, y políticamente reforzada por importantes dirigentes en los años 70 y 80.

Isaiah Berlin, había visto los efectos políticos y humanos de las ideas apasionadamente sentidas. Berlin sabía que las ideas no son juguetes intelectuales, que tienen consecuencias, para bien y para mal, en lo que  llaman “el mundo real”.

En “Dos Conceptos de la Libertad”, Berlin montó una amplia defensa de lo que él comprendía como la idea liberal de la libertad contra sus principales competidores modernos: el fascismo y el comunismo. Al mismo tiempo, suscitó alarma contra lo que consideraba como la tendencia de la teoría socialdemócrata a debilitar la libertad individual en nombre de otros bienes sociales. Como señala el titulo de su conferencia, la intención básica de Berlin era distinguir entre la “libertad negativa” y la “libertad positiva” y luego defender la primera como el único concepto de la libertad que podía ponerse en práctica en el “mundo real” de intereses inevitablemente contradictorios, diversos conceptos del bien, y proyectos humanos competitivos.

Para Berlin, la “libertad negativa” era: libertad de interferencia en asuntos personales, que implica la limitación del poder del estado dentro de un fuerte marco legal. El propósito esencial de la comunidad política liberal es crear las circunstancias públicas en las que se deja solos a los hombres paraque hagan lo que quieran, siempre que sus acciones no interfieran con la libertad de los demás”.

Esta noción de libertad implica serios problemas a la hora de vivir en sociedad con otros hombres. Ante la imposibilidad de que los propósitos y actividades de los hombres armonicen entre sí, es necesario establecer una serie de normas comunes que limiten la libertad del hombre sin llegar al grado de impedirle todo, ya que se corre el riesgo de inhibir su desarrollo. El problema era determinar entre los aspectos que deberían ser regulados y los que no; trazar una frontera entre el ámbito de la vida privada y el de la autoridad pública.

Berlin señala tres elementos característicos de este tipo de libertad:
1. No está disociada con la imposición de dogmas o de una disciplina férrea .Ambos elementos, libertad y autoritarismo, pueden coexistir.
2. La idea es manejada sólo a partir del Renacimiento; civilizaciones antiguas desconocen este concepto.
3. La libertad negativa puede coexistir con la autocracia y no implica necesariamente la existencia de regímenes democráticos o de autogobierno.

La “libertad positiva” por otra parte, era: libertad para poner en práctica algún bien mayor en la historia. En el centro de los proyectos fascista y comunista, advertía Berlin, había una determinación de usar el poder político para liberar a los seres humanos, les gustara o no, con el objetivo de realizar algún fin histórico superior. Esa determinación, decía Berlin, inevitablemente conducía a la represión.

La libertad positiva deriva del deseo del individuo para ser su propio amo, que implica la capacidad de cada uno para determinar el curso de su vida y de sus actos de manera autónoma.
La acción del hombre no debe determinarse por las bajas pasiones de cada individuo, pasiones que lo esclavizan y limitan su libertad. Por el contrario, los actos humanos deben determinarse a partir de la razón, de la naturaleza superior que hay en cada hombre. Se anteponen dos yo, uno racional y otro pasional, para ser verdaderamente libres debemos guiarnos por la razón.

Esta idea, advierte Berlin, es sumamente peligrosa sirve de fundamento para la imposición de unos, reconocidos o auto nombrados como racionales, sobre la masa amorfa que se deja guiar por sus pasiones; se les imponen en aras de que hagan lo mejor posible para ellos mismos: "si ese es mi bien no estaré siendo forzado, por que lo he deseado, sépalo o no, y soy libre aunque mi pobre cuerpo mortal y mi mente estúpida lo rechazan airadamente, y aunque luche con la mayor desesperación contra quienes, a pesar de todo, trabajan benignamente de imponerlo".

Isaiah Berlin no era un libertario . Más bien, era un hombre que había trabajado antes en la intersección de las ideas y el poder durante su servicio en la embajada británica en Washington durante la Segunda Guerra Mundial Era un exponente ruso-anglo del liberalismo americano del New Deal (ver aclaración del término “liberalismo” en www.neoliberalismo.com): un liberal que creía que el gobierno tenía la obligación de asegurar las condiciones económicas, sociales y educativas que permitan a las personas el verdadero ejercicio de su libertad. Berlin, sin embargo, rompió con la izquierda social-demócrata al insistir en que la libertad, la igualdad y la justicia estaban, están y estarán siempre en tensión mutua.

Berlin nunca estuvo dispuesto (o quizás nunca pudo) precisar las tensiones o definir las fronteras entre la libertad y la justicia. Con todo, su insistencia en que la política no es terapia, su resuelta rechazo a negar la realidad de los conflictos entre los distintos bienes sociales, y su insistencia en que la política utópica inevitablemente se convierte en política coercitiva (y, en el mundo moderno, en política coercitiva extraordinariamente brutal) fueron todas ideas importantes a defender en Europa y en Estados Unidos contra los utopistas coercitivos del siglo XX. En ese sentido específico, Berlin fue un campeón del pluralismo en una época en que demasiados teóricos políticos habían echado su suerte con monismos de un tipo o de otro, monismos también conocidos como totalitarismos del tipo más letal. Berlin sugería que un robusto pluralismo era tanto una expresión de la libertad correctamente vivida como la garantía más segura de la libertad política.



Isaiah Berlin, por consiguiente, merece considerable crédito por identificar la perversión de la libertad que se encontraba en la raíz del proyecto totalitario, y por defender un concepto de libertad como no interferencia que, al establecer límites legales al poder coercitivo del estado, tiene profundas resonancias en la tradición política americana. Y, sin embargo, 44 años después de “Dos Conceptos de la Libertad”, uno tiene que preguntarse si el análisis de Berlin sobre el problema de la libertad es verdaderamente adecuado.

En una reflexiva evaluación de los logros de Berlin (“Una disensión sobre Berlin”, Commentary, febrero 1999), Norman Podhoretz ha planteado que, pese a sus importantes contribuciones, el ensayo de Berlin es, en el fondo, intelectualmente insatisfactorio: no propone una defensa de principios del pluralismo sino sólo una defensa pragmática. Y no confronta satisfactoriamente un problema que nota pero que nunca aborda seriamente: el problema del relativismo moral. Porque aunque Berlin reconoció correctamente, en las palabras de Podhoretz, “la flojera que puede desarrollarse a partir del rechazo de cualquier absoluto y la correspondiente incapacidad para desarrollar convicciones firmes”, su escepticismo liberal sobre la posibilidad de tener “convicciones firmes” filosóficamente defendibles no podía proporcionar ningún antídoto a esa “flojera”.



Louis-Joseph Lebret
Louis-Joseph Lebret (1897 - 1966) fue un Dominicano francés, creó en 1942 el instituto de Economía y humanismo, el IRFED en París, como centro de investigación y de acción en la economía y de un gran número de asociaciones para el desarrollo económico y social a través de todo el mundo. Fue uno de los que introdujo la preocupación por el desarrollo global dentro de la iglesia católica, un desarrollo de la persona y de los grupos sociales. Hizo tomar conciencia a la Iglesia y al mundo occidental de los retos del subdesarrollo y de la necesaria solidaridad con los países pobres. Participó en la redacción de los documentos conciliares (Gaudium y Spes) y fue el inspirador de la encíclica Populorum Progressio. Colaboró en particular con Henri Desroche, François Perroux, Roland Colin y Vicente Cosmao.

Sacerdote Dominicano
Louis-Joseph Lebret nació en Bretaña, en Minihic, no lejos de Saint-Malo el 26 de junio de 1897 en una familia de fuerte tradición marítima. Ingresa a la universidad Naval, pero deja sus estudios para tomar parte en la Primera Guerra Mundial en los escuadrones de la zona del Líbano. Su vocación religiosa continúa, y en 1923 deja la armada y se convierte en Dominicano.

Se interesa especialmente en los pescadores bretones. Toma conciencia de sus condiciones.
Su sensibilidad por la situación de los marineros lo lleva a organizar un movimiento de acción social y sindical de gran escala en relación con el mundo de los pescadores y marineros en todas las costas francesas. Este enfoque se basa en encuestas que buscan conocer de cerca la situación de estos pescadores y de expresar sus problemas, y sus necesidades, con el fin de buscar las soluciones de ellos. Se inaugura de este modo el camino de las " investigaciones-participación" (basado en el método de la Investigación-Acción).

Economía humana
En 1941, crea, en la región de León, el instituto de Economía y humanismo, cuyo objetivo es estudiar las realidades sociales y humanas en su complejidad y globalidad, propone "poner la economía al servicio del hombre". L. J. Lebret también es el pionero del diseño y de la práctica de la planificación urbana y rural, en compañía de François Perroux. Ambos dieron origen al concepto "de economía humana" con el objetivo de promover "el desarrollo de todas las personas y todos los hombres".

A partir de 1947, es invitado al Brasil y participa en proyectos de importancia. Allí es reconocido por las Naciones Unidas como experto en relación con la desigualdad de los niveles de vida en el mundo.

Esta vocación internacional lo llevo a fundar en marzo de 1958, el IRFED (Instituto Internacional de la investigación y la formación de la educación y el desarrollo), con el fin de promover los métodos de un desarrollo global armonizado ", de “auto propulsión", y de incentivar la “economía humana” de la democracia económica, para el desarrollo de la población. IRFED es también una herramienta de formación para los actores del desarrollo, comprendida en el camino de la Investigación-Acción.

En 1955, L. J. Lebret crea con el Abbé Pierre, el Instituto de investigación de acción sobre la miseria del mundo, que se convertirá en el Instituto de investigación y de las aplicaciones de los métodos de desarrollo (IRAM).

Investigación-acción Internacional

Al tiempo que sigue, con su equipo de miembros, su acción en el Brasil y en varios países de la América Latina (Chile, Colombia, Uruguay, Perú, Venezuela ...), es llamado, a partir de octubre de 1958, para el asesoramiento al jefe del primer gobierno senegalés, Mamadou Dia. Esta misión continuará durante los siguientes años. También proporciona consultas a otros países africanos.
Durante el mismo tiempo, se convierte en asesor de la Presidencia y el gobierno libanés, donde promueve una definición del desarrollo, respetando la diversidad cultural en un contexto de pluralidad religiosa.

En 1960, a petición del Presidente Fouad Chehab del Líbano, interviene, con un equipo del IRFED en un estudio socioeconómico en todo el país de 1960 a 1964.

Trabaja entre enero de 1959 y noviembre de 1960 en el sur de Vietnam. La revisión de los postulados del IRFED, en relación al Desarrollo y a la Civilización, contribuye a la capitalización de las ideas y sirve de Inspirador de la idea de desarrollo económico de la Iglesia Católica
Paralelamente a estas actividades, L. J. Lebret es llamado por el Papa Paul VI - como experto del Concilio Vaticano II. Será entonces el inspirador fundamental de la encíclica sobre el desarrollo de las personas ( "Populorum progressio", publicada en 1967). También ha de representar a la Santa Sede con la primera la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) que se celebró en Ginebra en 1965.
Fallece en París en 1966.
Ver también- Reseña de L.J. Lebret

Klaiber, Jeffrey. La Iglesia en el Perú .

En este contexto considero también importante el libro del Dr. J. Klaiber S.J. sobre la Iglesia en el Perú, porque permite conocer el pensamiento que posibilito la venida de esta misión al Perú. Lebret y otros pensadores con formación sociológica y económica ayudaron a los Demócrata cristianos a traducir los conceptos de las encíclicas papales a conceptos más concretos y prácticos para la realidad de América Latina.

 Dr. Jeffrey Klaiber S.J.

Esta obra ofrece la primera visión panorámica de la historia de la Iglesia Católica en el Perú desde la Independencia hasta nuestros días. Examina las causas de su debilitamiento, así como las causas de su despertar después del Concilio Vaticano II. Analiza su actuación política a lo largo de la vida republicana: frente a los liberales, al APRA y al régimen de Velasco. Profundiza las relaciones complejas entre la Iglesia y las clases populares desde los movimientos indígenas del siglo XIX hasta el surgimiento de los barrios populares en el siglo XX. También traza la evolución de la vida religiosa y puntualiza sus aportes a la cultura, la educación y la salud pública.

Finalmente revisa las distintas corrientes más importantes desde el Concilio: la Teología de la Liberación, la renovación laical y la emergencia de una «Iglesia popular».

1. El autor ha participado en la redacción de un volumen sobre la Iglesia en Perú, Ecuador y Bolivia publicado en la colección del CEHILA. El trabajo actual recopila antiguos trabajos que han sido reelaborados por Klaiber. Una buena parte de su investigación se ha desarrollado gracias a un Price-Walsh Fellowship de los Padres de Maryknoll (Chicago). Esta congregación posee una línea editorial a través de la editora Orbis Book, cuyos autores principales son representantes de la llamada Teología de la Liberación (Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, etc.).

2. En la actualidad (1995) es el único libro moderno sobre la historia de la Iglesia en el Perú.

Los textos clásicos, como por ejemplo el de Vargas Ugarte, sólo describen aspectos parciales de la Iglesia peruana en la época contemporánea. Por esta razón se presenta como punto de referencia para los historiadores en este campo.

Al inicio del libro se presentan las premisas que Klaiber maneja a lo largo de su obra: "Pretendemos que ésta sea una historia «social», es decir, una visión del pasado que subraya la relación dinámica entre la Iglesia y la sociedad. Aunque éste es un estudio de la Iglesia más «oficial» que incluye a la jerarquía, al clero, a las religiosas y a los laicos más directamente vinculados a la institución, de hecho hemos dado especial importancia a las distintas maneras en que la Iglesia oficial se ha relacionado con la Iglesia menos oficial, es decir, la iglesia de las clases populares" (p. 10).

3. Es importante saber distinguir cuándo el autor cita un documento del episcopado peruano en su conjunto y cuándo corresponde a un comunicado de una comisión parcial de la Conferencia Episcopal, o a un documento de un Obispo en particular. El autor distingue pocas veces estos matices y en algunas oportunidades valora del mismo modo, por ejemplo, un escrito publicado por un grupo de sacerdotes y un documento de la Conferencia Episcopal.
Al analizar algunos hechos históricos -como la Revolución peruana, la intervención de distintas órdenes religiosas y otras instituciones en la historia de la Iglesia en el Perú- el autor da opiniones personales muy discutibles.
El libro hace una lectura de la historia de la Iglesia en el Perú que tiene graves inconvenientes y aconseja que su uso se reserve para especialistas en la materia.

Son también importantes los siguientes informes:
El Reconocimiento de la libertad religiosa en el Derecho Peruano: liberales, evangélicos y católicos: Jeffrey Klaiber
http://www.irla.org/documents/espanol/klaiber.html

La iglesia en el Perú

La historiografía sobre la Iglesia contemporánea en el Perú
Titulo: Iglesia, dictaduras y democracia en América Latina
Autor:    Jeffrey L. Klaiber
Editor:    Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 1997
Procedencia del original:    la Universidad de Michigan
Digitalizado:    10 Jul 2009
N.º de páginas:    502 páginas
 KLAIBER, JEFFREY
1988 “Ética, abusos de poder y corrupción en el Perú: una perspectiva histórica”, en Varios autores, Violencia y crisis de valores en el Perú, PUC y Fundación Tinker, Lima.



Entrevista de la PUCP al Dr. Jefrey Klaiber.S.J.
El profesor Klaiber analiza la elección de la ciudad de Río de Janeiro como sede de los Juegos Olímpicos del 2016.

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